Ramón Román: "Los nuevos bárbaros nos dedicamos a las Humanidades"

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"La barbarie se extiende en nuestro siglo y el pensamiento parece que se silencia". La primera frase del contundente y sustancial ensayo La terapia de lo inútil (El árbol del silencio, 2014), del profesor de la UCO Ramón Román, apunta al desastre. Sin embargo, al cerrar el libro el lector acaba con la sensación de que la nueva filosofía ha de seguir proponiendo retos, tras el apocalipsis, a una nueva cultura hechizada por la tecnología, la imagen y el entretenimiento.

Con el libro al lado de la grabadora charlamos con su autor en la privilegiada terraza de su despacho en la facultad de Filosofía y Letras. Allí, con vistas a la Judería, el profesor Román da clases a sus 9 ó 10 alumnos de Hermenéutica de la obra de arte "cuando hace buen tiempo", donde los anima a ser creativos, artistas y a trabajar sin preocuparse por las notas. Román, también director de la Cátedra de Participación Ciudadana de la UCO, busca la Filosofía en esta época rupturista sin asustarse de la "anorexia reflexiva" que impera en nuestra sociedad ni de que estemos asistiendo a la muerte de la Filosofía tal y como la conocíamos.

El profesor que sueña con una actitud escéptica con la que tomarse la vida -de hecho se ha dedicado a estudiar al escéptico Pirrón de Elis y su influencia en el mundo grecorromano- charla con Cordópolis sobre filosofía, ideología, ética, masa, cultura y, como no, de Córdoba en una azotea al atardecer. Mientras, la vida sucede abajo, en las callejuelas, y arriba, en el cielo, con miles de vencejos, petirrojos o colirrojos en su vuelo vespertino hacia el río. La banda sonora la ponen alguna de las cercanas campanas y la luz, amarillento-anaranjada, es la de una tarde de final de noviembre.

PREGUNTA. Resulta extraño hacer preguntas a alguien que constantemente se las hace ¿cree que tiene respuestas?

RESPUESTA. A veces esto lo verbalizo. Creo que tenemos una deformación profesional los que nos dedicamos a la filosofía y siempre estamos haciéndonos preguntas. En mi caso particular yo estoy en crisis constante, porque las respuestas, aunque nadie pueda vivir sin ellas, ni son claras, ni son precisas, ni me sirven para mucho tiempo, entonces en carne viva tengo que encontrar una respuesta, pero me sirve para poco rato. Y así vivo. Lo importante no es el punto de llegada sino el camino que andamos diariamente. Ese es mi trabajo.

P. ¿Cuándo comenzó el desastre?

R. Ha habido un corte. En el libro lo intuyo y cada vez estoy más seguro. Creo que ha habido una ruptura de la cadena. Normalmente la gente que nos dedicamos a las humanidades hemos observado siempre que los jóvenes se incorporaban a las cosas, se preguntaban las cosas de forma más espontánea, la gente más mayor les daba sus respuestas y había un bucle que no tenía fin. Y yo creo que desde hace unos 30 años, y las nuevas tecnologías han tenido mucho que ver en esto, la cadena se ha roto. La ruptura con la tradición, con el pasado, con lo que nos ha conformado como seres humanos. Y ahora ese nexo las nuevas generaciones lo tienen con la tecnología. Por eso es muy difícil que un chico de 19 años se identifique con Shakespeare, y este es uno de los casos más extraordinarios para identificarse, que no te he puesto el caso de Kant, que es mucho más difícil, entonces observamos últimamente en las reuniones de filósofos que la edad media es cada vez más alta y los jóvenes ya no están en esos foros, están en otros. Y ahora tenemos dos trabajos, uno reconocer esos foros, porque nuestro trabajo sin savia nueva no tiene sentido, y atraer a esos jóvenes a preguntarse por el ser humano, por la reflexión, por la actualidad política. Ese tipo de cosas que las hemos hecho siempre de una manera espontánea y ahora tenemos que hacerla de forma artificiosa porque la hemos perdido.

