Carmen García 'Koski': “El mayor premio de las mujeres es que nos miren como un grupo más”

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La iluminación es diferente a la habitual. Es más colorida, más alegre. Permite adivinar que éstas son fechas festivas. En la calle todo permanece en calma aún. Sin embargo, minuto a minuto el murmullo crece. Cada vez son más las personas que acuden a las puertas de acceso. En el interior, lentamente el patio de butacas comienza a llenarse. Ella, la pregonera de este año, llega a grandes pasos. Se retrasa levemente sobre la hora fijada para la cita y pide disculpas. Sonríe, como le gusta ver hacer a los demás desde el escenario. Es Carmen García, aunque es conocida por todos como Koski. Y es una de las grandes protagonistas del Carnaval de 2018, a pesar de que su grupo no participa en esta ocasión en el Concurso de Agrupaciones.

Sentada a la luz de las bombillas de un camerino, abre las puertas de su intimidad. La que se puede narrar, claro está. Habla como piensa y piensa siempre antes de hablar. Al tiempo que responde cada pregunta, los grupos que actúan esa noche en el Teatro Góngora ensayan por vez última en la sala Polifemo. Se les escucha a lo lejos y dan el toque definitivo a una entrevista que se torna de repente en un diálogo distendido, sin destino fijo y con cambios de rumbo. Al final, lo importante es que apenas nada queda en el tintero.

Carmen García García (Córdoba, 1982) es una de las más destacadas personas del Carnaval presente de Córdoba. Si bien no se considera pionera, gracias a su decidido trabajo la mujer tiene una presencia respetada en el Carnaval de Córdoba. Un hecho logrado a base de esfuerzo y voluntad, que viene a ser un homenaje a quienes en su lucha le precedieran y aquellas que llegaran después. Con sólo 35 años cuenta con un bagaje de 20 como autora y directora, desde que en 1999 impulsara una chirigota conocida como la de Las Niñas -‘Ni casa sosegada ni nada’ en su primer año-. Ahora, tanto ella como su grupo viven la fiesta desde fuera, tras un adiós en 2017 por todo lo alto. La llamada de la maternidad llama a muchas de sus componentes. Eso sí, el próximo sábado, 10 de febrero, Koski es la encargada de anunciar la celebración.

PREGUNTA. Es curioso. Te toca pregonar el Carnaval el año después de tu adiós.

RESPUESTA. Vaya. Es una muy grata sorpresa, pero también una gran responsabilidad.

P. En esto del Carnaval en realidad, ¿ninguna despedida es para siempre, no?

R. No, espero que no. Yo no quiero que sea para siempre. Pero es lógico, porque las obligaciones, el trabajo y la familia te crean una responsabilidad por la que no puedes prestar atención al hobby, porque esto no deja de ser un hobby.

P. ¿Cómo se vive el Carnaval desde fuera?

R. Se vive con mucha más tranquilidad, pero se echan mucho de menos los ensayos. En los ensayos te juntas con 15 amigas y vas a reírte, y eso siempre es una terapia. Pero también se vive más tranquilo.

P. Dentro de esa calma, ¿qué es lo peor, lo más complicado lejos del escenario?

R. A ver, se vive con nostalgia. Sí es verdad que con la edad, aunque tampoco es que seamos muy mayores, llevamos un ritmo de vida distinto y se agradece poder llegar a tu casa y no tener que irte a las nueve de la noche, etcétera. Son ciertas cosas que antes no te importaban, pero ahora sí. Supongo que será por eso, por el ritmo de vida. Se vive mal, sobre todo cuando llegan estos días. Cuando llegan los días de Concurso y los ensayos generales tienes la espinita y dices: “¡Jo, qué pena!”.

P. Comentabas antes que el Pregón es una responsabilidad. ¿Lo sientes más de ese modo o más como un privilegio?

R. Hombre, cuando me lo propusieron fue emocionante, porque jamás pensé que me iban a proponer algo así. Tampoco me considero… Es verdad que hemos luchado para tener un hueco, pero tampoco como para llegar a ser pregonera. Me lo tuve que pensar, porque yo me dedico a cantar (flamenco) aparte de la chirigota, y decía: “Yo puedo cantar todo lo que tú quieras, pero a la hora de hablar, y delante de tanta gente…”. (Ríe). Al final me convencí de que no podía decir que no, porque esto no se va a volver a repetir.

