Juan Antonio Merlos: “No me gusta que a la Feria se vaya en bermudas y camiseta”

Juan Antonio Merlos. | ÁLVARO CARMONA

Llega Juan Antonio Merlos (Baeza, 1963) exquisitamente puntual a la cita en una cafetería a media tarde en un barrio del poniente de Córdoba. Pantalón beige, blazer azul marino y corbata. Se pide una tónica y saluda con familiaridad al camarero. No cabe duda, es un hombre de orden: es fiscal. Y casetero tradicional. Y le gusta la Feria. Con orden. El periodista recuerda aquel verso de Alberti que hablaba de las cosas ordenadas: el barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Pues también hablaremos de caballos con el señor Merlos.

Pregunta. ¿Usted es el típico chaval de un pueblo de Jaén que se va a estudiar a Granada?

Respuesta. Sí. Como tantos en mi generación. Estudié Derecho en la Universidad de Granada.

P. ¿Con vocación?

R. Sí. Me entusiasma. Soy un enamorado de mi profesión. Después hice las oposiciones a fiscal, que es mi trabajo.

P. ¿Y no le tentó la docencia, dar clase?

R. Sí. He sido docente durante siete años: profesor de Derecho Civil y Derecho Romano. Me entusiasma y no descarto volver. La enseñanza es una experiencia muy gratificante, enriquece mucho el contacto con los alumnos.

La mejor terapia después de ver de todo en el juzgado es darse un paseo por Sierra Morena a caballo. Te carga las pilas

P. Pero de momento, es fiscal. Una cosa seria.

R. No se conoce bien la figura del fiscal. Es un abogado de la sociedad, una cuestión de mucha responsabilidad. Trabajamos codo con codo con el juez de instrucción, aplicando un principio de responsabilidad. Nosotros solemos decir que “preferimos un culpable en la calle que un inocente en la cárcel”.

P. Parece una labor difícil y poco visible para su importancia...

R. Es que muchas veces los medios de información desinforman.

No se conoce bien la figura del fiscal

P. Vaya hombre...

R. Sí. Se lo explico muy fácil: es que un fiscal es, como le decía, un abogado de la sociedad, no un inquisidor.

P. Sin embargo, en las películas el fiscal es un personaje interesante.

R. En las pelis, el fiscal suele ser el tonto y el malo. Ridiculizan al fiscal. Nunca es Robert Redford. De todas formas, un fiscal americano es muy diferente a un fiscal europeo. Allí el sistema de acceso es una cuestión política. Aquí es por una oposición muy dura, con una competencia muy técnica, muy profesional.

P. Eso nos da para hablar de la división de poderes: el ejecutivo, el legislativo, y el judicial.

R. Creo en la separación de poderes. Habría que evitar la injerencia de un poder en otro. Hay que establecer mecanismos para que eso no ocurra. Hay que establecer criterios que eviten la injerencia. Pero, tal y como estamos, no parece cosa sencilla.

P. Luego aparecen los llamados jueces estrella. ¿No es eso un exceso de personalismo?

R. Huimos de los jueces estrella. Creo que hacen mucho daño. Los jueces deben hablar en sus sentencias. Los fiscales, en nuestros informes. Es preferible hacer una labor callada y huir de las estrellas.

P. Usted ejerció de fiscal en el caso del juicio a los Hermanos de la Cruz Blanca. ¿Fue complicado?

R. Para mi este asunto en lo personal ha sido el más duro de mi carrera porque las víctimas que aparecían en el sumario eran personas desvalidas, que no podían valerse por si mismas. Muy vulnerables. En esos momentos hay que dar lo mejor de uno mismo como fiscal. Había indicios... Son las reglas del juego... Pero, sí; sin duda es lo más duro que he llevado.

Nosotros solemos decir que "preferimos un culpable en la calle que un inocente en la cárcel"

P. Tras casos así, después de horas en la audiencia ¿Cómo es un fiscal cuando llega a casa?

R. Yo duermo con la conciencia tranquila. El juez condena, nosotros decidimos quién se sienta o no en el banquillo. Son decisiones importantes, pero dormimos a pierna suelta porque la decisión que tomamos es justa, muy profesional. Una decisión, sobre todo, tomada con imparcialidad.

P. ¿Y no son ajenos a lo que pasa en la vida real?

R. Yo le invitaría a que se viniese con nosotros. Que se pase un día haciendo lo que hacemos. Tenemos un termómetro de cómo está la realidad; por el juzgado de guardia pasa todo y de todo: personas en la calle, que se han quedado sin casa... de todo tipo. Hay muchas personas desvalidas, con quien nadie quiere tener relación. Afrontamos mil tipos de problemas, no sólo jurídicos, sino sanitarios, sociales... y todo pasa por ahí.

