Solo queda uno del 30-J del 99: ¿Sabes quién?

Once del ascenso en Cartagena el 30 de junio de 1999.

En aquellos tiempos era motivo de orgullo que un partido disputado por el Córdoba apareciera en la quiniela. Que alguien te nombrara. Que tu nombre figurara escrito en un papel al lado del de equipos de renombre. A ese nivel estaba el Córdoba. Muchos años de orgullo pisoteado, de dinero tirado, de ilusiones rotas, de envidia por ver el progreso de los vecinos y la perpetua desgracia en la casa propia. Aquello explotó un 30-J del 99. Han pasado 18 años. La efeméride se cumple exactamente hoy. En las últimas horas lo han recordado los aficionados en las redes sociales, compartiendo anécdotas, fotografías y fetiches. Volviendo a vivirlo. Preguntándose dónde estaban aquella increíble tarde en la que el Córdoba, contra todo pronóstico y lógica -el rival era favorito, jugaba ante su público, y el club blanquiverde estaba arruinado y con muchos futbolistas buscándose el porvenir-, le hizo un corte de mangas al destino. Aquello fue realmente grande.

Y ahí estaba Rafa Clavero (Córdoba, 1977), un fijo en aquel equipo que venció en Cartagena por 1-2 y desató un movimiento -la Cordobamanía– que todavía perdura. Cordobés como cinco miembros más de aquella alineación titular mítica. Leiva, Requena, Juanito, Soria, Clavero, Ramos, Puche (Espejo), Pedro Aguado, Loreto (Nandi), Rafa Navarro y Óscar Ventaja (Lanza). Goles de Ramos y Óscar. Vencieron. La fiesta en Las Tendillas fue bestial. Allí bailó Rafa Clavero, que había disputado 35 partidos en el campeonato. Fue feliz con los suyos. Fue la última vez. Se marchó. Nunca volvió a jugar en el Córdoba.

Para quienes tengan el recuerdo difuso, el escenario era el siguiente: el Córdoba llegaba a la última jornada de la liguilla de ascenso con una única opción de subir. Tenía que vencer al Cartagonova en su estadio. A los locales les bastaba el empate para lograr el éxito. Llevaban 43 partidos consecutivos de Liga sin ceder una derrota ante su afición, que abarrotó por completo el graderío creando un ambiente de presión brutal. El Córdoba había perdido en sus dos salidas de la liguilla (1-0 ante la Cultural Leonesa y 5-0 ante el Racing de Ferrol), pero se aferraba al refuerzo anímico que le había supuesto doblegar al Cartagena, candidato número uno, en El Arcángel por 2-0 (goles de Espejo y Pedro Aguado). Allí se plantó el Córdoba, con las apuestas en contra y el cartel de víctima colgado del cuello.

En el estadio de Cartagena apenas había medio centenar de cordobesistas. No había entradas para ellos. Unos cuantos periodistas lo pudieron contar. Pero miles lo seguían en Córdoba por televisión. Lo retransmitió Canal Sur y en el Palacio de Deportes Vista Alegre se instalaron pantallas para seguirlo en directo. Quienes estuvieron dentro de aquella marabunta blanquiverde quedaron marcados de por vida.

En la primera parte, el Cartagonova se adelantó gracias a un penalti marcado por Keko (21′). Así se llegó al descanso. Los blanquiverdes, dirigidos desde el banquillo por Pepe Escalante, no lo hacían mal. Llegaban con cierta asiduidad, pero sin remate final. El primer cuarto de hora tras el intermedio resultó escandaloso. En dos acciones a balón parado, el Córdoba fulminó al Cartagonova y dejó enmudecido al graderío. Óscar Ventaja hizo el primero en el minuto 51. Seis después, Ramos colocó el segundo. Los departamentales se quedaron paralizados, sin saber qué hacer, atónitos ante lo inesperado de la escena. En medio del silencio de Cartago se escuchaban los gritos de ánimo de los futbolistas del Córdoba, estimulados al máximo ante la magnitud de la hazaña que estaban protagonizando. El 1-2 sacó al Córdoba de las catacumbas y le devolvió el lustre perdido. Hubo después más partidos y más ascensos, pero ninguno como aquel del 30-J.

Clavero llegó al Córdoba -se formó en el Séneca- en 1997 y se encontró con el caótico escenario habitual. Cuatro entrenadores desfilando por el banquillo, fichajes de corte exótico -el finlandés Kay Nyssonen, el húngaro Gabor Bukran…- y una tesorería con telarañas. Y entonces ocurrió. Ante el vacío de poder, una junta gestora tomó medidas drásticas: llamó al entrenador de siempre -Pepe Escalante, un clásico- y envió a los chavales de la cantera a primera línea de fuego. Sin cobrar -hubo un encierro- se clasificaron para el play off; después de perder por 5-0 en El Ferrol parecía que todo se había acabado. Tenían que ganar los tres últimos partidos de la liguilla. Y los ganaron. Para entonces, algunos futbolistas tenían apalabrado su destino en otros clubes. Entre ellos, dos ídolos: José Luis Loreto, que se fue al Cádiz, y Rafa Clavero, que fichó por el Mérida. Dos buenos destinos en Segunda, el mismo sitio al que habían conducido al Córdoba después de 17 años en el fango.

Numancia, Tenerife, Osasuna, Cartagena, Huesca, Lucena... Rafa Clavero jugó cuatro temporadas en Primera y diez en Segunda como profesional. Ahora es el segundo entrenador del Córdoba. Discreto, siempre desde la segunda fila, trabajador y exigente. Es su sello también en los banquillos.

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