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María de Medeiros: “La juventud se está volviendo más conservadora”

Entrevista a María de Medeiros

Hace unos años, cuando la Filmoteca de Cataluña le dedicó un ciclo a la actriz María de Medeiros (Lisboa, 1965), tituló la retrospectiva como La sonrisa más dulce. Acierto total. Quién pase un rato con la actriz, cineasta y cantante portuguesa tendrá el privilegio de asistir a ese pequeño milagro que se da en aquellas personas que sonríen con los ojos. Los de María, además, son enormes, expresivos y penetrantes.

La actriz está de visita en Córdoba, invitada de nuevo por el productor Fernando Vacas para que colabore en el proyecto Ciudad de las ideas. Han pasado diez años desde que el músico cordobés la convenció de que era buena idea grabar en Córdoba su tercer disco, Pájaros Eternos. Lo hizo. Se plantó entre las callejuelas que custodian la plaza de la Corredera rodeada de músicos americanos, brasileños, franceses y andaluces. Aquel embrujo todavía le dura. Pronuncia Córdoba con los ojos, antes de que verbalizar la palabra.

Generosa con la prensa (probablemente porque su madre es periodista), sólo pide que no le saquen fotos durante la charla, para evitar la mueca. A cambio, le regala al fotógrafo una veintena de poses perfectas para ilustrar una charla, que se prolonga durante casi una hora, y en la que aprovecha para hablar de su última película como directora, A nuestros hijos, rodada en el Brasil de Bolsonaro, y centrada en la relación materno-filial y en el choque de miradas entre la izquierda post mayo del 68 y una juventud que está creciendo (y absorbiendo) entre oleadas de conservadurismo. Un dilema que parece ser la principal preocupación de una actriz. Tanto como para aparcar su sonrisa.

PREGUNTA. Hace diez años ya que estuviste en Córdoba grabando Pájaros Eternos. ¿Cómo te has encontrado la ciudad ahora que has vuelto?

RESPUESTA. Sigue siendo una ciudad mágica (Sonríe). Sí, sí. Sigo descubriendo cosas y me encanta que Fernando (Vacas) siga mandándome desafíos. Porque ya aquel disco fue un desafío. Fernando me dijo: “Lo hacemos en mi estudio”. Y a mí no se me había ocurrido y, de repente, estábamos todos, músicos americanos, brasileños, franceses… Todos vinimos aquí y fue una fiesta. Y ahora estoy encantada de que me haya vuelto a desafiar con esto de Ciudad de las ideas.

P. ¿Qué te planteó? Cuéntalo para el que no te haya podido ver.

R. Pues él me habló al principio de hacer algo de música. Pero yo me acordé de que siempre que venía aquí, que iba al Automático (el bar que regenta en Córdoba el productor Fernando Vacas), todos los amigos que me presentaba eran poetas. A mí es que me parece que Córdoba es la ciudad con más poetas por metro cuadrado del mundo. Así que dije: ¿Por qué no hacemos algo con los poetas? Y más aún, con los poetas contemporáneos. Porque obviamente pensamos en los clásicos, pero también pensamos: ¿Por qué no los del Automático, precisamente? Entonces, ha sido Pablo García Casado el que ha hecho una bella selección, de los que yo he escogido otros poemas muy intuitivamente para el recital.

P. ¿En qué se ha basado tu intuición?

R. He escogido aquellos que me hablaban más. Es una selección que va desde los años 50 hasta la actualidad. Yo hago mucho trabajo con la poesía, en general, pero con mis idiomas, que son el portugués y el francés, pero no lo había hecho con el español, que es un idioma que ahora practico un poco menos.

P. Pero hablas muy bien.

R. Sí, pero venía de hacer un espectáculo en Nápoles. Así que venía con el chip del italiano. Pero estoy encantada de volver a la lengua castellana y con estos textos. Porque, además, Fernando llevó la cosa un poco más lejos, porque luego me dijo: “¿Y por qué no escribes tú un poema?”. Es algo que a mí no se me habría ocurrido. Y al principio pensé: No, no puedo, imposible… Pero justamente empecé a rememorar los momentos que vivimos en Córdoba, la magia de tantos rincones, sensaciones, espacios… Y el poema vino.