P. ¿Es más complicado entonces para un carnavalero hablar que cantar?

R. Mucho más. Al menos para mí lo es. Es mucho más difícil.

"A mí me han elegido pregonera, pero esto es un premio para la mujer del Carnaval"

P. Llevas ligada al Concurso dos décadas. Si miras atrás, ¿crees que te quedó algo pendiente, algo sin decir o hacer?

R. No, yo creo que se ha quedado todo dicho y todo hecho. De hecho, fíjate ahora la recompensa. Siempre dicen que hay una recompensa después de una larga lucha. Yo creo que la nuestra es ésta. A mí me han elegido pregonera, pero esto es un premio para mi grupo y para la mujer, en sí, del Carnaval. Entre todas, no sólo nosotras, hemos conseguido nuestro mayor premio: que nos miraran como un grupo más, sin mirar el género.

P. Y en todo este tiempo, ¿no has tenido el deseo o la ilusión de ir a Cádiz?

R. Por supuesto, esa espinita se va a quedar siempre. Lo que pasa es que ir a Cádiz sí que es una responsabilidad, porque el de Cádiz es un concurso en el que hay una calidad exquisita. A Cádiz puede ir cualquiera, ahí no me voy a meter, pero a mí, personalmente, me habría gustado ir con un buen grupo. Y si sacarlo aquí te cuesta la misma vida, imagínate para ir para allá. Eso es una espinita que se nos ha quedado a todas, irnos a Cádiz. Pero nunca se sabe, a lo mejor cuando seamos un poquito más mayores nos juntamos y digo: “Vámonos a Cádiz”.

P. Hablas de la dificultad de sacar un grupo adelante. Quien no conozca de cerca el Carnaval pensará que es cuestión de dos días, y es más complicado.

R. Es complicado. Date cuenta que hay que pensar un tipo, un disfraz. Eso vale dinero y hay que sacarlo de donde sea. Hay que ensayar un repertorio compuesto por una presentación, seis pasodobles, seis cuplés y un popurrí, y hacer que las voces suenen compactas. A todo esto, si eres una chirigota, súmale que seas gracioso. Eso es lo más difícil del mundo, hacer reír. Es muy complicado. Los grupos estamos prácticamente todo el año. Acaba un Carnaval y ya estás maquinando para el que viene.

P. Tú das el salto al Carnaval por la vía familiar. ¿Sin Antonio Capuchinos (su padre) habría existido la Koski chirigotera?

R. (Ríe). No lo sé, a lo mejor no. No sé. Creo que me gusta antes de nacer porque ya estaba mi padre. Bueno, y mi abuela. La madre de mi padre era muy carnavalera también. O sea, que me viene de rama antigua. No sé qué decirte, a lo mejor no me habría gustado.

P. Por cierto, tu abuela fue de esas personas que tuvieron que pisar un calabozo por el simple hecho de disfrazarse.

R. Sí, además tengo que recalcar que eso fue una semana antes de morirse, porque ella tenía cáncer. Pero fíjate tú qué estado de ánimo, qué alegría. En los tiempos en que se vivía y de aquella manera… Mi abuela era una sinvergüenza, como mi padre y como yo. (Ríe con ligera emoción).

P. Me surge en este punto una duda. ¿Es más complicado ser carnavalero sin todos esos lazos?

R. No, yo creo que no. En mi grupo hay mucha gente a la que le ha empezado a gustar el Carnaval ya de mayor. Hay personas que en su casa nadie lo ha vivido y les encanta, y son fanáticas y salen en grupos. Eso no tiene nada que ver. Simplemente que cuando naces con esto lo vives desde chico y hay gente que lo vive ya desde más mayor. Pero esto es como lo que dicen del flamenco: “Es que para esto tienes que nacer”. Pues sí, a lo mejor con eso tienes que nacer con el pellizco, pero en esto no. Si te gusta, te gusta; y si no te gusta, no te gusta.

