Testamento

Quizás cuando usted esté leyendo esto, yo haya perecido en una cola de adolescentes que esperan nerviosas la llegada de sus ídolos a la firma de discos programada para esta mañana.

Es posible que cuando usted cliquee en el enlace de este post, yo haya perdido el tímpano derecho por los gritos de miles de treceañeras en un conocido centro comercial de la ciudad.

Existe una alta probabilidad de que a la misma hora en que usted se disponga a valorar este post, su autora, o sea yo, haya perdido alguna falange tras recibir mil y un pisotones.

Por eso he preferido dejar escrito este testamento vital. Sí, precisamente hoy, que me he desayunado mis propias palabras y he accedido a acompañar a mi hija a una firma de discos de dos imberbes a los que considero unos malos músicos engreídos.

Si no vuelvo de ese terrible mundo de histeria colectiva del que abomino desde que mi hija entró en la preadolescencia, le dejo, querido lector:

  • mi colección de superpop
  • todos mis discos de Hombres G
  • todas mis cintas TDK con grabaciones pirata de Mecano.
  • Cada una de las carpetas forradas con la cara de Tom Cruise y Ralph Machio.

Y sólo a mis fieles seguidores, les dono las doscientas pesetas que guardé después de esperar sin éxito cinco horas en una cola para comprar la entrada de la película "Sufre Mamón" - un clásico de la historia del cine- en la que un coche que circulaba por la calle que habíamos abarrotado sin permiso me destrozó el pie derecho. Una auténtica prenda de amor que aquellos cuatro imberbes jamás me agradecieron.

Y ahora, que cunda el pánico

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16 de enero de 2016 - 11:16 h