En mi caso particular yo estoy en crisis constante, porque las respuestas, aunque nadie pueda vivir sin ellas, ni son claras, ni son precisas, ni me sirven para mucho tiempo

P. Sin embargo, los nuevos aires políticos de este país están llenos de gente joven

R. Bueno, el caso que nombras es muy singular y ya veremos el recorrido que tiene. Eso es algo a favor de lo que te decía. Los jóvenes antes conectaban con partidos políticos, de hecho cada partido tenía su granero. Pero ha habido un momento en el que los jóvenes han desconectado de la política y ahora ha surgido una opción tan juvenil y aparecida con una rapidez inusitada, muy propia de estos tiempos, que ha conectado con la juventud y es el referente de una gran parte de los jóvenes. Y esa es otra de las razones por las que se ha roto la cadena porque ¿dónde se engarza este nuevo partido? Los partidos siempre han tenido una tradición y este, supuestamente, no la tiene, aunque en el fondo creo que sí la tiene.

P. ¿Sí, cuál?

R. Yo a muchos de este partido los conozco de antes porque, además, no son tan jóvenes. No voy a dar nombres, pero la cúpula dirigente tiene entre 35 y 50 años. Antes estaban enraizados en una tradición marxista muy potente que no era una marxismo debilitado, un euromarxismo o un eurocomunismo, sino un comunismo cuyas consecuencias han sido un fracaso sin paliativos. A pesar de eso, creo que ahora están en una situación de recrearse a sí mismos diciendo que no son ni de izquierdas ni de derechas, nuestro programa está por hacer, ya veremos hacia dónde vamos... Yo creo que ese es un discurso muy estratégico y diferente del que tenían hace seis o siete meses. Estoy siendo muy neutral y te puedo dar nombres. Podemos no será tan conocido en Córdoba, pero los que estamos más ligados a Madrid, a la Complutense como universidad y a las facultades de Sociología y Filosofía, sabemos desde hace mucho tiempo la trayectoria de ese grupo que ha fundado el partido. Es un grupo que ha tenido unas actuaciones determinadas desde hace quince o veinte años y ahora el problema va a ser borrarlas. Si ellos quieren ser una opción de gobierno, tienen que hablarle a muchos segmentos de la población, al joven de 16 años que está sin trabajo, al de 19 que ve su futuro negro porque está en la universidad y no sabe cuándo tendrá trabajo, pero también al hombre de 56 que se levanta a las ocho menos cuarto, que tiene que llevar a los niños a la guardería, ir a trabajar... tiene que ampliar el segmento y ahí un discurso plano, utópico, bondadoso y etópico no sirve.

Podemos no será tan conocido en Córdoba, pero los que estamos más ligados a la Complutense como universidad sabemos desde hace mucho tiempo la trayectoria de ese grupo que ha fundado el partido

P. ¿Cuál es para usted la explicación de su éxito hasta ahora?

R. Ha tenido éxito en las europeas y veremos qué éxito tiene a partir de ahora. La verdad es que ha sido explosivo el éxito y yo creo que está fundado en un cambio y descontento generalizado con los partidos estructurales que no han sabido, ni por la derecha ni por la izquierda, darles respuestas a la ciudadanía. Tenían que haber escuchado a la gente y además hay una crisis económica muy potente que ha dejado a mucha gente en los márgenes, sin esperanza. Y lo partidos políticos están tan ensimismados y tan seguros de sí mismos que se han olvidado de que a la gente hay que darle esperanza y ha llegado un partido que sí se la ha dado y que le puede hacer mucho daño a los partidos establecidos. Hay que recordar que ha habido momentos históricos, porque nuestra democracia es muy joven y los procesos reflexivos tienen muy pocos años, y aquí en Córdoba partidos muy ligados a grupos terroristas vascos conseguían 300 y 400 votos, y aquello era inexplicable. Gente de Córdoba votando a aquellos partidos, como Herri Batasuna, qué sentido tiene, el sentido del descontento, de estar enfadado con el gobierno y de votar a quien hace más daño. El momento actual también tiene algo muy positivo y es esa esperanza que se ha generado, porque las protestas sociales han mermado y todo se ha encauzado a través de ese partido. Lo importante en democracia es que cada voto tiene sentido.

