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Partido Córdoba - Albacete (1-3) | MADERO CUBERO

Lo de diseñar campañas de marketing con estética épica y apelaciones a la ya manida gesta de los espartanos de Leónidas en el paso de Las Termópilas tiene estas cosas. A menos que uno piense que, emulando a aquellos legendarios soldados, el Córdoba haya decidido que su papel en el curso 18-19 es morir con honor. No debería hacerlo, aunque con partidos como el protagonizado ante el Albacete va a resultar difícil que se produzca el milagro de la salvación. Hay una conclusión clara: el conjunto manchego ganó porque es mejor. Sencillamente por eso. Al Córdoba, sin embargo, ya no le valen ni ese discurso ni esa disculpa. Tendrá que sumar victorias ante los de “su liga” y ante el resto. No le queda más remedio.

Los espartanos terminaron claudicando ante un estadio que terminó semivacío, en el que se entonaron todos los cánticos propios de estos tiempos de crisis. Se pidió la dimisión de la directiva, la marcha del entrenador y no se lanzaron más puyas a los jugadores porque en la última semana se fueron unos cuantos y llegaron otros. Los nuevos, además, fueron de lo mejorcito en una tarde rara. El Córdoba necesita coleccionar hazañas todas las semanas y no hace más que apiñar decepciones. En las vísperas habla fuerte para luego, en los partidos, no decir gran cosa. El equipo blanquiverde no disparó entre los tres palos del Albacete en todo el partido a excepción del penalti.

El volantazo de Curro Torres fue rotundo y revelador. Tres recién llegados aparecieron en el once titular. Uno por línea. Atrás, Miguel Flaño se colocó como referente en un dibujo de tres centrales. Si al navarro le pedía el cuerpo un nuevo desafío, el Córdoba le ofreció uno de magnitud extraordinaria: la leyenda de Osasuna, con el homenaje en El Sadar aún latiendo dentro, se vio en El Arcángel capitaneando la defensa más vulnerable del mapa de fútbol profesional español. En el centro del campo apareció de inicio Yann Bodiger, una promesa encallada que fue internacional sub-21 con Francia y que se incrustó al lado del bregador Vallejo. Y en vanguardia, el punta que se autodefinió como “un guerrero” nada más agarrar la camiseta blanquiverde. Carrillo tuvo como compañero a Andrés Martín, el chico de la cantera que emergió en medio de la crisis para firmar una ratio de goles por minuto al nivel de los mejores del campeonato. El técnico cordobesista se dejó en la grada a pesos pesados como Alfaro o Javi Lara. También a Álvaro Aguado, que aún anda renqueante de su lesión y que querrá despedirse del Córdoba -firmó hasta 2023 con el Valladolid- con una sensación similar a la del curso pasado, cuando derramó lágrimas tras marcar el último gol de aquel memorable partido de la salvación frente al Sporting de Gijón.

El Córdoba irrumpió en el campo con la fogosidad que se le supone a un equipo en sus circunstancias. Apretó en las marcas, buscó el robo en el centro del campo y los jugadores se apoyaron. Cuando todos hacen lo mismo y a la vez, las cosas funcionan mejor. Se asomó primero el Albacete. A los dos minutos asustó a Carlos Abad en un centro de Bela que Zozulya remató de cabeza en carrera, en posición muy forzada. La pelota se fue alta. Fue la primera acción del ariete ucraniano, un futbolista peculiar que puede marcar o no, pero que es garantía de tortura permanente para los adversarios. Lo protestaba todo, provocaba faltas y sacaba de quicio a todo el mundo. Suerte que el cuadro local contaba esta vez con Miguel Flaño, un defensa con muchas horas de vuelo como profesional y un temple que resultó fundamental.

La réplica blanquiverde llegó en el minuto 8 con un disparo raso del debutante Carrillo que desvió Tomeu Nadal a córner. El ex del Cádiz protagonizó un ingreso de impacto, con un fútbol muy directo y el apoyo del joven Andrés, cuya presión desde la primera línea se dejó sentir. Ese agobio a los rivales en la salida del balón le dio fruto al Córdoba a los diez minutos, cuando una pérdida manchega terminó con la pelota en la cabeza de Álex Quintanilla. El golpeo del central bilbaino lo repelió con la mano Tejero, que ni siquiera protestó. El árbitro decretó penalti y Miguel De las Cuevas lo ejecutó con pericia para dar ventaja al Córdoba. El alicantino esperó que el portero cayera a un lado para marcar por el centro.