P. ¿Te lo sabes? ¿Podrías recitarme un verso, una parte?

R. No me lo sé. Lo tenía impreso, pero se lo he dado a una señora que me lo pidió. Pero, igual, te lo puedo mandar.

El teatro y el cine están hechos de milagros, de la chispa de un momento

Unas horas después de la entrevista, suena una notificación en el teléfono. Es un Whatsapp de María de Medeiros con su poema. Se titula Córdoba.

“Caminábamos por una calle desierta y acogedora

Desierta y acogedora como solo las calles del sur pueden serlo

Así nos fotografiaron

Dos bultos negros taconeando en la noche por un camino de luz amarilla

Avanzábamos perdidos y sin angustia 

Por un laberinto tranquilo

Llevados por la ciudad misma

Es necesario estar cansada para despertarlo

Escuchar la lluvia en las hojas para recordar la tibieza seca y sedosa en la piel

Escuchar el último avión para recordar el silencio cálido 

Y algún vocerío como promesa de encuentro a la vuelta de la esquina

Volvíamos

Volvíamos ahí donde nos había cogido la luz

El sol absoluto, el deseado crepúsculo 

Y la maravilla de las mañanas frescas y perfumadas

Patios donde cantaban fuentes

Piedras como cánticos

Jardines como tesoros

Música como vida

Baile como aire

Alma como condición

Caminábamos confiados

Descuidados de tejer a cada paso nuestro camino

En la trama de todos los caminos susurrados

Entre paredes blancas y calladas 

Detrás de los arabescos de hierro, la sombra

Y en el corazón del laberinto, la despedida“

P. ¿Qué papel juega la poesía en tu proceso creativo? 

R. Yo tengo mucha relación con la poesía portuguesa, con Pessoa, con Sophia Mello Breyner… Y hago mucho, cada año me piden varias veces hacer cosas con la poesía. Y me gusta mucho encarnar la palabra hablada. Me parece que después de Pina Bausch no se puede no bailar el teatro. Y, por extensión, también la poesía, que es algo que vive dentro de nosotros. Y es eso lo que he intentado hacer con Alberto de Paz y Fernando Vacas, realmente crear un diálogo entre poesía y música. O sea, no tener la música decorativa, que me parece un insulto a la música. O sea, no podía ser una música como si estuviera en un supermercado...

P. Un hilo musical…

R. Exacto, eso jamás. Así que realmente era como un diálogo entre los textos y la música y encarnar eso, bailar todo el espectáculo.

P. No puedes estarte quieta.

R. No puedo estarme quieta (Se ríe). No. Hasta para estar quieta hay que bailar. ¿Sabes? Hasta para estar completamente inmóvil, tienes que tener una consciencia de que estás bailando.

P. La quietud es un movimiento, del mismo modo que el silencio es una nota musical.

R. Exactamente, sí.

El feminismo existe para liberar a los hombres también

P. ¿Y qué te ha sorprendido de esta selección de poetas cordobeses?

R. Lo que me ha sorprendido es que todos los poetas son cordobeses, da igual si eran los cincuenta o de ahora, y que, de repente, construyendo la dramaturgia de los poemas para que se hablaran los unos a los otros, nos acabamos quedando con una visión del mundo. O sea, de una palabra cordobesa, de repente, estamos hablando del mundo. Y los poemas que fueron escritos antes, curiosamente hablan de lo que pasa actualmente. Para darte un ejemplo: hay un poema que se llama Chernobyl. Ahí está Ucrania. Ese poema es muy bonito. Y justo después aparece un poema que se llama Bosques de Polonia. Y habla de un tren. Y, podemos pensar que ese poema habla de la deportación de los judíos, pero hoy en día, cuando piensas en un tren que atraviesa Polonia, piensas en los trenes que llevan armas a los ucranianos. De repente, todas esas palabras que parten de Córdoba, tienen ecos de universalidad.

P. ¿Y has encontrado un vínculo entre la poesía portuguesa y estos poetas?

R. (Se lo piensa) Sí, aunque es que es la poesía del siglo XX, que es una poesía autoreflexiva, que explora lo cotidiano. Lo cotidiano interior y exterior. Y eso es muy bonito. Ver que los poetas del mundo, de alguna forma, dialogan. 

P. Te lo preguntaba por ver si, al igual que yo, crees que las propias ciudades ayudan a definir el arte o la creación que se hace en ellas.