"A la vista de los demás siempre hemos sido gente barriobajera; no somos unos tiraos"

P. A tu abuela, por cierto, le tocó vivir sin libertad. De eso se dice siempre que es la fiesta el Carnaval. ¿Cree que vivimos buenos tiempos en ese sentido?

R. No. Hay gente a la que no le gusta, y todo es respetable. Es verdad que a la vista de los demás siempre hemos sido un mundo de gente barriobajera, cuando realmente no es así. Tanto aquí como en Cádiz hay autores con carreras (universitarias). Coño, que no somos unos tiraos, que siempre se nos ha tratado de eso, de borrachos…

P. Todavía hoy se mantienen esos clichés.

R. Sí, por supuesto. Pero ya cada día menos, porque es tontería. Se está ampliando más. El Carnaval de Cádiz está traspasando fronteras, como quien dice, y en la parte de allí arriba la gente empieza a conocerlo, y le empieza a gustar. Sacar un grupo de Carnaval no deja de ser una obra de arte.

P. Se suele acusar a los carnavaleros de no tener cultura, de ser bebedores, de orinar por las esquinas… ¿Por qué se han podido dar esos tópicos?

R. No lo sé. Será por la palabra Carnaval, porque eso pasa en Semana Santa y pasa en Feria. Eso pasa, creo yo, en todas las fiestas populares habidas y por haber. En San Fermín todo el mundo mea por la calle, todo el mundo se emborracha.

P. ¿Pero es una generalización también, no?

R. Sí, claro. Y se seguirá viendo. Sobre todo para la gente más mayor, a la que no le gusta este mundo.

"La guerra que tenemos contra el Carnaval es falta de respeto"

P. Ya que mencionas la Semana Santa, y sé que no eres cofrade, ¿por qué crees que siempre existe tensión entre esa tradición y el Carnaval?

R. Creo que el problema está en la falta de respeto, tanto de unos como de otros. Yo, por ejemplo, no soy cofrade, como bien has dicho, pero lo respeto. Es algo que a la gente le gusta, hay personas que se emocionan mucho. Eso lo respeto. Creo que esa guerra que tenemos contra el Carnaval es falta de respeto. Tenemos que aprender a respetarnos unos y otros. Lo que pasa es que eso es muy complicado, porque todo el mundo no piensa igual que yo. Hay gente que dice: “¿Carnavaleros aquí? Estamos en Cuaresma”. Es verdad que muchas veces nos hemos metido en Cuaresma, pero es que tampoco pasa nada. Digo yo, vamos. Nosotros hemos estado cantando en un escenario y ha pasado un paso. O, a lo mejor, yo he trabajado en agosto en un tablao (flamenco) en la Mezquita y no he llegado a tiempo a mi trabajo porque había un paso pasando por la puerta. Pero bueno, a ver, nos aguantamos porque es lo que hay. Tampoco vamos a tirarlo todo por tierra.

P. Regresemos a tus inicios en el Carnaval. Entraste con tu grupo en 1999 y entonces la mujer estaba aún muy poco integrada en la fiesta. ¿Sentiste temor antes de pisar el escenario?

R. No. ¿Por el hecho de ser mujer? El primer año eso casi ni lo noté. Me propusieron salir en un grupo, a mí me encantaba y salí para adelante. Sí que lo empecé a notar el año siguiente, cuando vimos desprecios, comentarios feos, como dando a entender que aquí vosotras sobráis. Eso lo hemos tenido que sentir en muchas ocasiones.

P. ¿Era entonces un entorno machista?

R. Sí, era un mundo de hombres. La mujer en el Carnaval era la modista, la sultana, la novia, la maquilladora… Y ya está. Sí es verdad que antes que yo, y que Sonia (Esquinas), ha habido grupos femeninos; no íntegros, pero los ha habido. Pero claro, siempre con un trato… Si de por sí se ve el Carnaval como gente vulgar, imagínate a una mujer que sale en Carnaval. ¡Puf! Eso era horrible. De hecho, mi madre sufrí mucho con eso. “Porque las mujeres en el Carnaval… es que son muy ordinarias”, me decía. Pero, ¿por qué? No. Lo que pasa es que es verdad que para nosotras a la hora de hacer gracias es distinto. Un hombre te dice en una frase “cipote” y te hace gracia. Te hace gracia por la manera en que se dice. Pero si lo decíamos nosotras era ordinario. Nosotras teníamos que luchar también con eso. Era complicado.

