Manuel Ruiz 'Queco': “Siempre he llevado un empresario dentro de mí”

Manuel Ruiz "Queco" | MADERO CUBERO

Hemos perdido un lateral izquierdo pundonoroso, pero hemos ganado un músico y productor incansable. Así son las vueltas que da la vida. Nos cita el Queco (Córdoba, 1964) a media tarde en Alcolea donde, en unas canchas de césped artificial, entrena su hijo con los juveniles del Córdoba C.F. Manuel Ruiz es un payo con el flamenco inoculado por su padre desde que era chiquillo; sin embargo viste botas, vaqueros y chupa de piel como un rockero. Ha compuesto cientos de temas, algunos de verdadero éxito, ha producido álbumes y levantado compañías discográficas. Ahora pone su energía en la creación de una escuela de artistas de la que nos hablará más adelante. Mientras salimos de las canchas para comenzar la entrevista en una cafetería cercana, el periodista le pregunta de qué juega su hijo. Queco contesta que de medio centro “como Busquets”. Eso es amor de padre.

PREGUNTA. Aprovechando que estamos aquí, cuéntanos cómo y desde cuándo es tu relación con el fútbol

RESPUESTA. Viene de mi padre que jugó en el Plus Ultra, que era un filial del Real Madrid, como el Madrid B. Luego jugó en el Espanyol, en la Cultural Leonesa, en un montón de equipos. El flamenco y el fútbol en mi casa siempre han sido primer plato. Así que esas dos aficiones nos las inculcó. De hecho, formó un equipo de fútbol de la propia Peña Flamenca “El rincón del cante” que él fundó. Y pasamos por todas las categorías, infantiles, alevines...

P. Hasta llegar al Córdoba C.F.

R. Es que éramos buenecitos. Yo llegue a jugar en el Córdoba B, que entonces se llamaba amateur.

Pepe Escalante, me dijo: “Mira Queco, o el fútbol o la guitarra, elige”. Pues dije guitarra.

P. No está mal.

R. Ahí me retiré porque yo acompañaba a la guitarra a El Pele y llegaba, por ejemplo, de tocar en Almería, en la Peña El Taranto a las seis de la mañana y era difícil entrenar. Mi entrenador, que era Pepe Escalante, me dijo: “Mira Queco, o el fútbol o la guitarra, elige”. Pues dije guitarra, y ese mismo día me retiré.

P. ¿Y de qué jugabas?

R. De lateral izquierdo.

P. ¿De los que van al tobillo ajeno?

R. Bueno, era valiente, con mucho pundonor; pero noble. No era muy técnico, pero subía la banda y era cumplidor. Una frustración porque lo llevo muy dentro, me gusta mucho el fútbol, me veo todos los partidos todas las semanas... pero en fin.

P. Pero es que cogiste la guitarra.

R. Es que era más fácil para mí. Y lo vi claro. Además, por ejemplo, en el fútbol, si ganábamos fuera, nos daban 3.000 pesetas, si empatábamos, 1.500. Podías coger, a lo mejor, 9.000 al mes; y yo le tocaba al El Pele una noche y me llevaba 30.000. Haciendo cuatro noches al mes ya era yo el rey del mambo.

P. Pues sí, estaba claro.

R. Es que, además, lo hacía bien, conocía los cantes porque mi padre me los inculcó. Es lo que tiene nacer en una peña flamenca. Lo que aún no sabía todavía es que yo iba a acabar de compositor y de productor.

P. ¿Pero tu padre es cantaor?

R. Qué va. Mi padre no ha cantado un pimiento en su vida. Es un gran aficionado, pero cantar no canta.

P. Y pronto le hacen un homenaje...

R. Sí. Es que mi padre, además de fundar la primera peña flamenca, ya cuando jugaba en el Plus Ultra, frecuentaba los sitios flamencos, se juntaba en Madrid con el Beni de Cádiz... muy aficionado desde muy joven. Luego jugó en el Tarrasa, se casó con mi madre, que es de allí, jugó un año en el Córdoba y se retiró en el Castro del Río. Y fundó la peña en casa, en una habitación. Dijo: “Aquí vamos a poner una puerta por fuera y esto va a ser una peña flamenca”. Y allí se juntaban quince aficionados de locura, de los que dan su vida por el flamenco.

Mi padre no ha cantado un pimiento en su vida. Es un gran aficionado, pero cantar no canta

P. Y con el fútbol y la música, de alguna manera, se cierra un círculo porque acabas componiendo el himno del Córdoba ¿eso mola, verdad?