R. Seguramente, sí, seguramente. Yo creo que hay un alma en Córdoba que impregna la creación artística que se hace aquí. De hecho, mi poema habla de eso.

Exige mucho coraje y mucho trabajo, pero creo que toca repensarlo todo

P. Lo pregunto, sobre todo, porque tú precisamente has sido muy nómada. Te criaste en Viena, estudiaste en Lisboa y París, has actuado y dirigido en todo el mundo.

R. Sí. Y eso ha sido un gran regalo que me ha hecho la vida. Porque es cierto que cada ciudad tiene una atmósfera y un mundo que es maravilloso explorar. Así que poder pasar de una atmósfera a otra es una experiencia fantástica.

P. ¿Crees que el disco que grabaste aquí hace diez años sonaría igual si lo hubieras grabado en otra ciudad?

R. No, seguramente no… Bueno, no sé… Es que, claro, siempre vamos aprendiendo. Ahora haría otra cosa, desde luego. Además, yo es que vengo de una familia de verdaderos músicos (Se ríe). La música que yo hago es una payasada comparada con la que hace mi padre o mi hermana (Su padre es el maestro y compositor António Vitorino D'Almeida y su hermana la violinista Ana Medeiros). 

P. ¿Tu hermana también?

R. Mi hermana chica es una súper compositora. Es violinista y sus obras son interpretadas por todas partes. Recientemente, la Filarmónica de París ha interpretado una obra suya. Estamos hablando de música de verdad. Yo tengo una relación muy acomplejada con la música, que me encanta, es una forma de expresión, pero tengo plena conciencia de estar a un nivel que no es comparable. Así que, realmente, siempre me veo como una actriz cantando. O sea, es desde mi condición y mi saber interpretativo, después de algunos años, cómo exploro la música. Pero no me veo realmente como cantante. Eso sí, creo mucho en el diálogo entre las artes. 

P. Es una buena filosofía para una estudiante de filosofía frustrada.

R. Sí (Se ríe). 

P. ¿Qué queda en ti de aquella estudiante? 

R. Bueno, es que la filosofía está en todo. Nos ayudaría mucho si estudiáramos y leyéramos un poco más filosofía. Nos sacaría un poco del abismo en el que estamos. Hablo del mundo, claro.

P. La filosofía y la poesía son dos buenas armas para afrontar el mundo actual.

R. Las más efectivas, probablemente. Es muy lindo cuando la filosofía y la poesía se encuentran. Hay textos de Heidegger, por ejemplo, que son filosofía y poesía.

Los nuevos partidos de ultraderecha son movimientos artificiales

P. ¿Dónde encuentra María de Medeiros la poesía hoy en día?

R. Oh, la poesía se puede encontrar en cualquier lugar. La poesía es una forma de mirar, es una mirada sobre el mundo, la percepción de un momento. Volvemos a la filosofía: es la conciencia de estar ahí. Esto te lo aporta el sentimiento poético.

P. Como intérprete, de algún modo, sí que has podido hacer algún tipo de estudio filosófico o psicológico. Has podido ser muchas personas, todas distintas…

R. Bueno, filosóficos no sé (Se lo piensa). Quiero creer que sí. Mira, uno de los trabajos que he hecho menos conocidos y que más me ha aportado fue un proyecto para el Canal Arte en Francia. Nos propusieron a varios artistas que hiciéramos una correspondencia filmada con los móviles. Y a mí me emparejaron con un filósofo francés que se llama Stéphane Zagdanski. Bueno, fue una cosa preciosa. Durante seis meses nos mandamos cartas (enseña el móvil). Él, muy sedentario, como un filósofo, sentado en su casa, rodeado de libros, filmando su mundo cotidiano, su biblioteca… Y yo todo lo contrario, porque fueron seis meses en los que no paré de viajar. Había vídeos de París, de Barcelona, de México, donde, de repente, entré en una manifestación -eran los días de los desaparecidos de Igualada-… Yo que sé, filmé en un montón de lugares, porque estaba entre varias giras. Y ese diálogo entre el nomadismo y la sedentariedad, evocando todo muy libremente, fue muy bonito. Hicimos diez cartas cada uno. Y, al final, decidimos hacer un largometraje de hora y media. Se llama Entre dos desconocidos. Y fue un juego muy lindo porque, además, decidimos no conocernos hasta que estuviera terminada la película. Y ya cuando terminó nos conocimos personalmente. Y éramos súper amigos, claro. Nos hicimos íntimos, claro.