"Hemos tenido en muchas ocasiones esa sensación de aquí vosotras sobráis"

P. Con ese panorama, ¿cómo fueron los primeros años?

R. Nosotras salíamos aquí por amor al arte. Sabíamos que no íbamos a avanzar. Pero el amor a la fiesta era mucho más grande que eso. Entonces, nosotras ensayábamos igual que todo el mundo y realmente nuestro premio, nuestras puntuaciones, era el público en ese momento. Porque nosotras sabíamos que no íbamos a subir de un octavo o un noveno puesto. O sea, si había diez grupos el nuestro era el noveno, por no decirte el décimo en puntuaciones. Los primeros años siempre son difíciles, porque no es un grupo bueno. Pero sí es verdad que con el tiempo se va creando un grupo bueno, con calidad… Nos hemos pegado muchos años saliendo por amor al arte.

P. ¿Piensas que todas esas barreras se han derribado ya?

R. Sí, hace mucho tiempo. De hecho, la mujer ha conquistado aquí un primer premio, y con diferencia de puntos. No es que digamos que justo… no, con una gran diferencia. Y eso para nosotras es un orgullo aunque la gente se empeñe en crear conflicto entre las mujeres, que eso es otra cosa. Esa guerra…

P. Ese conflicto que se intenta crear entre las mujeres…

R. (Interrumpe). Esa guerra la crea la gente, porque cuando nosotras nos enteramos de que había un nuevo grupo femenino dijimos: “¡Coño, qué bien! ¡Qué alegría, no somos las únicas!”. Y de hecho nosotras ese año no salíamos y decidimos echarles una mano a ellas. Es una relación normal, como con otras personas; con unas te llevas mejor, con otras peor… Pero la gente llegaba a tu ensayo y te decía: “Pues Las Nenas van mejor”. E iban al otro ensayo y les decían: “Pues Las Niñas van mejor”. Y yo les preguntaba que por qué no me decían cómo va aquel y cómo va el otro. Yo no estoy compitiendo con ellas, estoy compitiendo con todos. Entonces la gente crea una tensión entre nosotras que no ha existido nunca. A las niñas desea chirigota les tengo cariño y las admiro. Las admiro porque han conseguido la gloria. Eso es un premio para todas en general, pero la gente es muy mala.

P. ¿Quizá el Carnaval se mueve por egos o envidias?

R. Sí. Todos los concursos se mueven por envidia, y por egos. Hay gente que lo toma de una manera y gente que de otra, pero un concurso no deja de ser eso. Aquí todos venimos a ganar. Todo el mundo. Y prepararas un repertorio porque quieres ganar. Lo que pasa es que tenemos que ser consecuentes cuando nos presentamos con la calidad que llevan unos y la calidad que llevas tú. Hay gente que esa conciencia no la tiene. Ellos se creen los mejores, por encima de todo. Pues no, perdona. Tú tienes que ser consciente de lo que llevas. Ha habido años que nosotras era para matarnos y yo he dicho, este año olvidaos porque no vamos bien. Falta humildad.

"Todos los concursos (de Carnaval) se mueven por envidia, y por egos"

P. ¿Y cómo se consigue eso?

R. ¡Puf! ¿Eso cómo te lo explico yo? (Ríe). Yo creo que cada uno es como es, y eso sí que es verdad que no se puede enseñar. Yo siempre he intentado en mi grupo que seamos cordiales, diplomáticas, que no perdamos los nervios… que se pierden. Yo también los he perdido por, a lo mejor, un pase que no me ha parecido bien. “Pues me mosqueo y ya no salgo el año que viene”, pero eso es el momento. Luego te paras a pensar y dices: “Vamos a ver, párate un momento, vamos a ser realistas”.