P. ¿No existe el voto inútil?

R. Yo creo que no. Cada voto es útil pero hay que pensarlo porque pensamos muy poco nuestro voto y actuamos, a veces, con muchos prejuicios. Oímos demasiadas veces aquello de "yo a este no lo votaré en mi vida?", pero , ¿por qué? Que alguien descarte a partidos así no es una acción democrática. El demócrata debe estar atento a todo lo que se le está ofreciendo en política para encontrar a quien solucione los problemas de la manera más justa, igualitaria y libre posible. A mí de qué me sirve votar a un partido de derechas o de izquierdas si luego me priva de libertad, tiene políticas injustas y socialmente incoherentes, no me sirve de nada. Las etiquetas antes tenían sentido político pero ya cada vez menos.

Cada voto es útil pero hay que pensarlo porque pensamos muy poco nuestro voto y actuamos, a veces, con muchos prejuicios

P. Pensamos muy poco en nuestro voto ¿y en todo lo demás también?

R. Yo creo que en general es una característica de los tiempos porque tenemos muy poco tiempo para pensar. Yo cuento en mi libro que existió un filósofo que decía que el saludo entre los filósofos debía ser "párate a pensar". Pero ahora ocurre al contrario: te piden una respuesta y debes darla de inmediato, todo es muy activo, hay muchos inputs y muchos outputs, pero muy rápidos y eso pasa en todos los ámbitos, sociales y profesionales. A los profesores ya se nos dice que es mejor no dar clases magistrales, que se ha venido haciendo hasta hace poco tiempo y ahora eso ya no funciona, todo tiene que ser más rápido, los alumnos quieren participar, hay que ser creativos, tu labor ahora es de vida, de abrir horizontes, de señalarle una lectura, añadirle un detalle. Antes nos pagaban por lo que sabíamos y ahora nadie te va a pagar por lo que sabes, sino por lo que sabes hacer con lo que sabes. Tenemos que hacer cosas. Hemos caído en una sociedad instrumental de la que hasta ahora no hemos visto nada más que lo positivo,  pero que yo en mi libro indico que también tiene un carácter negativo. El de perder la acción y convertirnos en gente muy receptiva. El que mira a la pantalla plana, todo hoy día es una pantalla, ni siquiera mira al mando para cambiar de canal, ni siquiera piensa en el mando, porque si dejas de mirar la pantalla te encuentras con otra diferente.

P. ¿Quienes son los nuevos bárbaros?

R. Aun doliéndome mucho, creo que somos la gente que nos dedicamos a las Humanidades. Hay determinados personajes que aparecen mucho en televisión y que no se caracterizan por tener un pensamiento serio, sino que son muy frívolos y tienen trabajos poco recomendables, y la pregunta que uno se hace es ¿querrías que tu hijo saliese en televisión así? Los padres decimos que no, pero la sociedad valora mucho el dinero y esos hacen lo que se ha hecho siempre. Los bárbaros son los que teniendo el deber y la obligación de hacer otras cosas, han desistido. Así que están más cerca de esos comportamientos que de otros. Por ejemplo, nuestros alumnos que hablan de telebasura en la cafetería de la facultad.

Antes nos pagaban por lo que sabíamos y ahora nadie te va a pagar por lo que sabes, sino por lo que sabes hacer con lo que sabes

P. ¿Y los profesores no hablas de esas cosas?

R. Los profesores también. Hablo de los alumnos porque ellos se pueden salvar. Los que hemos cumplido los 40, ya no. Todo está en la educación. Cuando hablo de participación ciudadana la gente siempre pensaba, desde mi punto de vista, en sitios equivocados: Asociaciones de vecinos, movimientos sociales... Y yo les decía que estaban equivocados porque los que estaban participando ya estaban en esos lugares y ya tienen una concepción de la participación determinada. Los niños son a los que hay que enseñar a que tengan una respuesta democrática ante los problemas. La célula más básica de la democracia es una comunidad de vecinos y quien quiera saber qué es una democracia que vaya a una de esas reuniones. En ellas todos son iguales y se conocen desde hace tiempo y allí la democracia brilla por su ausencia, excepto en algunos casos. Así que en las escuelas es donde debe darse la participación ciudadana, que los niños aprendan a respetarse entre ellos, que sepan respetar el turno de palabra, que busquen el bien general, que no busquen el bien particular, que sean capaces de detectar sus propios intereses y los de los demás, que no sean engañados y que no los engañen... y eso o lo hacemos en las escuelas o estamos perdidos. Las demás asociaciones las forman personas adultas y a ellas no las puedes enseñar porque ya tienen una concepción de la democracia. Y yo creo que en España esta concepción es mala porque tenemos un pasado democrático muy débil y una democracia juvenil en la que hay muchos tics. Lo que está ocurriendo con la participación ciudadana en Córdoba es que en el momento que cambia el partido político en el gobierno de la ciudad se deshace lo que había hecho el anterior, lo que significa que no se fían entre ellos y que la participación ciudadana la están tomando como cantera política, y eso no es participar.

