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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Carnaval

Bad Bunny.

Juan José Fernández Palomo

22 de febrero de 2026 08:00 h

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Creí que el disfraz era autoimpuesto, que era un chiste propio, que era un juego en el que uno o una decide y se la juega.

La persona que se revela. Se desvela, se quita el velo. Es decir, que hace de lo que no es lo que verdaderamente es. O no. O sí. De ahí el disfraz y la máscara. “¿A que no me conoces?”, decían las personas embozadas en el Carnaval del pueblo mientras te pegaban con una cachiporra de cartón y salían corriendo calle abajo (Un carnaval sencillo, esencial diría yo, sin plumas ni tacones ni apenas maquillaje).

Pero estas cosas han transmutado, como tantas otras, y en estos días estamos asistiendo a un nuevo fenómeno: que los otros te impongan el disfraz a ti y que tú, en este delirio, seas devorado por el disfraz, no puedas quitártelo, se te adhiera a la piel y al cerebro y a tus actitudes y no sepas como salir de ahí.

Por ejemplo: a un cantante americano de todas las Américas posibles que se llama Bad Bunny y también se llama Benito (que es un nombre entrañable, como de tío abuelo o algo así familiar) le han puesto en estos días el disfraz de Ché Guevara panamericano recorriendo el césped de la Final del Súper Tazón como si fuera el doctor Ernesto Guevara con su motocicleta La Poderosa atacando caminos del Amazonas.

Cómo estará de escaso el cajón de los referentes para que el ultramillonario cantante Benito Bad Bunny, con su sutil lírica y sus coreografías hipersexualizadas y sus bailarinas cosificadas, sea el adalid de la lucha hispana y su diversidad frente al Norte “chingón” del emperador Trump.

Por no hablar del otro gran disfraz del momento: el de Martin Luther King, otro adalid, en este caso de los Derechos Sociales y la lucha contra el racismo, con el que han vestido a un futbolista millonario de élite, Vinicius Jr., pobre mártir al que quieren proteger (como si ya, por su posición, contrato y calidad no lo estuviera) desde el periodismo deportivo bien queda y por, ni más ni menos, que la UEFA, ese lobby que trinca sin ruborizarse de los petrodólares que exudan estados tan permisivos en materia social e igualitaria como Emiratos Árabes, Qatar y similares.

Un disfraz precioso. Un “tipo” para que te premien en el Falla.

O sea, que da igual si se quema el Rey Momo o si enterramos a la sardina.

Vivimos en un neverendin carnival, mi amol.

Ya tú sabe. Uh.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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