R. ¡Ojú que si mola! Es que cuando jugaba en infantiles y juveniles en el antiguo Arcángel, antes de salir, cuando estábamos en el túnel de vestuarios, entre el ruido de los tacos de las botas en el cemento, yo escuchaba el himno y decía: “Hay que ver qué himno más feo, me cago en la mar”. Es que era muy feo, decía cosas sin sentido. Y mira tú por dónde que yo iba a ser el que lo iba a cambiar.

P. Qué cosas

R. Sí, cosas curiosas que tiene la vida. Me lo encargó el presidente Orizaola, que en paz descanse, un buen tipo al que le cogí mucho cariño.

P. Pues no debe ser sencillo hacer un himno.

R. Ha sido de los temas más complicados que he hecho en mi vida, de los más difíciles porque tienes que jugar con tópicos pero dichos de una manera que llegue al corazón de la gente.

P. ¿Y cedes los derechos de la canción al club?

R. Bueno, el autor siempre es el autor. Al principio sí cedí los derechos. Orizaola me regalaba un carnet al año, podía ir al palco si quería... pero, después de que él falleciera, hubo algún malentendido y eso se acabó. Yo ahora pago cuatro carnets al año. En fin, que consulté con la Sociedad General de Autores y yo tengo los derechos de autor. El club tiene los derechos, digamos, de reproducción: puede usar el himno en sus vídeos, en su publicidad, en eventos, cuando quiera.

P. ¿Y cómo ves al equipo ahora que ha enganchado una serie de victorias seguidas?

R. Pues si te digo la verdad, es el año que menos he ido al campo; porque la cosa estaba muy rara, con esos cambios de entrenador y esas cosas.

P. ... por no hablar de la dirección.

R. Mira, de la dirección casi mejor no te voy a hablar porque me voy a calentar. Fui las primeras semanas, pero luego me enfrié, me cabreé cuando echaron al primer entrenador porque no lo entendí, el equipo estaba jugando bien y eso fue echar por echar. Eso no me gustó. Ahora, fíjate, en un año en la que dirección deportiva está siendo pésima, parece que tienen una flor en el culo: el equipo está ahí arriba, con lo cual, no puedes decir nada. Como consiga un par de victorias seguidas más, se mete en la pomada. Ahora bien, como no lo haga, el presidente va a tener que salir de aquí a gorrazos, creo yo.

El himno del Córdoba ha sido de los temas más complicados que he hecho en mi vida

P. Por generación, tú no has visto al Córdoba en Primera.

R. Yo qué va. A lo mejor tendría yo cinco o seis añitos, pero yo no me acuerdo. La gente habla del gol de Fermín, de aquel partido... Todo el mundo dice que lo vio. Yo no me acuerdo. Lo que sí he vivido de adolescente y de joven son ascensos y descensos; pero de Primera, nada.

P. Pero te gustaría verlo.

R. ¡Hombre, eso sería tremendo! Es que para la ciudad sería buenísimo. Mira: por ejemplo eso pasa con La Noche Blanca del Flamenco, que de pronto se plantan 200.000 personas en la calle y te dices “¡coño, la que hemos liado!”. Pues eso sería casi como eso, pero todas las semanas: ver aquí a la afición del Madrid, del Atlético, del Valencia...

P. ... Y la del Barça, que es la mía.

R. Y la mía.

P. Ah, pues yo te hacía merengue.

R. No, no. Soy del Barça, supongo que por llevarle la contraria a mi padre. Ahora eso me pasa a mí, porque mi hijo es del Real Madrid.

P. Pasemos a tu faceta más profesional. Citabas La Noche Blanca del Flamenco ¿Cómo nace la idea, cómo te embarcas en ella?

R. Íbamos a ser Capital Cultural Europea, eso creíamos, y Joaquín Zurita (técnico municipal), con buen criterio, decide convocarnos a unos cuantos colegas del ámbito creativo: diseñadores gráficos, un guionista, un abogado especializado en propiedad intelectual... y a mí, como músico, para reunirnos cada semana para ver qué podíamos aportar. Llamamos a esa asociación Crea 16. Consistía en quedar todos los jueves y proponer ideas, aunque fuesen muy locas. Ahora llevaremos siete ediciones de la Noche Blanca, pero nosotros empezamos a quedar dos o tres años antes de la primera. Aquello se diluyó porque cada uno tenía sus cosas; pero, de alguna manera, fue el embrión: pensábamos en que si la Noche Blanca de París, que si la de los museos... y de pronto se encendió una bombilla: “¿Y por qué no la del Flamenco aquí en Córdoba?”

