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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Ursula

Ursula Von der Leyen.jpg

Juan José Fernández Palomo

14 de marzo de 2026 20:04 h

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En Bruselas debe de llover distinto. No porque el agua sea otra —al fin y al cabo el cielo europeo es el mismo para todos—, sino porque allí las gotas caen sobre edificios de cristal donde se toman decisiones que después nos llegan en forma de normas, fondos, reglamentos y comparecencias. Y al frente de ese pequeño Olimpo administrativo está Ursula von der Leyen, que preside la Comisión Europea con la misma serenidad con la que una directora de colegio anuncia que hay examen sorpresa.

Uno se imagina la escena: carpetas azules, banderas alineadas y un ejército de asesores intentando que veintisiete países se pongan de acuerdo en algo. Lo cual, si se piensa bien, es una tarea casi milagrosa. Porque convencer a veintisiete gobiernos de que todos remen en la misma dirección es como organizar una cena familiar en Navidad: siempre hay alguien que quiere cambiar el menú.

Desde aquí, desde el sur donde el café tarda más en enfriarse y las conversaciones duran el doble, Bruselas se percibe como un lugar abstracto, una especie de oficina gigante donde se decide si las tapas deben llevar etiqueta ecológica o si los coches deben respirar menos. Pero luego llega una rueda de prensa de Von der Leyen y nos recuerda que Europa es eso: un proyecto que se sostiene con discursos, acuerdos y la paciencia de quien sabe que cada decisión necesita veintisiete traducciones.

La presidenta habla de transición energética, de competitividad y de seguridad con esa calma germánica que parece diseñada para tranquilizar mercados y ministros. Mientras tanto, el ciudadano medio intenta descifrar qué significa exactamente todo eso cuando llega la factura de la luz o cuando el coche viejo empieza a mirar con miedo las nuevas normativas.

No es fácil gobernar Europa. Tampoco lo sería dirigir una comunidad de vecinos con tantos idiomas, tantas historias y tantas manías nacionales. Pero ahí sigue Ursula, entre pasillos largos y micrófonos atentos, recordándonos que la política europea es una mezcla extraña de burocracia, ambición y paciencia infinita.

Y quizá esa sea la verdadera especialidad de Bruselas: convertir el caos de un continente en un documento de cien páginas, aprobado por mayoría cualificada, firmado con tinta azul y presentado en rueda de prensa con una sonrisa diplomática.

Porque Europa, al final, funciona así: lentamente, entre reuniones interminables… y con alguien, en algún despacho, intentando que todo parezca perfectamente planificado.

Incluso la lluvia.

(¿Y si yo no hubiese escrito esto?)

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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