P. Como profesor que es ¿suspendería a la ciudadanía cordobesa en activismo social?

R. Yo creo que sí. La palabra activista es otra cosa, pero en participación ciudadana, claro que sí la suspendería.

Lo que está ocurriendo con la participación ciudadana en Córdoba es que en el momento que cambia el partido político en el gobierno de la ciudad se deshace lo que había hecho el anterior (...) y eso no es participar

P. Pero se supone que somos un referente en esa materia

R. Se supone, pero ha sido un referente en una única línea y ha creado sinergia en una sola dirección, y en cuanto ha cambiado la opción política, todo lo ganando en esa dirección se ha perdido. De hecho, en la cátedra llevamos tres años sin convenio (con la Diputación), porque para algunos gobiernos la participación ciudadana no es prioritaria. Si para uno lo es, pero la utiliza en una sola dirección, cada vez que gana el otro va a terminar con lo que ha hecho el primer partido político, y esto es un desbarajuste. El PP y los partidos de izquierdas han tenidos dos concepciones de la participación ciudadana diametralmente opuestas en Córdoba, por lo que ninguno ha creído en ella. La participación ciudadana es yo te pregunto, tú me respondes y yo te hago caso. No te hago caso cuando tu respuesta sea la que coincida con la mía. Al contrario, te tengo que hacer más caso cuando tu respuesta sea diferente a la mía, porque puedo estar equivocado.

P. Saltando a otro universo, ¿masa y cultura son conceptos incompatibles?

R. Bueno, yo creo que sí. La cultura es algo cualitativo y esa cualidad puede ser cuantitativa. Pero la masa siempre es cuantitativa y esa cuantitividad no puede ser cualitativa. Me explico, la idea de una buena democracia es que seamos todos educados como príncipes, porque si la idea es que seamos todos educados como esclavos, no tiene sentido. Entonces la sustitución de las élites ha llevado a que la mayor parte de la gente piense en una educación poco principesca. No hablo de príncipe en un sentido noble, sino elevado. Si yo hago un recuento de mi vida y cuento el número de cervezas que me he tomado, el número de tapas... todo en relación a algo cuantitativo ligado al ocio, al placer y a un hedonismo sin ton ni son, pues hay poca calidad en mi vida y eso lo tengo que compensar con conciertos, lectura, poesía, teatro... Cuando de pronto la política misma se da cuenta que lo que le interesa es la cantidad porque le interesa el número de votos, pues inmediatamente va priorizando aquellas opciones culturales donde la cantidad prima, y eso es muy peligroso. Porque si la política no protege la cualidad nadie la va a proteger, porque no se puede proteger por si misma, la cantidad sí. No tengo que incentivar que la gente vaya al fútbol ni a los peroles ni a las catas de vino, eso lo hacemos todos, por lo que tengo que incentivar otras actividades. Ahora lo que se incentiva son las ferias gastronómicas, las romerías, las procesiones... lo que quiere decir que nos estamos quedando sin la parte más débil pero más rica de la cultura y paulatinamente desaparecerá.

la idea de una buena democracia es que seamos todos educados como príncipes, porque si la idea es que seamos todos educados como esclavos, no tiene sentido

