Identifican factores que predisponen a los árboles a morir tras tormentas de viento en bosques centroeuropeos

La investigadora Andrea Román, autora del artículo, en Zofin (área de investigación en República Checa).

Un estudio de la Universidad de Córdoba (UCO) y The Silva Tarouca Research Institute de República Checa ha identificado que el suelo, el patrón de crecimiento y la heterogeneidad de especies en el bosque determinan la supervivencia de los árboles tras las tormentas de viento en bosques centroeuropeos.

Según ha indicado la institución universitaria en una nota, en los bosques primitivos, que son aquellos que permanecen intactos y ajenos a la acción humana, las perturbaciones naturales son la fuerza principal que da forma a la estructura y composición del bosque.

En octubre de 2017, el Bosque Primitivo de Boubin, una de las reservas forestales más antiguas de Europa, fue azotado por la tormenta de viento Herwart. La estructura del bosque quedó afectada con derribos del tamaño de una hectárea, pero se conservó el bosque cerrado en la mayor parte del área.

Para conocer el motivo por el que algunos árboles son más susceptibles a la caída que otros, Andrea Román --investigadora de la Unidad de Excelencia María de Maeztu-Departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba (Dauco), que realiza su investigación en el grupo de Hidrología e Hidráulica agrícola -- trabajó junto al grupo de investigación Blue Cat Team, Department of Forest Ecology, de The Silva Tarouca Research Institute de República Checa en la identificación de los agentes claves de la dinámica de la mortalidad de los árboles tras graves tormentas de viento en este tipo de bosque.

Mediante el uso de un censo de árboles, datos espacialmente explícitos sobre árboles, geoestadística, técnicas de dendrocronología y el análisis del hidromorfismo del suelo, estudiaron los patrones espaciales y temporales de las perturbaciones, determinando que la susceptibilidad de los árboles a la caída es impulsada por la edafología. La muerte de los árboles se concentró, por tanto, en las zonas en las que había una alta saturación de agua.

La distribución de las poblaciones de árboles a lo largo del suelo según las necesidades hídricas de los mismos, “dio lugar a un impacto selectivo de la tormenta Herwart afectando principalmente a la pícea (pícea abies y abies alba), lo que indica una estrecha relación entre el suelo, la especie y la perturbación”, ha explicado la investigadora.

En cuanto a los factores de resistencia de los árboles frente a la tormenta, este estudio apoya la hipótesis de que un crecimiento inicial lento (incluso con etapas de supresión del crecimiento por eventos como sequías) proporciona una ventaja mecánica al árbol en cuanto a firmeza para resistir al viento. Por el contrario, los árboles con tasas de crecimiento rápido tienen mayor predisposición a que sus raíces sean colonizadas por patógenos y estarían, así, más predispuestos a las perturbaciones.

La situación ideal, en bosques de este tipo que cuentan con especies de crecimiento lento (píceas) y especies de crecimiento rápido (hayas), es contar con masas de árboles con estructuras verticales y horizontales heterogéneas, situación que, se ha comprobado, daría mayor resistencia a los árboles frente a la caída que si se encuentran en una masa de árboles de la misma altura, con un dosel (techo formado por las copas) heterogéneo.

“La presencia de árboles antiguos, de crecimiento lento y con madera de alta densidad podría aumentar la resistencia de todo el rodal a las tormentas de vientos”, ha recalcado Román.

De cara a las estrategias de gestión de bosques, este estudio incide en la importancia de incorporar este conocimiento de los procesos naturales en los sistemas de gestión silvícola, teniendo en cuenta los factores que pueden ayudar a reducir los daños de las tormentas de viento en el paisaje.

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