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Expertos alertan de que los vapeadores pueden provocar daño pulmonar y alterar el desarrollo cerebral de adolescentes

Una menor 'vapeando', en una imagen de archivo

Redacción Cordópolis

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Los cigarrillos electrónicos y vapeadores contienen sustancias tóxicas que pueden provocar daño pulmonar y alterar el desarrollo cerebral de los adolescentes, especialmente en edades tempranas en las que el organismo se encuentra aún en formación, según ha advertido el jefe del servicio de Neumología del Hospital Quirónsalud Córdoba, el doctor Luis Manuel Entrenas.

Tal y como ha señalado la institución hospitalaria en una nota, Entrenas ha alertado, con motivo de la celebración el próximo 31 de mayo del Día Mundial sin Tabaco, del incremento del uso de estos dispositivos entre adolescentes y jóvenes y de la falsa percepción de seguridad que rodea a las nuevas formas de consumo de nicotina, que incluyen compuestos para generar la denominada niebla escénica utilizada en espectáculos para crear efectos especiales de humo, cuya inhalación puede provocar patologías respiratorias incluso a bajas concentraciones.

Según los últimos datos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), “cerca de la mitad de los adolescentes de entre 14 y 18 años ha probado cigarrillos electrónicos en el último año” y “más de un 25% reconoce haberlos consumido en el último mes, con una prevalencia especialmente elevada entre las chicas”.

En este contexto, Entrenas ha advertido de que “el tabaquismo sigue siendo la mayor amenaza para la salud, liderando el ranking de muertes evitables”, y ha insistido en que las nuevas formas de consumo de nicotina “no son inocuas ni constituyen una alternativa segura al tabaco”.

Además, estos dispositivos contienen compuestos orgánicos volátiles relacionados con sustancias cancerígenas, y metales tóxicos como cromo, zinc o estaño, capaces de afectar a las vías respiratorias y provocar enfermedades pulmonares.

El doctor ha insistido en el impacto de la nicotina en el desarrollo cerebral de los adolescentes. “El cerebro continúa desarrollándose hasta aproximadamente los 25 años y la nicotina puede alterar áreas relacionadas con la atención, el aprendizaje, el control de los impulsos y el estado de ánimo”, ha explicado. Además, ha subrayado que el consumo de nicotina durante la adolescencia puede modificar la formación de conexiones neuronales y aumentar el riesgo de desarrollar otras adicciones en el futuro.

Asimismo, el neumólogo ha señalado que muchos vapeadores incorporan saborizantes y aromatizantes que, aunque son inocuos como aditivos alimentarios, pueden modificarse al calentarse y se han relacionado con enfermedades respiratorias como la bronquiolitis.

Normalización del vapeo entre los jóvenes

En este sentido, el especialista ha mostrado su preocupación por la normalización creciente del vapeo entre los jóvenes, favorecida por estrategias de marketing muy atractivas y por la falsa creencia de que estos dispositivos apenas tienen riesgos para la salud.

“Muchos adolescentes comienzan a vapear pensando que no existe peligro y terminan desarrollando una dependencia a la nicotina que facilita posteriormente el consumo de tabaco convencional”, ha advertido Entrenas, quien ha afirmado, además, que “no existe evidencia científica que avale el uso de cigarrillos electrónicos o productos de tabaco calentado como método eficaz para dejar de fumar. Ninguno de estos dispositivos está reconocido como tratamiento para abandonar el tabaco y, lejos de ayudar, perpetúan la adicción a la nicotina”.

El tabaquismo provoca cada año alrededor de 56.000 muertes en España y cerca de ocho millones en el mundo. Además de estar directamente relacionado con enfermedades respiratorias graves como la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) o el cáncer de pulmón, también aumenta el riesgo de patologías cardiovasculares, distintos tipos de cáncer y enfermedades infecciosas debido al deterioro del sistema inmune.

Ante esta situación, el especialista ha destacado la importancia de reforzar las campañas de prevención y educación sanitaria dirigidas especialmente a niños y adolescentes, así como de aplicar a los nuevos productos de nicotina la misma regulación y restricciones que al tabaco convencional. “No podemos permitir que una nueva generación se enganche a la nicotina bajo una apariencia moderna, tecnológica e inofensiva”, ha concluido.

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