P. ¿Qué papel juegan o deberían jugar los medios de comunicación en todo esto?

R. Los medios también están metidos en un proceso complejo en estos últimos 30 años. Se suele hablar de una forma muy alegre de los medios de comunicación de masas y ahí lo metemos todo y los culpabilizamos de todo. Pero los medios han evolucionado mucho para algo bueno y para algo malo. Ahora se perderán todos los periódicos en papel porque ya nadie los lee, pues tendremos que dar un cambio para que esos lectores los recuperemos en el medio electrónico, tendremos que cambiar algunos modelos porque no es el mismo formato y esta diferencia modifica la percepción que tenemos de las cosas. Así que tiene que cambiar la forma de hacer periodismo. ¿Qué ocurre aquí? Pues que esa reflexión sobre lo cualitativo y lo cuantitativo también sirve en esto. Si nos centramos en la televisión, un medio muy potente, ya no es una televisión de masas, es un concepto que ya no se utiliza. Ahora las televisiones se especializan en un share. La Sexta tiene uno que es diferente del de Telecinco o del de la pública, que es la que más perdida está porque no encuentra su sitio. Entonces, cada una se dirige a un determinado público pero muy masivo, de millones de personas y ¿qué ocurre con aquellos medios que solo se dirigen a un público de 60.000? Que se tienen que proteger porque si desaparecen, perdemos calidad. Lo superficial siempre está ahí, porque informarte de un golpe lo hacemos todos, pero luego hay que sacar un tiempo de calidad para leer la noticia y poderla comparar con otras. Y eso lo tienen que dar estos medios alternativos y no masificados.

Si la política no protege la cualidad nadie la va a proteger, porque no se puede proteger por si misma, la cantidad sí

P. Por tanto, ¿masa e información tampoco sintonizan?

R. Esto nos lleva a un segundo problema. En los años 70 ya hubo sociólogos norteamericanos que hablaron de la rebelión de las élites. Esto significa que son las élites las que dan carta de naturaleza a lo popular. Freud, Canetti, Bergson o Nietzche son los primeros que empiezan a reflexionar sobre lo popular, la masa, sobre cómo funcionan los movimientos de masas, sobre los sentimientos oceánicos... ellos ponen en valor todo eso, pero llega un momento en el que la masa se hace autónoma y entonces empieza a escuchar menos a esas élites ¿Y que hacen esas élites? Como no me escuchan, me retiro. Y al retirarse su posición la ocupa gente que ya no tiene esos principios históricamente tan bien delineados. Los intelectuales se han retirado de la vida pública porque están muy expuestos y no es que se crean mejor que nadie, sino que ese es su trabajo. Quien se dedica al ámbito de la reflexión está más informado simplemente por el tiempo que le dedica, igual que un mecánico sabe más de coches que un médico. Lo normal es que si te dedicas a tu trabajo en cuerpo y alma estés mejor informado que quien se dedica a otra cosa.

P. ¿La objetividad es una ilusión?

R. Yo creo que es algo perdido. Se ha perdido en todo. Ha sufrido un gran ataque, una conquista yo creo. En los 60 se hablaba mucho de objetividad versus subjetividad porque proveníamos de épocas muy dogmáticas y muy objetivistas en donde la moralidad, el pensamiento y el propio gobierno estaba acostumbrado al orden de una manera muy piramidal. A partir de la II Guerra Mundial las objetividades empiezan a perderse, los grandes sistemas empiezan a caer porque no creemos en un sistema que pueda dar respuesta todo y empezamos a caer en un cierto relativismo, que, la verdad, puede tener múltiples caras, que todos podemos tener algo de razón , que tenemos que ponernos en el sitio del otro, incorporar otras perspectivas. La objetividad hoy día es muy difícil porque pertenecemos a una cultura, estamos dentro de una profesión, respondemos a criterios empresariales... y la resistencia a esa objetividad es múltiple. Es casi imposible ser objetivo.

Llega un momento en el que la masa se hace autónoma y entonces empieza a escuchar menos a esas élites ¿Y que hacen esas élites? Como no me escuchan, me retiro

P. ¿Incluso para un profesor de Humanidades?

R. Incluso para un profesor de Humanidades. Hoy día lo primero que tienes que hacer es interesarte por tus alumnos. La Filosofía es algo tan insípido como el agua. La ideología es algo tan atractivo como un refresco, que es una explosión de sabor, color y de gas. Pero si te gusta la Coca-Cola no te gusta la Pepsi y al contrario. Mientras que el agua es neutra, insípida, inodora e incolora. La Filosofía te da una serie de instrumentos para que pienses por ti mismo. Antes, un profesor kantiano convencía a sus alumnos porque creía que había una verdad objetiva, ya que había estado 30 años estudiando lo mismo. Pero ahora que todo eso se ha fragmentado, hay que darle instrumentos a los alumnos para que piensen por sí mismos sabiendo, sobre todo, que las situaciones que se van a encontrar en la vida serán todas nuevas. Antes, un profesor de Filosofía enseñaba a gente que a su vez iban a ser profesores de filosofía y así sucesivamente. Todo era un bucle pero eso ahora ya no tiene sentido.

