Andaluz por el mundo
22-8-77
“En Quom, por ser ciudad santa en Irán, no hay ni cerveza ni bebidas alcohólicas.
Las mujeres tapadas desde la cabeza a los pies con un manto negro.
Visitamos la Mezquita lujosamente adornada e iluminada. En el patio central hacen noche sobre una manta en el suelo los nativos de esta ciudad. Calculamos que la temperatura sería de unos 45º. Los transformadores de esta subestación aún estaban sobre sus camas de madera a escasos metros de la vía del tren de transporte. De todas formas, estos transformadores no se pondrían en servicio hasta dentro de un año…“
Este es un extracto del diario que el “Sr. Fernández”, un perito industrial electricista, natural de Villanueva de Córdoba, escribió en Irán, cuando estuvo allí enviado por su empresa, junto a cuatro compañeros, para recibir, montar y “poner en servicio” unos transformadores de alta capacidad en una gran subestación eléctrica situada en el desierto persa.
Transformadores que había comprado y que importaba el régimen del Sah Reza Pahlavi posiblemente pagados, si los pagó, con petrodólares o gracias al tráfico de armas.
Fernández era mi padre y luego me contó, yo era muy chico, que allí en Irán estalló justo después una revolución liderada por un cura con barba, o algo así (me lo señalaba cuando salía en la tele) y que aquellos transformadores cree que se quedaron al lado de una vía muerta en pleno desierto, que no comenzaron a funcionar jamás y que se cubrieron de óxido; pero no lo tenía claro. Lo que es seguro es que mi padre no volvió jamás a Irán.
Bartolomé Fernández era un técnico empleado de la empresa Westinghouse, con sede en Córdoba, Andalucía, dedicada a la fabricación de componentes eléctricos, entre ellos grandes transformadores.
Esta es una historia real de cuando aquí había cierto tejido industrial que exportaba tecnología para el progreso de los pueblos (quiero pensar).
En breve, en esta tierra, lo que habrá será una nueva “prometedora” industria, una base logística del ejército en la que trabajarán otros Señoresfernández con gafas que se dedicarán a ajustar el software de un misil balístico de largo alcance y cosas así de necesarias.
En fin.
Por cierto; mi padre me contó también que uno de sus compañeros de equipo le dijo al salir de visitar la mezquita central de Isfahan: “hay que ver, Fernández, cómo se parece esto a la Catedral de Córdoba”.
No se puede ser más sincrético.
Sobre este blog
Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.
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