P. ¿Y para adelante, no?

R. Sí. Zurita hizo un gran trabajo, preparó un buen dossier del asunto y se lo llevamos a la entonces alcaldesa, Rosa Aguilar, y a Manuel Pérez, que dirigía la Oficina para la Capitalidad Cultural, y nos dijeron: “venga”. Con alguna duda, con un poco de miedo; pero salió muy bien.

P. Me imagino, es que era poner mucha pasta en la calle y en una noche...

R. Mucha. Creo que fueron 600.000 euros en esa primera vez; pero, tío, salió de puta madre (sic). Es que la gente decía que cómo íbamos a poner flamenco puro en las plazitas, que si a lo mejor fuera rock... Hombre, se dan algunas pinceladas con algún concierto más de masas en la Avenida de República Argentina... pero es que llevamos a Las Tendillas a Miguel Poveda o Manolo Sanlúcar... o el baile de Israel Galván, que es muy moderno y muy especial... es que arriesgamos: un homenaje a Camarón en La Corredera con José el Francés, la Tana, el Cigala... Pues fue un éxito a nivel nacional, en medios de comunicación... un pelotazo.

Pensábamos en que si la Noche Blanca de París, que si la de los museos... y de pronto se encendió una bombilla: "¿Y por qué no la del Flamenco aquí en Córdoba?"

P. ¿Y sigues en la organización un año más?

R. Sí, con menos cositas, pero sigo. Es que esta ciudad es tan, tan... (se piensa un poco la palabra) pejiguera que mucha gente piensa que porque estés ahí parece que te lo estás llevando de la Noche Blanca.

P. Uff, pues eso es mala etiqueta.

R. Claro. Por eso me he desligado de algunas cosas. Yo ni aparezco en la rueda de prensa oficial de la presentación para que la gente no crea cosas o se las invente. Eso lo hablamos Zurita y yo. Porque había gente, al parecer, desde dentro mismo del Ayuntamiento, que creía que me lo estaba llevando calentito. Así que trabajo durante todo el año, un poco aparte y me quito del foco.

P. Pero vamos, no hubo críticas públicas en ese sentido, ni en los medios de comunicación ni nada ¿no?

R. No, nada, nada. Yo no he cobrado sueldo de la Noche Blanca. Lo que pasa es que mi empresa hace de representante de algunos artistas que vienen. Cada uno de ellos dedica un 20 por ciento del caché a un mánager, porque así suele estar estipulado, y yo puedo quedarme con un 10 por ciento porque se dedica el otro diez a un representante de zona o lo que sea. Así lo hago yo. Y eso es lo que yo gano de una Noche Blanca que son unos tres o cuatro mil euros... y te pegas trabajando todo el año. Bueno, pues eso, hay gente que no lo entiende. Es que hay que presentar facturas, en la primera edición tuve que emitir facturas con el nombre de mis empresas, Alzapúa y Disparate Records y, claro, alguien desde dentro ve que a este tío se le han dado 30.000 euros; pero eso no es así. Así que es mejor que yo me haya quitado un poquito de en medio para no estar en el disparadero de lo que sea.

P. Esto nos da pie para de un tema: ¿cómo combinas la faceta de creador, de compositor y músico con la parte industrial, comercial?

R. Te lo explico: yo siempre, dentro de mí, he llevado un empresario. Con la faceta de ser creativo, componer; pero, siempre con el objetivo de la comercialidad. Yo no concibo estar en mi casa haciendo canciones para mí o para que las oigan mis amigos. No sería feliz. Mi objetivo es que la canción sea un éxito. Es más, ahora que veo que la industria no está bien, he dejado casi de componer. Bueno, compongo flamenco puro, lo que me da la gana, para El Pele o para La Chispa, a la que le voy a hacer un disco despacito... ese rollo; pero, vamos, que yo soy un empresario, como mi padre, como mi abuela... mejor dicho, la palabra es emprendedor, emprender cosas. No paro. Yo tengo diez o doce ideas para Córdoba estupenda; pero hace falta gente que se implique. Es que Córdoba está muerta.