P. Es curioso que los móviles puedan ayudar tanto en el proceso creativo, comunicar a las personas y, al mismo tiempo, también aislarlas. No sé cómo te llevas tú con las redes sociales y todo esto.

R. Yo tengo mucha suerte de no ser una persona propensa a la adicción. O sea, me gusta mariposear. Voy a las redes, me divierto un rato, pero no soy fanática. Pero sí que creo que el móvil es una herramienta fantástica. Sobre todo, me acuerdo, como siempre he viajado mucho, de que cuando era joven decía: “¿Dónde voy con mi cámara, con mi agenda, por qué no está todo junto?”. Bueno, pues ahora lo está. (Se ríe)

P. Antes te comentaba lo de la interpretación porque me preguntaba si eres actriz del método. 

R. No. Hice mi método híbrido, porque me parecen importantes algunas cosas del método del Actors Studio, obviamente. Pero yo me formé en el Conservatorio de París, con los clásicos franceses y tuve una reacción justamente al idioma, al lenguaje, a la literatura… Lo que nos enseñan en estas grandes escuelas es la humildad: No estamos nunca por encima del texto. El texto es más importante que nosotros. Y eso, de alguna forma, es lo opuesto del Actors Studio. Así que creo que es interesante hacer una fusión entre los dos, porque es obvio que también hay que ser el personaje. 

P. ¿Qué es “ser el personaje” para María de Medeiros?

R. A mí muchas veces la imagen que me viene para definirlo es como si yo me transformara en un apartamento (Sonríe). Soy un apartamento vacío, teóricamente, y con luz y agradable, en el que el personaje se instala. Pero bueno, en los apartamentos hay muchos fantasmas y en mi apartamento hay un inconsciente. Así que yo creo que hay una parte importante de construcción del personaje que correspondería al método, que es la construcción consciente del personaje -informarse, imaginar, ver imágenes-. Pero, para que un personaje exista realmente, tiene que tener su parte de misterio. Tiene que tener su parte de inconsciente. Que el personaje dialogue con nuestro inconsciente. O sea, es que en la vida no conocemos nunca a nadie completamente. Ni a los amigos, ni a los amantes, ni a nosotros mismos. Y sería muy pretencioso fingir que se sabe todo de un personaje. Algo tiene que escaparse para que sea verdadero.

Airbag o Capitanes de Abril son películas que hoy en día es casi impensable que se hicieran

P. Es que, si realmente quieres imitar a la vida, la primera premisa es que la vida no tiene guión. Las personas rara vez ensayamos nuestras reacciones.

R. Exactamente. Eso es. Por eso creo que hay algo un poco dictatorial en el método del Actors Studio. Esto de que el actor defina todo del personaje… ¡Qué va! (Se ríe)

P. Yo siempre que pienso en el Actors Studio no puedo evitar pensar que Marlon Brando coexistía con Marcello Mastroniani. O Al Pacino con Jean Paul Belmondo… 

R. Exacto: la intuición, el afecto, la sonrisa, el momento, ¿no? Tanto el teatro como el cine está hecho de milagros, de encuentro, de la chispa de un momento. (Se frena un segundo, le viene una idea) ¡Javier Bardem! Javier Bardem es un gran preparador y es un actor que ha hecho una fusión total. 

P. Sí. Luego te quiero preguntar por las películas que hiciste con Javier. Pero me gustaría saber si algún personaje se ha quedado a vivir en tu apartamento.

R. No no. Todos se van. Luego queda en el inconsciente y no pretendo controlar lo que pasa ahí.

P. ¿Ningún personaje se te ha quedado pegadito a la piel?

R. No, no. Jamás.

P. ¿Y hay algún personaje que se parezca más a ti de lo que confesarías?

R. Ah… No, no me lo he planteado nunca. Algunos se parecen. Pero fíjate, es por eso que me aburre terriblemente el discurso de la identidad nacional. Porque, claro, son discursos dictatoriales, una vez más. Porque creo que nuestra identidad también es cambiante. Entonces, ¿se parece? Bueno, mientras nos parecemos, nos parecemos, pero luego, encuentro otras personas, puedo tener una charla interesante contigo, y ya soy otra persona. 