P. ¿El concepto de ética se ha diluido en este país o los últimos acontecimientos de orden moral que afectan a curas y políticos solo forman parte de la naturaleza humana?

R. Mira, creo que hay un debate universal sobre la ética hoy en día y lo mismo que ha pasado con los grandes discursos ha pasado con la ética. En la época victoriana había una moral y todo el mundo tenía que cumplirla, así que cuando existe un principio que todo el mundo tiene que cumplir la vida es muy fácil. La vida se complica cuando los principios están en crisis y tienes que empezar a tomar decisiones, pensar que es lo mejor para ti y para los que te rodean. El problema que tú planteas es un problema global. Hay quien habla ya de ética bursatil, que como los valores sube y baja. Por ponerte ejemplos, algunas veces la sociedad impide que una persona salga de la cárcel cuando le corresponde, porque ha cumplido el tercio de su condena, y estamos muy sensibilizados con eso y no estamos sensibilizados con que salga un pederasta o un violador. Algunos de ellos dicen que necesitan herramientas para no recaer porque están enfermos, pero la ley dice lo que dice, y a veces las condenas son irrisorias porque los códigos penales son más humanistas y ya no se le echa a una persona 40 años de por vida. Pero ahora queremos echarle esos 40 años a alguien por haber robado 300.000 euros. Pero si hay quien ha matado a ocho personas, le han echado 2.000 años y a los 20 están en la calle, así que entonces hay un desequilibrio. Las éticas van cambiando y a veces pararse a pensar significa darse cuenta de que no tenemos los mismos raseros para unos y otros. Y ahora mismo la corrupción está a flor de piel y estamos siendo implacables. Desde el punto de vista del delincuente, claro que ha perdido la ética, pero no sé si ha sido él solo. No le hemos dado mucha importancia a algo del asunto de las tarjetas negras. Solo 4 de los 79 no la han usado. Estos cuatro deberían estar dando conferencias por toda España contando por qué no las han usado. Tendrían que salir en los medios de comunicación, porque es un 0'5% y mucho me temo que ese es el porcentaje de personas honestas en la sociedad española.

Solo 4 de los 79 no han usado tarjetas negras. Estos cuatro deberían estar dando conferencias por toda España (....) Son un 0'5% y mucho me temo que ese es el porcentaje de personas honestas en la sociedad española

P. Espero que se equivoque

R. Yo también espero equivocarme, si no sería muy triste.

P. Aunque la mayoría pensaba, o eso dicen, que no estaban haciendo nada malo

R. Por eso han cambiado sus criterios éticos. Ni siquiera se ponen a preguntarse si lo hacen o no. Simplemente les dan una tarjeta y les dicen, mira esto lo hemos hecho desde siempre y tú no te paras a pensar si está bien o mal, y vas a un bar de copas y pagas con la tarjeta.

P. Hablemos de Córdoba, Ramón

R. Uf

P. ¿Estas de de acuerdo con Ortega y Gasset en eso que escribía sobre la ciudad en 1930 describiéndola como "un rosal que tiene al viento la sórdida raíz y da sus rosas bajo tierra"?

R. Hombre, yo soy cordobés, nacido en Cañero, viví en el Sector Sur y ahora vivo en Santa Rosa. Es una ciudad que conozco, me parece muy difícil, muy visible para lo malo y muy invisible para lo bueno. Hay comportamientos que están muy aceptados. La frase de Ortega, desde mi punto de vista, viene a decir que parece que lo políticamente correcto, que puede ser lo negativo, aquí se ha establecido como lo positivo. Así que nadie quiere moverse en una dirección diferente. Es una ciudad muy poco evolutiva, no involucionista, pero sí con mucha calma en el peor de los sentidos. También es una ciudad envidiosa del éxito, de las personas que trabajan, de que le resten protagonismo y eso le hace mucho daño a la ciudad porque son muy difíciles los cambios. En todos los organismos vivos el cambio es fundamental y aquí hay apellidos que se mantienen desde siempre. Hablando de las instituciones, coges un periódico de los años 50 y hay apellidos que aun hoy siguen apareciendo en los periódicos, y habría que dejar paso a otros, porque las instituciones no son patrimonio de nadie. En la representación institucional el cambio es necesario porque nadie es insensible a los problemas, al dolor o a la incomprensión. Esta ciudad se caracteriza por personas que han estado 16 ó 17 años en el poder y ahora crean una nueva corriente de opinión como si fuera algo novedoso. Se da poca cancha a una sustitución natural. La política debe ser un paréntesis no algo definitivo y si se convierte en un trabajo, algo falla. Trabajar por los demás es muy cansado y estar 16 años trabajando por los demás resulta muy sorprendente. Esto debe ser una carrera de relevos y la actitud debe ser de cambio. En un relevo das todo, llegas agotado y en la meta otro debe recoger tu testigo. La política debe ser eso.

