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Vivir en crisis permanente: el laberinto de Carbonell

Álex Carbonell durante un entrenamiento | ÁLEX GALLEGOS

José Manuel Serrano

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El Córdoba CF vivirá este fin de semana una jornada atípica donde no tendrá que competir por hacerse merecedor del triunfo. El motivo es que el sorteo del calendario fijó para principios de mayo el enfrentamiento ante el Reus, equipo que resultó expulsado de Segunda División tras incumplir los deberes o compromisos adquiridos con sus jugadores -impago de las nóminas-. De hecho, la situación insostenible del vestuario catalán provocó que varios miembros decidieran rescindir sus contratos -véase Linares, Mario Ortiz, Borja Herrera, Bastos, Catena, Juan Domínguez o Gus Ledes- antes de la resolución definitiva que condenó al club. Una vez confirmada la salida por 3 años del fútbol profesional y la multa accesoria de 250.000 euros, todos los futbolistas buscaron nuevo destino. Ahí apareció la figura de Álex Carbonell, centrocampista que terminó firmando por los blanquiverdes en las últimas horas del mercado invernal y que no ha contado de forma regular.

El panorama, lejos de mejorar para el barcelonés, se oscureció a marchas forzadas. Para empezar, la Real Federación Española de Fútbol debía autorizar su incorporación después del Caso Reus. El alta federativa se concretó el 13 de febrero -dos semanas después de su firma y con ficha del filial- al cerrarse todos los trámites administrativos pertinentes. No obstante, su debut se retrasó hasta el día 24, fecha en la que el Córdoba perdió con claridad por 3-1 contra la UD Almería. Curro Torres, técnico por aquel entonces, decidió sacarlo desde el banquillo por Blati Touré cuando todavía restaba media hora para la conclusión. Su participación no ayudó a revertir el esperpento a domicilio ni a salvar el puesto de un míster destituido tras la debacle en los Juegos del Mediterráneo.

Rafa Navarro, el sustituto de Torres, le otorgó la manija frente al Extremadura UD en una cita vital de cara a la permanencia. El joven estuvo perdido sobre el verde -como toda la medular- mientras el rival aprovechaba los regalos defensivos para levantar el vuelo. El 3-0 con el que concluyó el envite supuso un paso atrás definitivo para el Córdoba y Carbonell desapareció por completo del terreno de juego cerca de un mes. El 7 de abril regresó con derrota por 1-0 en Elche para jugar la media hora final. Otra nefasta actuación fuera de casa puso de manifiesto que el futuro pasaba inevitablemente por la Segunda División B y que la travesía hasta confirmarse el descenso iba a ser un auténtico suplicio.

El trayectoria profesional del jugador, entretanto, ya apuntaba por entonces a unos 174 kilómetros del Martínez Valero, concretamente a Valencia. Varios medios de la ciudad del Turia dieron por cerrado su fichaje por los blanquinegros -acaba contrato en junio- en un movimiento estratégico del cuadro ché. Marcelino García Toral, entrenador de la institución valencianista, puso sus miras en varios jugadores de la categoría de plata como Manu Vallejo -del Cádiz CF- o Jorge Sáenz -del CD Tenerife-. A ellos se les sumó un Carbonell al que Navarro no le cerró las puertas de la titularidad. Es más, apareció de inicio ante el Real Oviedo y Real Zaragoza siendo uno de los intocables por su buen hacer durante los entrenamientos. Las urgencias en el once le obligaron a emplearse en la línea de medios y también volcado a banda, probaturas que en ningún caso sirvieron para nada.

Quién le iba a decir que su porvenir sería tan turbio desde que saliera del Fútbol Club Barcelona. Allí empezó su carrera deportiva despuntando en el juvenil y más tarde en el filial. Luis Enrique, actual seleccionar español y técnico blaugrana en 2016, le concedió minutos con el primer equipo en la Supercopa de Cataluña ante el Español. Los blanquiazules se impusieron en el Nou Estadi de Tarragona por 0-1 gracias al tanto de Felipe Caicedo, un resultado adverso que no impidió a Carbonell volver a una citación ya en competición oficial. El 30 de noviembre de ese año formó de partida contra el Hércules en Alicante -ida de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey- teniendo de compañeros a Aleix Vidal, Umtiti, Aleñá, Rafinha, Arda Turan o Paco Alcácer. El Barcelona conquistó aquella edición copera derrotando 3-1 al Alavés, título que apareció en el palmarés del futbolista antes de marcharse al Reus. Ahora está viviendo la cara más amarga del balompié con apenas 21 años.

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