P. Estaba pensando en la María de Medeiros cantante. Que eres tú, y un personaje al mismo tiempo.

R. (Se ríe) Sí sí, pero incluso ella también va cambiando, porque yo voy intentando siempre nuevas cosas. 

Siento mucho cariño por la parte española hacia Portugal pero yo abogo por crear mucho más diálogo

P. Me has dicho que el fado no es lo tuyo.

R. Sí, no lo es.

P. Estuvo aquí la cantante Lina hace unos meses, y me dijo que había muchas similitudes entre el flamenco y el fado.

R. Mucho, mucho. Son de esas cosas que, si no creces en ellas, no se aprenden realmente. Tienes que crecer con ellas. Creo que el flamenco, de alguna forma, es más abierto y más generoso que el fado (Me mira)

P. Mmm… Puede ser.

R. Es que le gusta ir explorando con el jazz, el rock, el blues, por Raimundo Amador… Se permite eso. En el fado hay intentos pero mucho más tímidos.

P. Tú, sin embargo, has preferido importar sonidos del otro lado del océano, brasileños, el jazz…

R. Sí, me siento más a gusto con ellos porque crecí con ellos. Son parte de mi formación. Es que claro, soy de una generación que no creció con el fado. En aquella época, el fado estaba muy vinculado al fascismo. De forma muy injusta y es algo que ahora afortunadamente se ha superado, pero en aquella época estaba muy vinculado a la dictadura. Entonces, era algo que no formó parte de nuestra cotidianidad. Felizmente, hoy el día, el fado no tiene nada que ver con corrientes políticas.

P. Es algo que también ocurrió con el flamenco. Aquí también ocurrió. Y es curioso, porque, en ambos casos, son músicas que vienen de las capas más populares.

R. Sí sí sí. 

P. Dices que tu formación musical está más pegada al jazz y, claro, la música clásica. ¿Cómo fue la vuelta a Portugal para la niña que se crió en Viena y que volvió con la Revolución de los Claveles?

R. Nosotros volvimos justo después de la revolución. Mis padres eran muy jóvenes y estaban encantados, claro. La revolución fue algo político, social, económico… Afectó a todo. Pero afecto especialmente a la sociedad. Hubo una ola de divorcios gigante (Se ríe). En nuestra familia también. Y volvimos con nuestra madre a Portugal. Mi madre era periodista política. Así que gracias a ella -a mi padre también- yo acabé conociendo en mi infancia a todos los protagonistas prácticamente de la revolución. Es que estaba muy dentro. Siempre nos llevaban a las manifestaciones, y ya en la adolescencia empecé a darme cuenta de que había sido un privilegio enorme vivir ese momento tan prácticamente único en la historia.

Me da miedo que se pueda volver a una especie de Edad Media en las mentalidades

P. Desde luego: una revolución sin violencia hecha por el estamento militar.

R. El ejército que no se queda con el poder… Una democracia civil que se construyó literalmente delante de nuestros ojos. Porque, como muchos portugueses que volvieron de todo el mundo, nosotros no teníamos casa. Y los hoteles estaban todos ocupados. Así que nosotros vivimos en un hotel muy cerca del Parlamento, que tenía un patio muy bonito. Y recuerdo que los niños jugábamos por ahí y escuchábamos a los diputados discutiendo la constitución que se estaba impulsando. Es que estábamos asistiendo a la construcción de la democracia. Fue un momento increíble y tuve la suerte de vivirlo. Y se me hizo como un reto de vida el contarlo. Era como una obligación.

P. Y lo contaste. Qué proyecto aquel: Capitanes de abril. Vale, eras la actriz de Pulp Fiction y de Henry y June, pero levantar un proyecto así no debió de ser fácil.

R. Fueron trece años de tozudez. 

P. ¿Trece años?

R. Sí, trece. Yo creo que me lo dieron porque no me soportaban más. 

P. Bueno, pero es que además fue una coproducción.

R. Sí, pero porque para mí era muy importante que Capitanes de abril fuera una película europea, porque la Revolución de los Claveles fue algo que impactó en toda Europa y en el mundo. Por eso quería que fuera una coproducción europea y, de hecho, estuvieron prácticamente todos los países latinos de Europa. Estaban Francia, España, Portugal e Italia. Y participaron actores de cada país. 