Yo es que creo que Córdoba se debería desvivir por la cultura, es que no tenemos otra cosa

P. ¿Crees que sufrimos un bajonazo desde que se desvanece el sueño del 2016?

R. Totalmente. Yo es que creo que Córdoba se debería desvivir por la cultura, es que no tenemos otra cosa. Un político aquí debe pensar en cultura sí o sí. Es el patrimonio que tenemos. Aquí sólo tenemos un poco el campo, el aceite... y la cultura. Si los políticos no piensan en eso y lo defienden de verdad, no sé, tío, en qué están pensando.

P. Pues hay quien dice que estamos haciendo una ciudad de camareros.

R. Sí, es que cada diez metros se monta un bar, vivimos en las terrazas y lo ven fácil. Pero eso es una castaña, mucho permisito para hostelería... que no haya un tablao de flamenco en Córdoba ¿eso se puede creer? Si eso debería apoyarlo el Ayuntamiento; pero un tablao potente, es que hay gente muy buena aquí.

P. ¿Y la Posada del Potro?

R. Mira eso nació con unas pretensiones de puta madre, pero acaba en nada ¿por qué? Porque no saben hacerlo. Ahora no es fácil arreglarlo. Tenían que haber llamado, desde el embrión de la idea, a gente que sepa, gente del flamenco. Ese sería un tablao flamenco del carajo.

P. Y del Queco flamenco pasamos al que pega el pelotazo con Aserejé...

R. Mira, yo soy flamenco; pero he tenido momentos en que he sido muy rockero y muy popero.

P. Lo de escoger un estribillo basado en el Rapper´s delight fue un gran invento.

R. Tiene un rollo, digamos, gaditano en el sentido de hacer parodia, tener gracia, pero meterle también cosas nuevas. Y fue curioso, porque yo ya tenía el estribillo pero fueron mis hijos, como un juego, quienes lo cantaban, por ejemplo, en el coche camino de Málaga; lo cantaban primero con la a, luego con la e, con la i, con la o y con la u y se convirtió en un éxito familiar. Me lo pedían para las comuniones, para los cumpleaños de sus amigos... un hit familiar, los chiquillos le cambiaban la letra, en vez del osito Winnie the Pooh, decían “buidi di pi”, por ejemplo, y así todo, como lo hicieron ellos, en plan galimatías.

P. Tenías que haberle dado los derechos de autor a tus hijos.

R. (carcajada) ¡Sí, hombre; si le doy a mi hijo los derechos de autor por decir “buidi di pi” es para colgarme, vamos!

Cuando escuchamos Aserejé ya terminada, con la base rítmica de Tino di Geraldo, tío, todos en el estudio supimos que eso iba a ser un éxito

P. ¿Y entonces conoces a Las Ketchup, no?

R. Es que las cosas salen así, cuando se alinean los planetas, como si no tuvieran sentido. Luego les buscas un significado; pero hay cosas, éxitos, que no sabes ni cómo ni por dónde vienen. Conozco a Las Ketchup y me presentan una libreta como ésta (señala un bloc de anillas del periodista) donde pone en una hoja “Socorro, me persigue un chulo”, en otra, “Lánzame los trastos, baby” y en otra, “Cucha las payas”... letras nada más. Y les digo a ellas, me acuerdo que estábamos sentados en un bar de Ciudad Jardín, “a ver, cantádmelas un poquillo”, y me dice Pilar, una de ellas: “no tienen música, nosotras las rapeamos”. “Ah, pero no cantáis”. “No, aquí la que canta un poco es Lucía”. Así fue el principio. A mí, la verdad, ya me habían gustado las letras, tenían rollete.

Aunque era un tema muy tonto, el 'Aserejé' tenía transgresión

P. Y decides producirles un disco.

R. Yo acababa de producir el álbum Ciudad de las ideas, de Vicente Amigo. Un trabajo muy intenso, complejo, metido en el estudio un año entero y necesitaba meses para desconectar. Y se me ocurre que ya está bien de producir discos con Sony o con Universal y me dije “ahora voy a montar mi propia compañía y voy a sacar el disco con estas chicas”. Vi un producto fresco y pensé que era el momento para tres meses de cachondeo y nos relajamos un poquito. Todo iba bien, estaba quedando bien pero me faltaba un single, un tema que rompiese, y me acordé del puñetero estribillo... si esto ha sido un éxito familiar vamos a ver si lo ampliamos. Y me inventé una letra de un tipo que iba por los bares y escuchaba su canción favorita y se ponía a bailar y tal... Y lo grabamos. Mira, no se me olvidará en la vida: cuando la sentimos de verdad, cuando la escuchamos ya terminada, con la base rítmica de Tino di Geraldo (uno de los mejores percusionistas de este país y de otros), tío, todos en el estudio supimos que eso iba a ser un éxito. Le metimos cosas subliminales, un poco de Carmen, de Bizet, al principio, un riff que recordaba un canción de Grease en un momento... vimos que podía ser algo grande, que pudiera identificarse en cualquier parte del mundo. Bueno, ahí está. No le hizo falta ni promoción. En la primera feria de aquí, ya reventó, sin televisión ni nada.