P. ¿Es como estar en medio de todo?

R. Sí. Somos un eslabón de la cadena.

P. ¿Y se quejan de las carencias en la administración?

R. Sí, nos quejamos de la falta de medios. No podemos desarrollar adecuadamente nuestro trabajo. La Justicia ha sido la cenicienta. Compare los medios que tiene Hacienda, por ejemplo y los que se destinan a Justicia. Hay que hacer una reflexión sobre por qué tan pocos medios... ¿es que no interesa? ¿no es rentable?. No se ha entendido que es un servicio público. Es difícil trabajar así. Pero mis compañeros trabajan por encima de cualquier ratio. Si la media es de 500 sentencias al año, ellos tramitan 800. Trabajan mucho y eso no se sabe. Es un esfuerzo ímprobo.

En las pelis, el fiscal suele ser el tonto y el malo. Ridiculizan al fiscal. Nunca es Robert Redford

P. Bueno, es primer domingo de feria. Tiempo de ocio. Sabemos que a usted le gusta la Feria. ¿Por qué se creó la Asociación de Casetas Tradicionales?

R. Sí, me gusta mucho la Feria y soy socio de la caseta Salmorejo y perejil. Pero pensamos que la Feria se estaba desnaturalizando. Que esta no era la Feria que queríamos dejarle a nuestros hijos. Se estaba convirtiendo en una gran verbena, en un botellón. Por eso creamos la asociación. Porque creemos en una Feria de la que podamos sentirnos orgullosos, que sea un buen escaparate de la ciudad, donde se degusten bien los vinos de Montilla-Moriles, que son un Patrimonio de la Humanidad...

Yo duermo con la conciencia tranquila

P. ¿Pero es que eso no ocurre?

R. Lo que no nos gusta es que vaya gente en bermudas, con camisetas con leyendas... (se piensa el adjetivo) innombrables, en chanclas... La camiseta es para hacer deporte. Nosotros concebimos la feria de otra manera. No es incompatible el progreso con el respeto a la tradición. Lo tradicional y lo popular no es igual a lo chabacano o lo vulgar. Muchas veces pensamos que lo tradicional es igual a elitista. No. Somos personas de casetas diferentes, de ideologías diferentes; pero nos une un concepto de Feria.

P. ¿Y a qué le llaman vulgar?

R. Pues, por ejemplo, que no se mime el aspecto de las casetas, que no se mime el paseo de caballos, las costumbres, que se conviertan en discotecas, que la caseta no sea una prolongación de su casa...

P. No a las discocasetas, supongo.

R. Que haya una, no cuarenta.

P. ¿Por qué esa obsesión por lo que llaman “tradición”?

R. Entre otras cosas, es que detrás de lo nuestro hay muchos puestos de trabajo. Cuando decimos que vayan con trajes de gitana, apostamos por diseñadores, por modistas. Cuando queremos dignificar el paseo de caballos, hablamos del veterinario, del que vende paja, los mozos, el que hace las guarniciones... detrás de ese mundo hay riqueza.

P. Detrás de las camisetas también habrá trabajo, diseñadores...

R. Supongo.

P. Aquí siempre se ha hablado, como distinción, de una Feria “abierta”. ¿No será esa nuestra “tradición”?

R. Después de veinte años, el recinto ferial, como todo en Córdoba, es eternamente provisional. Seguirá eternamente provisional. La Feria debería ser como la de La Victoria: había casetas de todo tipo, públicas, semipúblicas, institucionales... de todo tipo. No es cierto que fueran todas abiertas. Nosotros respetamos la pluralidad. No es que todas fueran públicas. Era un modelo diferente.

Nosotros concebimos la feria de otra manera. No es incompatible el progreso con el respeto a la tradición

P. Pues les acusan de imitar, simular a Sevilla o Jerez.

R. No, no, no. Eso lo dice gente de forma torticera. Me encantan las dimensiones de las casetas en Córdoba. De todo tipo. Unas cierran otras no. Eso se ha dicho de forma maliciosa. Nosotros queremos un sistema como el de La Victoria. Plural. Caseta abierta, pero abierta con el dinero de todos los cordobeses. Hay mucha hipocresía detrás de ese concepto de feria abierta. Abierta, pero con el dinero de todos. Cuando uno la abre particularmente, cambia el concepto. Eso es hipocresía al fin y al cabo.

P. ¿Cómo se han llevado con los diferentes gobiernos municipales?

R. La asociación, que fue la primera, nació para luchar por y para la feria. Todo lo demás nos da igual. Queremos un recinto digno, en condiciones, con buen arbolado, con alcantarillado para que cuando llueva no se convierta en un barrizal. Distribuir mejor los espacios, darle un lugar digno a los caballos...

P. En esto se parecen a la otra asociación.

R. No, no. Algunas demandas han sido atendidas, otras no. Tuve mucha relación con Marcelino Ferrero y Rosa Candelario [exconcejales de IU], menos con Caracuel [actual edil de Ferias, Festejos y Tradiciones Populares]. Han terminado siendo amigos míos. Con Marcelino acabé casi teniendo síndrome de Estocolmo, de tanto que nos veíamos y hablábamos. De hecho ya hemos quedado en mi caseta. Tengo una relación fantástica.