P. Vaya producción para empezar, ¿no?

R. Sí, fue una aventura absolutamente extraordinaria. Yo siempre cuento que me llevé muchos años leyendo cosas muy aburridas como relatorios militares del 25 de abril. Me los leí todos. Y descubrí cosas muy interesantes y cosas muy fascinantes, como los diarios que muchos de los capitanes escribieron, sobre la guerra y la revolución. Y en casi todos los relatos había referencias al cine. Todos decían que aquello fue como de película. Se sentían como en el cine. Lo que fue muy divertido era ver con qué películas se identificaban. Porque había quien se sentía como en una película de Oliver Stone y quien se sentía como en una película de Charlie Chaplin. Entonces, mi propósito fue hacer esa película que ellos sintieron, y que es un híbrido raro entre Oliver Stone y Charlie Chaplin.

P. Yo le veo un punto similar al de Costa Gavras. La película tiene momentos muy divertidos y al mismo tiempo se palpa la tensión. 

R. Sí.

P. Aquella fue una revolución hecha por hombres, pero que tuvo mucha importancia para las mujeres. 

R. Sí, todo cambió. Al final fue una revolución también feminista. La palabra de las mujeres se hizo escuchar. Y a mí me encantó eso. Y era lo que quería hacer: yo quería hacer una película de género, una película de guerra. Una de mis películas preferidas es Senderos de Gloria. Y es tan difícil hacer una primera película que me dije: vamos a empezar por la más difícil. Porque hacer la segunda es todavía más difícil. Y eso, en algunas personas, provocaba una cierta perplejidad. Hay mucho prejuicio sobre las actrices, que si son seres muy superficiales y tal. Entonces, lo que sobrevolaba sus cabezas era: ¿Por qué una chica, joven y actriz, se empeña en hacer una película de hombres? ¿Por qué no hace una película de mujeres? Entre comillas, porque yo no tengo ni idea de qué es una película de mujeres. Es curioso, porque los únicos que jamás pusieron en duda mi deseo y mi proyecto fueron los militares, que entendieron completamente el proyecto. Y justamente era la película sobre ellos. Pero justamente, es mi postura feminista, la que reclamaba y sigue reclamando mi derecho a hacer una película de hombres porque sí, porque tengo todo el derecho de hacerla.

Puede ser delicioso ver un peliculón en tu cama, pero es que es genial ver una película en una pantalla grande

P. Han pasado veinte años de aquello. ¿Te sigue costando levantar los proyectos tanto?

R. Sí, muchísimo. Ahora, de hecho, aprovecho y lo cuento: desde Capitanes de abril he hecho varios documentales y trabajos más experimentales, como esa película filosófica de la que te he hablado, y ahora tengo una nueva ficción: A nuestros hijos, que es verdaderamente una película de mujeres. Pero es que, para hacer una película de mujeres, necesitaba madurar más. Porque a veces es más difícil hablar de lo que vivimos y nos es más cercano. Y lleva tiempo construir eso.

P. Venga, aprovecha y cuéntame más sobre esta película.

R. Es una película brasileña, a partir de una obra de teatro, aunque distinta de la obra, muy amplificada. La obra es de Laura Castro. Fue ella la que me propuso este texto. Es un largo diálogo entre una madre y una hija, en el que los dos personajes son muy inteligentes y tienen argumentos muy válidos. La madre no es para nada reaccionaria, todo lo contrario: estuvo en la resistencia contra la dictadura, estuvo presa, fue torturada, exiliada… Aún hoy está muy involucrada en luchas sociales. Es esa madre súper abierta de espíritu, con una vida muy libre, pero que se enfrenta a una hija que es mucho más conservadora. La hija es liberal políticamente y no le interesa todo este pasado de izquierdas. Bueno, esto es un poco el punto de partida. Y es muy apasionante el diálogo entre ambas, porque los argumentos son muy válidos a ambos lados.