P. ¿Y lo del bailecito?

R. Lo del bailecito, ni te cuento. Me dice un tío de Sony Music: “vamos a una convención a Miami y deberíamos tener un vídeo para que allí las vean”. Bueno, pues nos vamos a mi estudio, que tengo una camarita semiprofesional, pongo dos focos y les digo a las chicas “eah, vamos a cantar esto y os movéis un poco a vuestra manera”. Y una me dice que va hacer no sé qué con las manos, la otra que se a poner la palma en la frente un poco como Rosario Flores... un pollo, vamos. Total, que les dije que se olvidaran de las estrofas y que se centrasen sólo en un poco de conexión entre ellas durante el estribillo. Dicho y hecho: lo clavaron a la primera. Yo me quedé... en fin, vamos a mandar el vídeo. Me llaman dos o tres días después y me dicen: “¡Tío, todo el mundo baila esto!” Son cosas inexplicables; pero es que el embrión estaba muy bien cogido. Y la vuelta al mundo, en Colombia sale y dice que la canción habla de hacerse el hereje, otro desde Oslo dice que el significado tiene que ver con el eje que mueve el mundo... en internet se publicaban decálogos sobre los ingredientes que tenía para ser un éxito... Transgresión, creo yo. Aunque era un tema muy tonto, tenía transgresión.

P. Por no hablar de los paseos que se dieron las chicas.

R. El primer año fue increíble. Actuaron en el barco privado de un príncipe de Egipto en el Nilo, estuvieron en todas partes. Tengo una grabación en casa de una actuación en China con 300.000 chinos bailando en la plaza ésa roja de China (sic), una cosa espectacular... Esas cosas las contaré a mis nietos y me dirán: “que te acuestes ya, abuelo” (risas).

Teníamos el éxito, pero nos quedamos sin artistas. Las Ketchup hasta se negaron a ir a la gala de los Grammys

P. ¿Y qué pasó después?

R. Mira. Aquel fue uno de los mejores veranos de mi vida porque pasó el tren de la fortuna por delante nuestra y nos subimos. Pero ellas decidieron bajarse en la parada siguiente. Con lo cual, el verano fue agridulce. Teníamos el éxito, pero nos quedamos sin artistas. Si hasta se negaron a ir a la gala de los Grammys. Tommy Mottola (jefe de Sony Music) me llamaba y me decía que les ponía un avión privado, que cómo no éramos capaces de montar a las cuatro chicas y mandarlas para Los Ángeles. Nos llamaron, poco más o menos, algo así como catetos. No quisieron ir porque se casaba su hermano y se iban a perder cinco o seis horas de la boda. Increíble. Si Las Ketchup van a esos Grammys en pleno lanzamiento por Estados Unidos, nosotros vendemos tres veces más que Macarena. Así que nos dijeron que se acabaron Las Ketchup. Cogieron en Japón a cuatro niños cantando el Aserejé en una especie de Operación Triunfo, en Egipto a otros cuatro chavales...

P. ¿Eso lo hizo Sony por su cuenta?

R. Claro. Esos miles de discos podía haberlos vendido mi compañía, pero no. A mí, como autor, me vino bien, porque el tema seguía rodando; pero no es lo mismo. De hecho, diez años después, todavía estamos de pleitos con Sony.

P. ¿Pero luego no vino Eurovisión con la canción Bloody Mary?

R. Sí; hicimos de tripas corazón y tuvimos que terminar el contrato firmado con Sony. Pero Las Ketchup y yo ya no nos tratábamos. Yo entraba en el estudio, me salía y entraban ellas a grabar las voces, luego volvía a entrar yo, corregía y editaba. Eso ya no funcionaba.

P. Bueno, cerremos el capítulo Ketchup ¿En qué andas ahora?

R. En una cosa muy bonita: queremos inaugurar en julio la primera escuela-piloto de producción artística y canto. De todo tipo de canto. Hacer un modelo de franquicia y con la primera escuela en Córdoba. Nuestra intención es tener unas 50 por toda España en los próximos tres años.