P. Volvamos al papel de la mujer en el Carnaval. Después de vosotras vinieron muchos otros grupos. ¿Te sientes una pionera, o protagonista de un logro?

R. Pionera, pionera, no. Sí es verdad que no han podido con nosotras, que no nos han cansado. Hemos luchado nosotras más. Pionera, pionera es Sonia (Esquinas). Yo en el 99 salí con un grupito y los dos años siguientes salí de componente con Sonia, que era la directora. Hablo de Sonia Esquinas, que ella sí que ha sido pionera. Ella sí que ha tenido que aguantar vejaciones machistas a tope. Eso lo he vivido yo. A ella la cansaron, realmente. Ella dijo: “Mira Koski, que yo no puedo más, porque esto a mí me está creando un problema”. Me comentó, “sácala tú y yo te ayudo”. Fue ya cuando continuamos. Ahí estábamos un poquito más fuertes, como un poco más pasotas. Intentábamos defendernos en el escenario con letras, con pasodobles, que era cuando la gente realmente te iba a escuchar e iba a saber lo que estaba pasando. Pero pionera no, antes que nosotras hubo otros grupos femeninos. Nosotras lo hemos sido en mantenernos, hasta que las situaciones familiares y laborales no nos han dejado seguir. Pero no ellos, sino otras cosas.

P. Más allá de las críticas, ¿qué tipo de presiones se ejercía?

R. Mira, a nosotras nos dieron un año el premio al mejor grupo femenino y éramos las únicas. ¿Un premio muy poco satisfactorio, no? Si merezco un premio, lo merezco como todos, pero no me lo tienes que dar como mejor grupo femenino. Aunque hubiera tres grupos de mujeres, ¿por qué hay que clasificar el Concurso? Pues no. Por ejemplo, en el año 99 la chirigota de Sonia (Esquinas) pasó a la final. Fue el primer grupo (femenino) que lo consiguió, y yo estaba en el otro. Ese pase a la final costó caro, eh. Con insultos, y muy feos. Nosotras hemos tenido que aguantar por redes… Bueno, antes cuando existían las redes sociales estaban los foros del Carnaval, y ahí se decían muchas barbaridades.

P. ¿Cómo se supera todo eso?

R. A mí es que casi siempre me ha dado igual. Muy pocas veces me han hecho daño, porque te lo hacen cuando te dicen algo que es verdad. Pero cuando no es verdad, no te hacen daño. La gente que hacía esas cosas era un número mínimo de personas. Nosotras siempre hemos estado muy arropadas por los compañeros.

"Para cantar Carnaval no puedes tener sentido del ridículo y la mujer nace con él"

P. La situación es distinta hoy en día, pero todavía no se ve plenamente integrada a la mujer en el Carnaval. Parece que falta un paso más.

R. Creo que el problema es que no se atreven a salir. No sé qué pasa realmente, porque yo conozco a mujeres a las que les gusta el Carnaval muchísimo. Pero a lo mejor a la hora de salir en una chirigota pueden decir “me da un poco de reparo”. Es vergüenza, porque es verdad que para montarte en un escenario no puedes tener sentido del ridículo. Sobre todo para cantar Carnaval, porque te tienes que disfrazar de bailarina por ejemplo, con un tutú, y para eso no puedes tener sentido del ridículo. Y la mujer nace con el sentido del ridículo. Entonces, hay muy pocas mujeres que son capaces de hacerlo. Ojalá hubiera más.

P. Sin embargo, también se puede participar de otra forma. Como autora, por ejemplo.

R. Claro, como autora de música, o de letra. Yo creo que en Córdoba tampoco hay gran afición a eso. Habrá gente que sepa componer y sepa escribir, pero no lo habrán intentado para el Carnaval. También es que el Carnaval de Córdoba últimamente está un poco perdido de la mano de Dios, no sé qué pasa.

P. ¿Es el Carnaval, en este sentido, reflejo de la sociedad? Es decir, queda camino por recorrer hasta alcanzar la igualdad.

