Palabrita que es el último

 

"Debemos creer que éste es el último número"

(Gabriel Núñez. Hombre Boronía)

Después de Curro Romero, ha debido de ser el editor que más veces ha anunciado su retirada. Observen su propio titular y verán ese tono de descreimiento desde la primera letra. Como si él mismo no fuera el sujeto del predicado. Como si se tratara de un individuo que pasaba por allí y, de pronto, caramba, advirtiera que el señor que lleva casi 30 años reeditando la revista Boronía es un sujeto ajeno a él. Y, oiga, hasta podría ser. Con tipos como éste nunca se sabe.

El caso es que ha vuelto a publicar una nueva entrega de la revista Boronía, seguramente la última, o quizás no, averigüe usted. Diga lo que diga al respecto goza de absoluto descrédito porque ni él mismo tiene la menor idea de lo que Gabriel Núñez, o El Hombre Tranquilo, o Boronía Erre que Erre, que parecen ser la misma persona, van a hacer en los próximos cinco minutos. En cualquier caso, ése es un asunto irrelevante.

Llegados a este punto, hasta podría ser verosímil que esta retirada perpetua de los ruedos sea una estratagema comercial de cojones. Que no sea consecuencia del aparente caos que anima su vida sino de un calculado plan para mantenernos en continuo estado de ansiedad. Y eso es inteligencia, señores. Y no los decretos precipitados de Susana Díaz.

Bueno, pues eso: este joven que no se puede estar quieto ni un momento acaba de bajarse del AVE con el penúltimo número de la revista Boronía (eso dice) y un título que no sabemos por donde cogerlo. Te lo juro por la crisis. Ahora precisamente que las magnitudes macroeconómicas empiezan a remontar y un barco llamado España va viento en popa. Con dos bemoles. Si no fuera porque pare productos de primera calidad y entre sus colaboradores figura gente acojonante, si no fuera por eso, insistimos, lo meteríamos en el primer mercancías que pasa por Cercadillas.

En lo que a mí respecta, sólo puedo decir que gracias a él tengo un disco en casa de Luis Felipe Barrio que he escuchado trescientas o cuatrocientas veces. Y sí, vale, tipos como éste, que están dispuestos a arruinar su vida publicando excelentes revistas en papel y removiendo el cotarro, son absolutamente necesarios.

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12 de abril de 2014 - 02:38 h
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