P. ¿Será de toda clase de instrumentistas?

R. No. Básicamente de canto, pero con distintas disciplinas y formaciones: líderes de banda, coros, grupos vocales...; pero con un tipo novedoso de enseñanza. Yo conozco las escuelas de canto y son métodos muy aburridos, con muchos ejercicios de repetición, muy anticuado. Hemos diseñado una nueva forma con gente muy buena, con Miguel Manzón, que ha estado en varias ediciones de Operación Triunfo, con Liliana Aracil, que es la profesora de Pastora Soler. Hemos inventado un tipo de educación para que los niños se lo pasen bien. Ira enfocado a chavales de entre 6 y 15 años, principalmente, pero vamos a darle clase a todo el que quiera. Nuestra intención es preparar artistas para que nos nos pase como con Las Ketchup: enseñarles desde cómo tiene que elegir un nombre artístico a como hacer una promoción o comportarse en una entrevista. Y, por supuesto, tecnológicamente muy avanzada para aprovechar las nuevas tecnologías, para conectar las diferencies franquicias, para que, por ejemplo, David Bisbal dé una masterclass on-line desde Miami o que los chavales compartan clases y ejercicios entre las franquicias por Skype. Los chavales hoy en día manejan iPads, móviles... pues aprovechar eso.

Queremos inaugurar en julio, en Córdoba, la primera escuela-piloto de producción artística y canto, con un modelo de franquicias

P. ¿Y dónde estará la primera escuela?

R. En un local estupendo que era de Caixanova, frente al Hotel Córdoba Center. Un sitio espectacular. En un mes estará terminado.

P. ¿Tiene nombre?

R. Se va a llamar Yo canto. Con una imagen corporativa muy guapa, brutal.

P. De nuevo el Queco emprendedor...

R. Claro. Es que de esto no hay. Y existe demanda con programas tipo La Voz. Un niño lo que quiere es cantar, no aburrirse. Pues que cante y luego lo vamos corrigiendo. Allí habrá estudios de grabación de audio y vídeo, usarán las redes sociales para comunicar sus actuaciones, sus pruebas, sus avances, subirlas y compartirlas. Detrás habrá editoras, contaremos con Universal... el proyecto es muy interesante.

P. Claro, haciendo un símil futbolero, estás hablando de la Champions; pero existen las categorías inferiores. Me refiero a las orquestas de feria, los contratos cutres en los pueblos... ¿tú has pasado por eso?

R. Yo, afortunadamente, no; pero todos sabemos que existe. Representantes que se pegan bocados por conseguir ir a tal feria, concejales que se meten por medio. Eso siempre ha existido, yo nunca he querido meterme; ahí sí que se pasa mal.

Siempre hemos quedado en la Mezquita, no en la Catedral; en algunas canciones mías se dice Mezquita, nunca Catedral

P. Por finalizar señalando, de nuevo, tu implicación con la ciudad ¿qué te parece la polémica creada en torno al asunto de la titularidad, gestión y nomenclatura de la Mezquita-Catedral?

R. Ahí estoy. Implicado. Es que esas cosas no están bien, es quitarte tu identidad. Siempre hemos quedado en la Mezquita, no en la Catedral; en algunas canciones mías se dice Mezquita, nunca Catedral. Eso no lo debe consentir la ciudad de Córdoba, hay que pelear como sea. Es que no se trata ya de religiones, sino de convivencia, como siempre nos han inculcado. Me parece que lo de la Iglesia es pasarse.

P. De hecho, en la Noche Blanca del Flamenco ha habido actuaciones con el Patio de los Naranjos como escenario...

R. ... y se seguirá; este año actúa allí la Niña Pastori.

P. Supongo que organizar eso nunca habrá sido sencillo ¿verdad?

R. Nunca. Recuerdo que en la primera edición revisaron las letras para que ver qué contenido llevan, te dicen que, a ser posible, no haya bailaoras...

P. ¿Cómo?

R. Sí, sí, como te lo digo. Se ve que eso no va muy bien con la Iglesia... será que las bailaoras levantan mucho la falda, no sé. Es horrible que te revisen letras o contenidos por si es contraproducente para sus creencias. Yo creo que en el siglo en el que vivimos es casi una ofensa para los artistas. No sé ni como llamarlo. Creo que ya están un poco más permisivos; pero en la primera se hizo allí el espectáculo La palabra de Dios a un gitano; bueno, pues por decir “a un gitano”, revisaron todas las letras. No avanzamos, tío, no avanzamos.

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