Pensamos que la Feria se estaba desnaturalizando. Que esta no era la Feria que queríamos dejarle a nuestros hijos. Se estaba convirtiendo en una gran verbena, en un botellón. Por eso creamos la asociación

P. Pero, insisto, existe un gran colectivo que sigue abogando por el modelo de Feria abierta.

R. Mire, hay gente que aboga con mucha demagogia. Con todo el respeto al colectivo de las Peñas, hay personajes que, a mi juicio, representan todo lo peor de Córdoba. Una persona que dice “Feria abierta” y todos los actos que organizan son con subvenciones, que hace declaraciones machistas, que en sus peñas sólo pueden acceder los socios... todo eso va en su contra. Estos personajes no dan para mucho. Hay que luchar por Córdoba, para nuestros hijos... si a todo lo que se dedican es a jugar al dominó y hacer un perol en el día del peñista, realmente eso no es una imagen que deberíamos dar de Córdoba. Son personajes obsoletos, mantenidos no sé muy bien por qué. Venden un subproducto, presionan al político no sé por qué.

Como decía un amigo “asustao y en la cárcel no se puede estar”: hay que tomar decisiones.

Mis compañeros trabajan por encima de cualquier ratio. Si la media es de 500 sentencias al año, ellos tramitan 800

P. También hay gente que sospecha del terreno, que no se adecente del todo es como si se pudiera especular con él.

R. Yo lo desconozco. No entiendo de venta de terrenos o de permuta, lo desconozco. Lo que sí sé es que una fiesta como la Feria, que reúne a un millón de personas, no puede tener un recinto eternamente provisional. No hay un buen sitio para los enganches, los caballistas, los árboles no crecen... Invirtamos en él. Que no pasen otros veinte años sin que se haga nada. Hay que tomar decisiones.

P. Hábleme de su relación con el mundo del caballo.

R. Soy presidente del Club Hípico de Córdoba. Mi vida siempre ha girado alrededor de los caballos. Mi mujer y mis hijos son cordobeses, y después de 25 años en Córdoba, me siento cordobés. La siento y soy un apasionado de la ciudad y de los caballos.

P. ¿Desde siempre?

R. Sí. En Baeza había una sección del depósito de sementales de Córdoba. Aprendí a montar. Tengo que decir que “caballo” no es igual a “señorito”. En este mundo hay niños, mayores, gente de todo tipo de nivel económico, de todas las profesiones. El mundo del caballo une. Es un mundo maravilloso. La mejor terapia después de ver de todo en el juzgado es darse un paseo por Sierra Morena a caballo. Te carga las pilas.

Con todo el respeto al colectivo de las Peñas, hay personajes que, a mi juicio, representan todo lo peor de Córdoba

P. ¿Cómo ha sido, a su juicio, la relación de Córdoba y el caballo?

R. Ha sido lamentable que, por ejemplo, que Caballerizas Reales, el templo del caballo, la cuna del pura raza español haya estado cerrado tanto tiempo. Afortunadamente, ahora la labor de Córdoba Ecuestre es magnífica contribuyendo a extender el nombre de Córdoba por Viena, Roma, Francia. Es un sector que puede generar mucha riqueza. Ahora soy optimista, se potencian centros hípicos... Hace falta que ahora nos entendamos, ir juntos, de la mano, con una finalidad única.

P. ¿Pero es una realidad o tiene algo de forzado, de inventado?

R. No, no: es una realidad, una cosa enraizada. No hemos sabido reflejar el potencial. Ahora sí; por ejemplo la revista de Casetas Tradicionales ha redescubierto la realidad de las amazonas; eso es lo que hay que hacer, darle proyección a estas cosas, ir todos juntos. Sumar no restar.

P. Por cierto, el último número de la revista ha desatado la polémica al dedicarle un artículo al rejoneador Cañero, para muchos una figura controvertida, un represor franquista.

R. Mire, como un fiscal, hay que presentar pruebas. Muchas de esas manifestaciones deben acreditarse. Todos son sospechas, no es prueba de nada. Que ha sido represor, que presenten pruebas documentales. No estoy de acuerdo. No se ha documentado. En el bando republicano se agradece que evitó más muertes. No quiero entrar en lo político. Los fiscales no entramos en eso. Me centro en la figura del califa del rejoneo. Una que figura que glosan Gómez de la Serna o Manuel Machado, un personaje impresionante, respetado fuera de nuestra fronteras. Pasa lo que siempre nos pasa. Yo suelo decir que Córdoba no necesita enemigos, los tenemos dentro.

P. ¿Pero no sabe en qué bando estaba Cañero?

R. ¡Yo qué sé! ¡No había nacido! [Irónico, se ve que el tema le molesta]. En la República había partidos de derechas y de izquierdas; si hasta hay quien se define como republicano de Don Juan Carlos...

Después de veinte años, el recinto ferial, como todo en Córdoba, es eternamente provisional

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