Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Sobre este blog

Padre imperfecto, primo hermano de Orlando, feminista en construcción, jurista nómada, cinéfilo “aguafiestas”, además de egabrense y catedrático de la UCO. Llevo años estudiando desde el punto de vista jurídico, pero no solo, los problemas y los dilemas de la igualdad. He publicado libros como El hombre que no deberíamos ser, Autorretrato de un macho disidente o John Wayne que estás en los cielos. Empeñado en mirar con lentes feministas, a lo Siri Hustvedt, la realidad y su reflejo en las pantallas, me quedé tocado cuando vi Thelma y Louise en el Cine Isabel la Católica.

Todavía hoy, mientras releo a Virginia Woolf, sueño con escribir un final distinto para la historia. Mientras llega ese happy end, no dejo de ver películas en las que busco las respuestas que no me ofrecen ni el Derecho ni Boyero. Imaginando un mundo con menos palomitas y más conversación.

'Amarga Navidad': el genio doliente y sus dolorosas ficticias

Octavio Salazar

0

Sobre este blog

Padre imperfecto, primo hermano de Orlando, feminista en construcción, jurista nómada, cinéfilo “aguafiestas”, además de egabrense y catedrático de la UCO. Llevo años estudiando desde el punto de vista jurídico, pero no solo, los problemas y los dilemas de la igualdad. He publicado libros como El hombre que no deberíamos ser, Autorretrato de un macho disidente o John Wayne que estás en los cielos. Empeñado en mirar con lentes feministas, a lo Siri Hustvedt, la realidad y su reflejo en las pantallas, me quedé tocado cuando vi Thelma y Louise en el Cine Isabel la Católica.

Todavía hoy, mientras releo a Virginia Woolf, sueño con escribir un final distinto para la historia. Mientras llega ese happy end, no dejo de ver películas en las que busco las respuestas que no me ofrecen ni el Derecho ni Boyero. Imaginando un mundo con menos palomitas y más conversación.

En una jugosa conversación con la cineasta Pilar Monsell que tuvo lugar el pasado sábado en el patio del cordobés Luciana Centeno, la escritora Belén Gopegui apuntó que todo creador debería tener dos cualidades. La primera de ellas sería la firmeza para mantener su visión del mundo y también, al mismo tiempo, para resistir y asumir las miradas contrarias. La segunda sería su capacidad y habilidad para estar inserto en una comunidad.

Pensé mucho en las palabras de Gopegui cuando esa misma tarde salí de ver la Amarga Navidad de Pedro Almodóvar. Dudé con respecto a la primera de las exigencias, porque el manchego, si bien tiene potencia más que suficiente para mantener su universo, no sé si asume con inteligencia que haya quien no lo considere un dios. Con respecto a la segunda, y mucho más tras ver su último largometraje, no tengo ninguna duda. El director de Volver hace tiempo que perdió la conexión con la realidad, hasta el punto de que parece estar atrapado en un ensimismamiento que, si bien, por una parte (re)produce sus signos más identificables -y muchos de ellos artísticamente valiosos-, por otra le lleva a construir artefactos en los que es complicado encontrar la vida. Unos relatos sobre los que, además, los analistas cómplices elevan a la potencia enrevesada de juegos creativos no al alcance de cualquiera y que, a su manera, contribuyen a engordar la madeja del ego que mira el mundo desde su lugar privilegiado y hasta con un cierto punto elitista.

No cabe duda de que lo más valioso de esta última película, que a diferencia de Torrente, con la que compite en las taquillas, y como es habitual en la casa, ha sido objeto de una promoción exhaustiva y creadora de unas altísimas expectativas, es su carácter confesional. En esta prima hermana de la estimable Dolor y gloria, Almodóvar continúa con su proceso de desnudamiento y de asunción de culpas, todo ello entreverado por sus duelos sin terminar y por ese ensimismamiento de un creador que hace ya tiempo que dejó de mirar la realidad para inspirarse y decidió mirarse solo a sí mismo.