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Sobre este blog

Padre imperfecto, primo hermano de Orlando, feminista en construcción, jurista nómada, cinéfilo “aguafiestas”, además de egabrense y catedrático de la UCO. Llevo años estudiando desde el punto de vista jurídico, pero no solo, los problemas y los dilemas de la igualdad. He publicado libros como El hombre que no deberíamos ser, Autorretrato de un macho disidente o John Wayne que estás en los cielos. Empeñado en mirar con lentes feministas, a lo Siri Hustvedt, la realidad y su reflejo en las pantallas, me quedé tocado cuando vi Thelma y Louise en el Cine Isabel la Católica.

Todavía hoy, mientras releo a Virginia Woolf, sueño con escribir un final distinto para la historia. Mientras llega ese happy end, no dejo de ver películas en las que busco las respuestas que no me ofrecen ni el Derecho ni Boyero. Imaginando un mundo con menos palomitas y más conversación.

'Father mother sister brother': perfectos desconocidos

Octavio Salazar

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Sobre este blog

Padre imperfecto, primo hermano de Orlando, feminista en construcción, jurista nómada, cinéfilo “aguafiestas”, además de egabrense y catedrático de la UCO. Llevo años estudiando desde el punto de vista jurídico, pero no solo, los problemas y los dilemas de la igualdad. He publicado libros como El hombre que no deberíamos ser, Autorretrato de un macho disidente o John Wayne que estás en los cielos. Empeñado en mirar con lentes feministas, a lo Siri Hustvedt, la realidad y su reflejo en las pantallas, me quedé tocado cuando vi Thelma y Louise en el Cine Isabel la Católica.

Todavía hoy, mientras releo a Virginia Woolf, sueño con escribir un final distinto para la historia. Mientras llega ese happy end, no dejo de ver películas en las que busco las respuestas que no me ofrecen ni el Derecho ni Boyero. Imaginando un mundo con menos palomitas y más conversación.

“Los padres abandonan a los hijos. Los hijos abandonan a los padres. Los padres protegen o desprotegen pero siempre desprotegen. Los hijos se quedan o se van pero siempre se van”

Alejandro Zambra

He terminado mi año cinematográfico solo en la sala de un multicines, a las cuatro y media de la tarde, refugiado del frío y del ruido, como si hubiera llegado a ella escapando de las luces y los villancicos que sonaban afuera, en un centro comercial que bien podría ser un “no lugar”. Dos soledades distintas. Refugiado en ese hogar, la última película de Jim Jarmusch, aparentemente sencilla, equívocamente amable, me ha traspasado, como lo hacen las buenas historias, es decir, llevándome por emociones dispares y por territorios que bien podrían ser un espejo.

En la antítesis de las películas navideñas que se repiten estos días en las televisiones, Father mother sister brother nos habla de la extrañeza que habita en las familias a través de tres episodios que nos muestran las relaciones de unos hijos ya adultos con sus padres. Con unos diálogos precisos e inteligentes, y con muchos silencios, además de con la ayuda de los colores y de la música, Jarmusch nos permite reconocer a cada una de sus criaturas, de tal manera que es posible imaginar el pasado compartido y las condiciones de su presente de todas ellas. Las tres historias, que podrían ser cada una de ellas una película independiente y que sin embargo tienen una conexión íntima y poética, nos cuentan una realidad sobre la que no solemos pararnos a pensar: lo desconocidos que suelen ser nuestros progenitores, los singulares equilibrios que en las familias se mantienen entre los afectos obligados y las distancias irremediables, el inevitable peso que también suponen con frecuencia los vínculos no elegidos. Y claro, también, la tensión que a veces implican los lazos familiares cuando los hijos y las hijas se van e inician un recorrido frente al que los padres no nos queda más salida que dejarlos ir.