R. Sí, claro. Pero creo que eso va a existir siempre, porque eso es una cosa que no todo el mundo comparta. Hay un gran número de personas a las que les gusta el Carnaval, pero te dice: “Sí, pero a mí me gusta el de Cádiz, el de Córdoba no”. La gente de Córdoba somos así, lo nuestro lo tiramos siempre por tierra. Muchas veces lo digo, y no quiero polémicas con esto, pero si en Sevilla hubiera un Carnaval como el que nosotros tenemos, o hemos tenido, aquí, pues eso habría salido hasta en los telediarios. Lo que pasa es que los cordobeses somos muy derrotistas con nuestras cosas. Con todo. No sabemos lucharlo.

"La gente de Córdoba tiramos lo nuestro siempre por tierra"

P. Esa falta de lucha de la que me hablas, en una ciudad líder en paro, por ejemplo, ayuda poco…

R. Bueno, en eso ayudan un poco los de arriba también. (Ríe). Pero en el tema del Carnaval, nosotros mismos somos los que derrotamos la fiesta.

P. Hablas de lo que hemos tenido en el Carnaval. ¿Hemos dejado de tenerlo?

R. Sí. Aquí había un pedazo de Concurso, con fases de preliminares y semifinales en las que a lo mejor te encontrabas un grupo malo o regular de cuatro. Y con finales apoteósicas, de decir: “¿Quién se lo va a llevar?”. Porque casi siempre está claro, sobre todo los últimos años. Había calidad, buena competitividad, buen rollo entre todos, que yo creo que eso es lo más importante y lo primero que se pierde siempre. Aquí ha habido un pedazo de Concurso, cuando yo lo he vivido como componente y cuando lo he vivido con mi padre de pequeña. El Carnaval ha tenido sus subidas y sus bajadas, sí, pero cuando yo lo vivía de pequeña recuerdo estar en la calle Montero y no caber ni un alfiler. Y a lo mejor ahora un año llegas y no ves a nadie.

P. ¿Puede suceder eso en la calle por tender a pensar que el Carnaval es sólo el Concurso?

R. Creo que los propios grupos no participamos tanto como antes en la calle. Creo que si a los grupos nos dejaran libertad en la calle sería todo mucho más fácil, y se pondría la calle llena. Lo que pasa es que estamos obligados, por un dinero que nos dan, a cantar a tal hora aquí y a tal hora allí y te pasas la noche mirando el reloj. Nosotras hemos acabado a las cinco de la mañana en San Juan de Letrán, yo con el gorro de aquel, el otro con la pluma de mi disfraz, y hemos terminado cantando y ha empezado a arrimarse gente y más gente. Y la orquesta que estaba tocando se tenía que callar. Tuvimos que decir, que estamos en Carnaval, no en Feria. Nosotras la hemos liado en la calle, pero eso se ha perdido. No sé qué pasa. Muchas veces lo achaco al Concurso, a las guerrillas entre unos y otros. Aquí tenemos un Concurso en el que cuando se dan los veredictos no se los toma todo el mundo igual, y hay peleas y luego eso la gente lo guarda. Creo que eso es lo que machaca todo a la larga.

P. ¿Otro problema puede ser que los aficionados al Carnaval de Córdoba lo sean más de los grupos?

R. Sí, los poquitos aficionados que hay al Carnaval de Córdoba lo son por los grupos. Porque los conocen o porque a lo mejor los han seguido. No es como en Cádiz. No me gusta comparar, pero es evidente. En Cádiz le gusta el Carnaval a un 95& de la gente, y no todos tienen familia en grupos. Van al teatro, se quedan noches esperando en las filas… Eso aquí ha pasado. Yo te puedo decir miles de cosas pero tampoco entiendo muy bien el porqué.

P. ¿Crees que el Carnaval se ha convertido en una fiesta incomprendida en Córdoba?

R. (Se detiene a pensar). No sé yo. Los principales en cargarnos esto somos nosotros, los que lo vivimos desde dentro, y yo me meto en el saco. Al nosotros cargarnos esto un ayuntamiento ya no colabora igual, no se da la misma publicidad, no te da los mismos beneficios. Por otro lado, si tú al carnavalero lo tienes contento, el carnavalero va a luchar por esto porque es lo que le gusta. Pero si no lo tienes contento, se va. Es lo que está ocurriendo, se van y dejan de participar en el Concurso de Córdoba. A mí me da mucha pena, porque aquí hace tres o cuatro años había un nivelazo. No tenía nada que envidiar, por ejemplo, al Carnaval de Málaga o de Huelva.