Después del 1-0, el escenario dio un giro. El Albacete, un muy buen equipo, se repuso y controló más la posesión, armando varias llegadas al área local. Los cordobesistas dieron un paso atrás para fijar posiciones y protegerse ante los de Ramis, que tenían al francés Jeremy Bela muy activo en la banda. El cuadro manchego pudo equilibrar el marcador en el minuto 26, pero el colegiado Moreno Aragón anuló por un ajustado fuera de juego el gol del ucraniano Zozulya. El Albacete, con buena circulación del balón, tomó el protagonismo y atosigó a un Cordoba que sabía sufrir. La llegada del intermedio le produjo más alivio a los blanquiverdes, que habían logrado el propósito de mantener su renta ante un Albacete que no concretó sus apariciones en el área.

El segundo tiempo arrancó con una dinámica similar. El Córdoba, bien colocado, contenía a un Albacete con más posesión pero con pocas ocasiones. Todo parecía ir bien hasta que fue mal. Y el desastre fue absoluto. En el minuto 65 apareció Zozulya para rematar en plancha una asistencia de Susaeta, también con la testa, tras recibir éste un preciso envío de Bela. El partido tomaba una nueva dimensión. El Córdoba se quedó desnortado. Sin tiempo para recomponerse, el equipo local recibió en apenas unos segundos otro golpe. El franco congoleño Bela remató, a bocajarro, un centro de Arroyo. Todo se iba a pique. Curro Torres -en ese momento se escuchaban ya cánticos reprobatorios contra el entrenador desde las gradas- introdujo en el campo al ariete Neftalí Manzambi, pero el panorama se nubló definitivamente con el segundo tanto de Zozulya y un 1-3 ya inapelable. En cinco minutos, el Albacete de Ramis noqueó a un Córdoba que se había trabajado su opción con sudor y el fútbol que es capaz de hacer con sus mimbres y circunstancias. No le bastó porque el contrario era bastante superior con las piernas y con la cabeza.

Curro Torres envió a la batalla a todos los soldados que tenía, aún intuyendo -o teniendo la certeza, quién sabe- que la empresa estaba destinada al fracaso. Como espartanos. El Córdoba puso a jugar juntos a sus delanteros -Piovaccari, Manzambi, Carrillo y Andrés- para buscar una remontada imposible. El Albacete, con el trabajo hecho, pudo marcar alguno más y contuvo los nerviosos ataques de un Córdoba que trató sin fortuna de maquillar un resultado que le deja una jornada más en zona de descenso. Y a su entrenador, Curro Torres, en una delicada situación.

FICHA TÉCNICA

CÓRDOBA, 1: Carlos Abad, Fernández, Álex Quintanilla (Piovaccari, min. 72), Miguel Flaño, Luis Muñoz, Quezada, Vallejo, Yann Bodiger, De las Cuevas (Manzambi, min. 68), Andrés (Jaime Romero, min. 87) y Carrillo.

ALBACETE, 3: Tomeu Nadal, Tejero (Caro, min. 90), Arroyo, Gentiletti, Fran García, Dani Torres, Febas, Susaeta, Bela (Álvaro Peña, min. 86), Rey Manaj y Roman Zozulya (Maisa, min. 80).

ÁRBITRO: Moreno Aragón (Comité Madrileño). Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Luismi Quezada, Jaime Romero y Luis Muñoz y a los visitantes Dani Torres y Gentiletti.

GOLES: 1-0, min. 10: De las Cuevas, de penalti. 1-1, min. 65: Zozulya. 1-2, min. 67: Bela. 1-3, min. 70: Zozulya.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la vigésimo cuarta jornada del campeonato nacional de Liga 1/2/3, disputado en el Estadio Municipal El Arcángel ante 12.003 espectadores.

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