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Rafael Ávalos

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Cada vez cuentan con más deseo las horas los cofrades de Córdoba. Apenas unos días restan para el inicio de la Semana Santa. Y en los estertores de la Cuaresma la cofradía de la Paz no faltó a una de sus citas cultuales de este período litúrgico. Fue el Vía Crucis con Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, que partió de la iglesia conventual del Santo Ángel sobre las 20:30.

Así, la plaza de Capuchinos vivió el preámbulo del día en el que se convertirá en centro neurálgico de la devoción en la ciudad. Éste no es otro que el Viernes de Dolores. Lució el Señor la túnica bordada en oro sobre terciopelo burdeos ejecutada por Jesús Rosado bajo diseño de Rafael de Rueda. Se trata de una prensa especial, pues fue donada por sus costaleros en 2018 con motivo del 75 aniversario de la hechura de la talla.

La imagen de Juan Martínez Cerrillo recorrió las calles de su feligresía y, como sucede cada año, alcanzó la plaza de San Miguel. Anduvo sostenido por una sencilla parihuela ante el templo fernandino en un rezo de las Estaciones que fue solemne, como no podía ser de otra forma. Con la presencia de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia se vaticinaron los días de Pasión, que tan próximos están.

En esta ocasión, por cierto, el Vía Crucis tuvo lugar después de una gran novedad por parte de la hermandad de la Paz. Porque recientemente mostró la túnica de tisú de plata bordada en oro que realizó en 1998 Antonio Villar. Lo hizo tras la restauración a la que fue sometida bajo dirección de Ana Infante y que llevó a cabo el propio artista. De esta forma, devolvió esplendor a una pieza importante del ajuar del Señor.

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