Córdoba es una ciudad muy poco evolutiva, no involucionista, pero sí con mucha calma en el peor de los sentido

P. El antiguo Pirrón de Elis (filósofo griego del 360 a.C), el primer escéptico, fue su objeto de investigación en el doctorado ¿Por qué el escepticismo?

R. El escepticismo no es un movimiento que se funde en un momento determinado. Es una actitud que en la filosofía griega ha existido siempre pero que fue tomando forma. En un pensador como Jenófanes hay una actitud escéptica con respecto a los dioses y se amplia al conocimiento, dudando de la verdad. Protágoras, otro que también dice que el ser humanos es la medida de todas las cosas y hay que ser relativistas y tener cierta actitud tolerante con los demás. En un momento de una gran crisis social, económica y política como es la de Alejandro Magno, esta se convierte en una actitud más disciplinada y cuando tienen que nombrar un origen se nombra a Pirrón de Elis, quien no escribió nada. Había ecos de él y sus conciudadanos le erigieron una estatua en Elis porque tenía una actitud diferente, no se enfadaba con nadie, hacía todo con la misma indiferencia, en una actitud feliz y de tranquilidad de ánimo y eso le chocaba a la gente porque no es lo normal. Lo normal es lo contrario, ser del Barcelona o del Madrid y no reconocer nada al otro. A nuestro cerebro no le gusta la duda sino las cosas claras, etiquetar para estar tranquilo. Lo que te pone en tensión es la gente que te puede sorprender a cada minuto porque necesitamos controlar todas las situaciones, y ellos hacían un gran esfuerzo por no enfadarse. Vivir de forma sencilla y con tranquilidad de ánimo. Fue muy novedoso en su época, me llamó la atención y me dediqué al estudio de esta corriente filosófica.

P. ¿Y qué tiene usted de escéptico?

R. A mí me gustaría serlo. Pero no tengo ese carácter. Me enfado, me tomo las cosas a pecho, pienso que me va a dar un infarto... Mi carácter es opuesto al de los escépticos pero intento en mi vida llevar a cabo esa actitud. Cuando doy una conferencia sobre estas cosas suelo comenzar diciendo que me llamo Ramón Román, que mi vida es bastante feliz dentro de lo que cabe, tengo dos niños, me levanto por la mañana con buena cara, creo que mi mujer me quiere, al menos eso me dice, y ahora les voy a hablar de esto. Porque nuestra vida y nuestro discurso deben ir paralelos.

P. Pero a veces un poco de incoherencia significa libertad

R. Es que es natural. Cuando me enfado pienso inmediatamente en Pirrón de Elis y retorno al carril siendo autocrítico y reflexivo.

La filosofía es lo que más felicidad me ha dado vestido

P. ¿La filosofía da la felicidad ?

R. Bueno, yo siempre digo algo que decía Charlie Parker, el músico de jazz, y digo que la filosofía es lo que más felicidad me ha dado vestido. Yo voy a mis clases, leo cuatro o cinco horas, me gusta la filosofía aplicada, escribo y con lo que más disfruto es leyendo cosas de actualidad, sociedad transparente, de la pérdida del amor, qué significa eso, de la feminización del mundo, qué significa eso, del exceso de pornografía que nos ha hecho perder la sexualidad, qué significa eso. Cuando leo a un autor que me da ideas disfruto mucho. Luego, ya desnudo, eso es otra cosa.

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7 de diciembre de 2014 - 02:07 h