"Si no hay calidad, la gente no viene y el Carnaval se va muriendo"

P. ¿Cómo se soluciona esa problemática?

R. Ojalá lo supiera yo. (Ríe). Puedo llegar a saber los motivos o no, puedes estar de acuerdo con ciertas cosas o no. Yo sé que hay mucha gente a la que a lo mejor no le gusta quien está al cargo. Cuando nosotras empezamos a salir la junta directiva (de la Asociación Carnavalesca) era un grupo de viejos machistas, que te hablaban porque tenían un poco de educación, sino ni te hablaban. Pero aun así todos los grupos seguíamos saliendo. Y aquí ha habido barbaridades. A día de hoy a lo mejor eso no se aguanta. “Si esto no me gusta, pues me voy”, algo que veo respetable, pero me da mucha pena.

P. Por partes: se tiende a mirar a Cádiz más que a Córdoba. ¿Ayuda eso a hacer del Carnaval algo secundario en la ciudad?

R. Esto es complicado de hablar porque se pueden herir sensibilidades, y no quiero, porque respeto todo tipo de opiniones. A mí lo que me da realmente muchísima pena es que tú vengas al teatro y no puedas soportar una función. Vamos a ser realistas, y yo adoro el Carnaval. Siempre ha habido grupos malos y buenos, pero hay gente que se gasta un dinero… y me da pena porque sé que en Córdoba hay grupos muy buenos que están concursando en otros sitios. ¿Por qué no vienen aquí? Da igual, si al fin y al cabo es la puntuación de cinco personas. Si a ti te estuviera puntuando un teatro entero, pero son cinco personas. Puedes estar de acuerdo o en desacuerdo, te puedes enfadar o no, puede haber al cargo quien haya, da igual. Si te gusta, sácalo. En definitiva eso es lo que va a hacer que suba la fiesta: la calidad. Si no hay calidad, la gente no viene y esto se va muriendo. Y los que están, los poquitos buenos que se quedan, piensan: “¿Yo para qué voy a sacar un grupo si ya sé en septiembre que voy a ser finalista?”.

P. Ya que lo comentas, ¿qué opinión te merece la polémica en torno a la Asociación Carnavalesca?

R. Si te soy sincera, siempre he estado muy al margen de esto. Yo estuve metida en la junta directiva durante un par de años, pero como vocal. Es decir, no llevaba temas serios ni nada. Realmente nunca me he querido involucrar porque nunca me ha importado. A lo mejor está mal por mi parte, pues sí, porque como carnavalera alguna vez me tenía que haber metido ahí y decir esto me parece bien y esto mal. Lo que pasa es que a mí me ha dado igual siempre quién está al mando. Yo lo que quiero es sacar mi grupo y cantar, y concursar. Si lo merezco (premio), bien, y si lo merezco y no me lo han dado, pues que le den morcilla y el que viene será otro año. Pero es que realmente Alfonso (González, presidente de la Asociación) es mi amigo, el Pelos (expresidente de la Asociación) es mi amigo, los viejos eran mis amigos... Yo siempre me he llevado bien con todo el mundo. El que esté tiene que crear buen rollo, buen ambiente. Si de eso no hay…

"Me da igual quién esté al mando, yo lo que quiero es cantar y concursar"

P. Sin embargo, todo lo que sucede de un tiempo a esta parte también afecta al Carnaval. ¿Es otra la visión que hay desde fuera, no?

R. Le afecta muchísimo, pero no entro ahí porque no sabría explicar qué es lo que ha podido pasar. Me he enterado, pero no te puedo decir nada concreto porque estaría mintiendo. Y tampoco quiero meterme en camisa de once varas, para qué te voy a engañar. Sí es verdad que ha habido mamoneos en los que yo puedo estar de acuerdo o no, pero por ejemplo no voy a decir “pues el año que viene no salgo”. No, yo sigo saliendo porque a mí esto es lo que me gusta, y punto. Me da igual quién esté ahí.