Entonces, fui a Brasil e hice esa obra durante tres años. Y a continuación le dije a Laura: Vamos a hacer una película, porque da muchas ganas de desarrollarlo. Y ella entró en la aventura y le encantó. Y así es como ha nacido esta película, A nuestros hijos, que realmente es una reflexión sobre las prioridades de cada generación y la transmisión de ideas. Es una obra muy política, y que reacciona también a los traumas de la dictadura militar. Pero, al mismo tiempo, hicimos la película en los últimos cinco años. Y en este tiempo, Brasil ha pasado de ser una democracia muy potente, que iba bastante bien -Brasil afrontó la crisis económica como todo el mundo-, a que la extrema derecha haya aprovechado esa brecha para entrar masivamente. Y hemos visto cómo, en cinco años, Brasil ha cambiado completamente. Ha tenido un oscurecimiento brutal, una regresión alucinante, que era imposible imaginar hace cinco años. Y, como quisimos reescribir la obra, siguiendo muy cerca de la realidad, acabamos haciendo una radiografía de ese oscurecimiento. Y, bueno, así ha quedado la película.

P. Es curioso, porque Laura Castro ya captaba en su obra una cosa: que la juventud hoy es mucho más conservadora de lo que lo fuimos nosotros.

R. Sí, la juventud se está volviendo más conservadora, sí, es increíble. 

P. ¿Por qué crees que se está dando este fenómeno?

R. Bueno… (Se queda pensando). Yo creo que estas corrientes de ultraderecha, que además son conspiracionistas, son en realidad complotistas. Es decir, la conspiración son ellos: la ultraderecha está muy organizada por el mundo. Y es tremendo. Porque los demás no estábamos preparados para enfrentarnos a esto. O sea, los medios que tienen… Yo siento que su complot es tremendo y que ellos van colocando peones por todo el mundo. Y (se queda pensando) que lo que está pasando en Ucrania es un reflejo de esto.

P. La izquierda se ha quedado demasiado tranquila pensando que la democracia nos iba a librar de esto.

R. Sí, cuando lo que tiene es que potenciarse más. Exige mucho coraje y mucho trabajo repensarlo todo, pero es que yo creo que toca repensarlo todo. 

P. La impresión es que hemos avanzado dos pasos hacia adelante y, de algún modo, estamos retrocediendo para explicar ahora por qué hemos avanzado. Y eso te impide seguir avanzando. 

R. Sí. Exacto.

Me parece que Córdoba es la ciudad con más poetas por metro cuadrado del mundo

P. Es curioso porque antes hablabas de que has tardado veinte años en sentirte preparada para dirigir una película de mujeres. Bueno, hoy el mundo está más receptivo hacia las historias y la narrativa de las mujeres, afortunadamente. Sin embargo, hay una reacción que lleva a que los hombres se sientan amenazados por esto. 

R. Es verdad, totalmente. 

P. De nuevo: hemos dado dos pasos adelante, pero uno hacia atrás.

R. Sí, es cierto. Pero es lo curioso: el feminismo existe para liberar a los hombres también. Porque el machismo es la destrucción. La película A nuestros hijos habla de esto, de cómo lo privado es político. De cómo en el corazón de la familia puede nacer el fascismo. 

P. Es muy difícil combatir de una manera teórica algo que ya existe en el ámbito práctico. Y más si es en tu misma casa.

R. Sí. Es que ya no sólo está en tu cabeza. 

P. Es curioso que haya sido en Portugal y España los últimos países de Europa donde ha irrumpido los partidos de derecha radical.

R. Y creo que estos nuevos partidos de ultraderecha son movimientos artificiales. Creados. No se corresponden con el fascismo tradicional. O sea, ellos reclaman una tradición que ellos mismos están creando. Yo, felizmente, puedo decir que estoy en contra de la tradición. O sea, basta con inventar una idea estúpida y cruel para que se vuelva una tradición (Se ríe). O sea, cuando claman sobre el valor de las tradiciones, por ahí no: es facilísimo crear una tradición.

P. Y para ellos traicionar las ideas. Esa es su auténtica tradición.

R. Exacto.

P. ¿Crees que Portugal y España se conocen bien? O solamente convivimos.

R. No. Creo que nos podemos conocer mucho mejor. Creo que sí que hay mucho más deseo de conocerse. Yo siento mucho cariño por la parte española hacia Portugal pero yo abogo por crear mucho más diálogo. 

Creo mucho en el diálogo entre las artes

P. Me gustaría saber cómo lograste “colarte” en el cine español. Antes hemos hablado de Javier Bardem, y es que con él hiciste dos películas maravillosas que son Huevos de oro y El detective y la muerte.

