En cuerpo y alma: la canción de Rafael Rojano

Rafael Rojano, con 'Un país llamado Cádiz' en 2016. | RAFAEL ROJANO

Cada febrero expresa su pasión. La mantiene a lo largo de todo el año pero es en este mes cuando brota con mayor claridad, a la vista de todos. O mejor dicho, al oído. Es la explosión controlada de las emociones, que surgen a partir de su voz y que guarda en el corazón. El Carnaval forma parte de su vida y su vida late con mayor intensidad con el Carnaval. Es una afición, al igual que en cualquier otro caso. Pero también refleja una manera de pensar y de ser. Es un sentimiento compartido con los demás, entre ellos sus ex compañeros de la Comparsa de Córdoba. Como Rafael y José Manuel Aranda, Taleguilla y Paty, él entiende la realidad a través de las coplas. Sobre todo cuando éstas alcanzan cada rincón de Cádiz, una ciudad en la que hoy es uno más. En el día a día además, pues en El Puerto de Santa María reside desde hace un tiempo Rafael Rojano. Él es otro embajador, uno más pero especial, de la fiesta de Don Carnal en la tierra donde el susodicho hace y deshace casi a su antojo. Es un emisario del arte de la Ciudad de los Califas que esta noche regresa al Gran Teatro Falla para exponer cuanto debe. Lo hace de la mano de un grupo de potencial creciente y cuyas expectativas son cada vez mayores. Se trata de la Comparsa de Antonio Rivas y Pepito Martínez, que este 2017 se llama ‘Tres mil años’.

Sólo unas horas le quedan por delante para volver al Templo de los Ladrillos Coloraos, donde el conjunto del que es miembro va a cerrar la décimo séptima función -sexto turno de seis- preliminar del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas (COAC). Al igual que ocurre con los Aranda, Rojano goza de la admiración del Cádiz carnavalero. No en vano, él también va camino de cumplir su 20 aniversario sobre las tablas del Falla, una circunstancia que sin embargo no le hace estar más tranquilo. “Ya son 17 años los que llevo cantando allí, sí. Estoy con muchos nervios, porque cantar tan tarde y después de ver a casi todos los grandes es difícil. La tensión se siente en el grupo porque hay ganas de soltarlo ya”, admite el cordobés. A lo que desean dar salida todos es al repertorio creado por Antonio Rivas en letra y por Pepito Martínez en música, todo bajo la dirección de Joaquín González. Ellos idearon ‘Tres mil año’, una propuesta muy diferente a la última de la agrupación. “Evidentemente, el repertorio y la comparsa van con Cádiz, pero no tiene nada que ver con ‘Un país llamado Cádiz’, es totalmente opuesta”, apunta.

Porque éste es el segundo año en el que Rafael Rojano forma parte de una formación que llama a las puertas de la final desde hace años. “Desde ‘Áfrika’ (en 2014) la está rozando. Creo que a Pepito (Martínez) se lo deben, porque para mi gusto es uno de los mejores músicos de Cádiz”, indica. Desde luego la meta es estar en la última función del COAC, también debido al incremento del potencial de la agrupación, que ya era alto de por sí. “Se ha reforzado el grupo y se le está exigiendo mucho a los autores. Es un gran año de comparsas y si cabe puede ser más difícil que el pasado, porque de las seis o siete de arriba están gustando todas. Pero evidentemente nuestro objetivo, que no va a ser fácil, es llegar a la final”, explica. Entre otras incorporaciones, la comparsa va a contar este 2017 con Fali Vila. Estar junto a él supone otro añadido a la importancia del paso adelante que diera al entrar en este conjunto. “Esto es como el futbolista que está jugando en un equipo de Primera, como el Leganés, y se mete en uno de más renombre, de Champions. Es distinto, porque al lado del Taleguilla llevaba cantando 20 años y hacerlo con personas casi desconocidas o al lado de Fali Vila, que he crecido escuchando sus comparsas, impone”, explica.

Habla de Rafael Aranda porque es imposible borrar la huella que en ambos dejó, como en la afición, la Comparsa de Córdoba. Al grupo al que diera forma en su día Miguel Amate sólo le ofrece buenas palabras. “Le debo estar donde estoy ahora. Lo echo mucho de menos. Cantar en Córdoba siempre lo echo de menos. Nunca me voy a olvidar de dónde vengo, ni de quién he aprendido. Cantar en Córdoba es un lujo. No descarto algún día volver, y creo que será así”, expresa. La de Rafael Rojano es, al igual que la de su ex compañero, una voz completamente reconocida en Cádiz. Una circunstancia por la que incluso ya tiene llamadas de conjuntos de mayor rango si cabe. Por el momento, cuelga. Como con la opción de los mini grupos. “Es cierto que hago mis cositas, canto por Cádiz y hago antologías, pero realmente no me hace falta. Yo tengo mi trabajo. Luego me han llamado varias agrupaciones de renombre y como estoy a gusto con el grupo en el que estoy, y es una familia, no he necesitado subir al culmen, culmen”, detalla. El cordobés relata por otro lado lo que supone la fiesta de Don Carnal en la Tacita de Plata. “Se mueve una vorágine que es una locura, es insospechado. Tienes que estar en Cádiz para vivirlo. Nosotros no comemos de esto, pero hay gente que te admira y es un orgullo”, confiesa.

En esa vorágine, él logra escapar ligeramente de la presión que puede conllevar la fama. “Lo llevo bien, pero a lo mejor porque lo estoy viviendo a menor escala. No es como si fuera de una agrupación mediática. Pero te puede agobiar. Cuando vas con Fali Vila por la calle lo ves, porque son todo fotos, autógrafos y demás. Siempre tienes que ir con tu mejor cara, claro está”, afirma un Rafael Rojano que en la actualidad reside en El Puerto de Santa María, un hecho que a día de hoy no modificaría. “Hay solecito, playa, Carnaval, que al que le guste es lo máximo… Echo de menos Córdoba, pero yo ahora no lo cambio”, comenta entre bromas. La seriedad llegará en unas horas, con el primer pase de ‘Tres mil años’ en el Falla. ¿Cuál es el deseo para este COAC? “Que guste el grupo, disfrutar y que los cuatro o cinco meses de ensayos se vean recompensados. Hay muchísimo trabajo tanto de autores como de miembros. Sobre todo quiero que salga bien. Pasar un buen Carnaval y si te llevas algo, pues mucho mejor”, asegura. Es el momento de prestarse en cuerpo y alma, pues ésa es la canción de Rafael Rojano sobre las tablas.

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