P. Ha hablado de altos y bajos, pero da la impresión de que el Carnaval vive en una crisis permanente. No es como la Semana Santa, los Patios, la Feria, que siempre van en auge…

R. Si te fijas, los Patios, la Feria, el Mayo festivo son todos los años lo mismo, con el mismo escaparate. El Carnaval todos los años va cambiando. Es lo mismo, pero van saliendo grupos nuevos, historias nuevas. Las cosas de fiesta como son la Feria, el Carnaval o la Semana Santa, eso siempre va a triunfar. En el caso del Carnaval sucede que como ya tampoco hay tanta afición… Si a la gente le gustase el Carnaval como le gusta la Feria, no habría calles en Córdoba para meternos a todos.

P. Volvamos a lo personal. Después de 20 años, ¿lo que te deja el Concurso es más positivo o negativo?

R. Positivo siempre. He ganado amistades de larga duración, momentos inolvidables… He ganado muchísimas cosas. Hemos ganado una lucha, porque la hemos ganado entre todas. El Carnaval lo que me deja a mí es todo positivo, aunque haya habido momentos peores. Para mí todo es positivo.

P. Por cierto, tú te dedicas además al cante flamenco. ¿Es más sencilla la incursión de la mujer en ese ámbito que en el Carnaval?

R. Por supuesto, es mucho más complicado en el Carnaval. En el flamenco jamás he tenido problema. Y mira que hoy en día sí hay más cantaoras de flamenco, pero ha habido un momento en que estábamos tres más y yo. No había más. Pero sí, es al revés, a mí me ha tratado todo el mundo genial siempre dentro del flamenco. Ha habido excepciones, claro está.

Si el Carnaval gustara como la Feria, no habría calles para meternos a todos

P. Una curiosidad, ¿si se viene del flamenco es más sencillo adentrarse en el Carnaval?

R. No, no tiene nada que ver. Yo lo paso mucho peor cuando me subo a cantar con la chirigota en el teatro que cuando lo hago con el flamenco. También depende de las circunstancias, pero a mí los nervios que me crecen al salir con el grupo en el teatro no me los ha creado en mi vida el flamenco. Será por el sentimiento.

P. Para buscar el punto final. Vuestra retirada, la tuya y de tu grupo, se da sobre todo porque varias componentes sois madres. ¿Es más difícil compaginar la maternidad que la paternidad con el Carnaval?

R. Sí, pero no por el padre. Yo me paso todo el día trabajando, y al salir el poco rato que tengo para mi niña no me nace ir a ensayar. Y mira que me gusta el Carnaval, pero es que mi niña está por delante. Mi marido me ha dicho: “Oye, que yo estoy aquí”. Pero soy yo. Yo me he ido a ensayar ya con mi niña en el mundo y estaba en el ensayo con ganas de irme a casa. Y me decía, ojo que no lo estás disfrutando ya igual. He tenido una niña para disfrutar de ella. Si entre el flamenco y el trabajo no tengo tiempo, imagínate si le sumas el Carnaval. Menos todavía. Es difícil, pero yo te hablo por mí, porque soy incapaz de estar días ensayando y no ver a mi hija, y yo sé que su padre está ahí para estar con ella. Pero no puedo, como madre ese sentimiento me mata.

P. Sé que disfrutasteis, ¿pero cómo fue la despedida?

R. No íbamos a salir en diciembre, eh. No salíamos. No teníamos tiempo para ensayar. Desde septiembre habíamos quedado dos semanas. Nos faltaba de todo, y dijimos de tirar la toalla en diciembre. Entonces dijo una compañera: “Cómo vamos a tirar la toalla, hombre”. Y todas tiramos para delante. Fue muy emocionante, con muchos nervios. Nos faltaban muchas cositas. Pero nos pasó exactamente igual que el primer año que nos colamos en la final, nos pusimos a cantar y la gente empezó a reírse, y nosotras lo disfrutamos el doble. Cuando nos dieron el segundo premio, imagínate. Ha sido nuestro mayor logro. Nos hemos ido por la puerta grande.

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