R. ¡¡Sí!! ¡Y Airbag!

P. Es verdad, en Airbag también. Y se cumplen 25 años ahora.

R. Sí… Bueno, me invitaron. Fue Bigas Luna, al que le estoy eternamente agradecida. Bigas Luna me parece un artista importantísimo y fue él quien realmente me descubrió España y Cataluña. Porque yo era de esas portuguesas que venía a España y hablaba inglés. Eso hoy me parece una cosa ridícula. Y él me invitó para Huevos de oro y me puso una profesora de castellano y en una semana me di cuenta de que para una portuguesa es muy fácil. Entiendes un par de cosas y, aunque no hablas perfecto, ya puedes desenvolverte y defenderte con lo básico. Así que me puse muy contenta y llegué al rodaje y, en cuanto llegué, todos hablaban otra lengua, que era catalán (Se ríe). 

P. Pues has mencionado Airbag, y hace poco estuve con Alberto San Juan y estuvimos hablando de lo difícil que sería hoy levantar una película hoy. Por el tipo de humor, por la producción que tenía… 

R. Sí, sí… A mí me hace reír mucho. El manejo del lenguaje es muy divertido. Y tiene momentos muy icónicos, lo cual es curioso, porque fue un fenómeno español que sólo funcionó en España y en Alemania, no sé muy bien por qué. 

P. Yo siempre la he visto como una especie de germen de la saga esta de Resacón en Las Vegas. Es algo similar.

R. Sí, sí, sí (Sonríe). Pero tienes razón en lo costoso que sería. Juanma (Bajo Ulloa) era un director muy joven aún, aunque había hecho películas increíbles y muy distintas a Airbag. Y yo lo seguía y me parecía estupendo. Pero es verdad que Airbag o Capitanes de Abirl son películas que hoy en día es casi impensable que se hicieran. Cómo directores jóvenes podían concretar este tipo de proyectos… No sé… Es difícil.

P. Quizá en las plataformas. No sé si tú consigues colocar ahí algunos proyectos.

R. Bueno, de momento no he intentado aún mucho, pero sí, las plataformas son una revolución, sí. Creo que puede que sea también una cosa de olas, de cosas que van y vienen. 

P. ¿A qué te refieres?

R. Pues a que puede ser delicioso, no voy a negarlo, ver un peliculón en tu cama, bajo la sábana y tal. Pero es que es genial ver una película en una pantalla grande. Así que espero que vuelva la conciencia de asistir a un peliculón en el cine. Y cuando digo peliculón no me refiero a algo comercial, puede ser un Tarkovsky. Sentir esa vibración de la vida con otras personas. Sentir esa vibración de la vida. Sí, espero que vuelva. De hecho, mi primer documental era sobre eso, sobre la relación entre artistas y críticos.

P. Ah sí, Je T’aime.

R. Sí, Je T’aime moi non plus. Pero ahora, la gente habla de eso: de cómo es estar sentado en la oscuridad y cómo se recibe la obra. Y es una experiencia que va mucho más allá de la camita y la sábana.

P. A ver, yo siempre digo que jamás me he dormido en el cine, y con la camita y la sábana a duras penas termino una película.

R. Ah claro, claro.

P. Además de que se pierde el rito. Ir al cine, era una actividad propia.

R. Exacto. Es que es un rito. Es curioso porque en este momento, después del confinamiento el cine en las salas va bastante mal en todos los países, pero yo que he estado haciendo teatro, una obra de Cocteau, Los parientes terribles, he estado de gira y ha sido increíble, las salas repletas. O sea, el espectáculo en vivo, repleto, y con el cine se ha perdido esa cosa. Así que espero que la gente redescubra el ir al cine y que vea que también puede ser un espectáculo vivo, porque lo puedes ver con otras personas. 

P. Bueno, no te voy a quitar más tiempo, solamente me gustaría preguntarte qué es lo que más te preocupa cuando miras al futuro.

R. (Se lo piensa y resopla) Creo que lo que más me preocupa es el auge del fascismo, realmente. Sí. Tengo dos hijas que son muy conscientes y, hoy en día, me da miedo la idea de volver a una especie de Edad Media en las mentalidades y en las ideas. Y era impensable que, en la era de las comunicaciones, fuera la tecnología la que nos llevara a esta Edad Media. Así que eso es lo que más me preocupa hoy en día. 

En la vida no conocemos nunca a nadie completamente. Ni a los amigos, ni a los amantes, ni a nosotros mismos

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