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Pepe Moriana, el abuelo cordobés que mide la vida en Mundiales

Pepe Moriana, en un partido de la Selección

Nacho Serrano

20 de junio de 2026 19:59 h

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A menudo, cuando de fútbol se trata, se corre el riesgo de caer en todo tipo de prejuicios. ¿Quién no ha escuchado nunca aquello de 22 ‘tíos’ corriendo detrás de un balón? Pues eso. Pero, si se rasca un poquito, este mundo trae historias maravillosas. Y, en este caso, con acento cordobés. Concretamente, hablamos de la de Pepe Moriana, un jubilado de 84 años que ha acompañado a la selección (por el momento) en 9 Mundiales y 8 Eurocopas.

Ahora, por exigencias del guion, está en Atlanta… aunque no precisamente enamorado de Atlanta. Y es que el viaje le está resultado más complicado de lo habitual. “Ayer no salí del hotel. Esta ciudad es muy rara. Y eso que el hotel tiene cuatro estrellas. De todos los viajes que he hecho, este es el peor de todos en tema servicios”, cuenta con esa mezcla de resignación y sentido del humor de quien ya ha visto casi de todo.

Este domingo, sin embargo, Atlanta tendrá para él un sentido especial. España se mide a Arabia Saudí en la segunda jornada del Mundial (18:00 horas), una cita importante para La Roja después del tropiezo inicial frente a Cabo Verde (0-0). Sin embargo, Pepe no está ni mucho menos preocupado. Y es que ha visto demasiado fútbol como para dramatizar por un primer resultado. “Fíjate en 2010. Perdimos contra Suiza y fuimos campeones del mundo. ¿Por qué nos vamos a preocupar por empatar el primer partido? Estas cosas pueden pasar”, recuerda. Y añade una frase demoledora por su simpleza y verdad: “Si en fútbol 2+2 fueran 4 no lo vería nadie”.

A España le ve opciones de ganar el Mundial. “Claro que sí. Muchas. Estará, creo, entre nosotros, Portugal, Francia, Argentina e Inglaterra. Me puedo equivocar, pero no veo a Brasil peleando el Mundial”.

México 86', su mejor recuerdo... y el lugar en el que despedirse de la aventura en solitario

Pepe no es un aficionado cualquiera. Ha estado en nueve Mundiales y ocho Eurocopas. Lo dice con naturalidad, como si recorrer el planeta detrás de la Selección fuera algo que uno empieza un día y ya no puede dejar. “Yo empecé en México 86. Ese fue el más bonito. Todo era más gracioso que ahora”, recuerda.

En el país azteca vivió su primer Mundial y ahí también será, de algún modo, el cierre de una etapa. Tras el partido ante Arabia Saudí en Atlanta, Pepe volará a Guadalajara para el tercer encuentro de España. Después tendrá que regresar otra vez a Atlanta porque no hay vuelo directo entre Guadalajara y Madrid.

El viaje no es sencillo. Ni por las escalas, ni por la edad, ni por el idioma. “Ten en cuenta que el inglés que tengo es de risa y estoy yo solo para hacerme entender”, reconoce. La de Estados Unidos está siendo una cita que ya le está dando nuevas anécdotas que poder contar. Está siendo un viaje con sus incomodidades, pero también con esas historias que él tiene para regalar.

Las mejores, quizá, vienen de aquel fútbol más cercano y menos blindado de los años ochenta y noventa. “Antes todos los que viajábamos íbamos juntos y nos metíamos en el mismo hotel”, cuenta. En México 86, por ejemplo, vio a unos mariachis tocando en una plaza y no se lo pensó demasiado. Se acercó y preguntó: “¿Iríais a una fiesta? ¿Cuánto cobráis?”.

Pepe Moriana, con la bandera de la Selección

Después empezó a organizarlo todo a su manera. “Como a la hora de la comida nos juntábamos todos, empecé a preguntarles si querían que los mariachis vinieran al hotel y hacer una pequeña fiesta. Hice mi listado, recaudé el dinero y fui al director. Queríamos un menú razonable y pedí permiso para traer yo la bebida”. Se lo concedieron. Compraron tequila, Coca-Cola y montaron una noche que todavía recuerda entre risas. “No pararon de tocar en toda la noche. Ya hasta me llamaban ‘El Patrón’”.

Ese apodo resume bien al personaje. Pepe no solo viajaba: hacía grupo. Donde otros veían un desplazamiento, él veía una oportunidad para juntar a los españoles, organizar una comida o convertir un hotel cualquiera en una pequeña peña improvisada de la Selección.

En sus viajes también se ha cruzado con algunos nombres propios de la historia sentimental del fútbol español. Recuerda, por ejemplo, un encuentro con Miguel Reina y varias anécdotas con Manolo “el del bombo”. Una vez lo vio vendiendo banderines y le preguntó cuánto costaban. “Tú dame 20 duros y te llevas tres”, le respondió Manolo. Años después, en el Mundial de Japón, Pepe estaba comiendo en un restaurante gallego con unos amigos y volvió a aparecer. “¿Os importa que coma con vosotros?”, les preguntó. Naturalmente, comió con ellos.

A Pepe le sigue haciendo gracia aquella figura inseparable de la Selección. “Yo no sé ni cómo podía estar pendiente de los partidos todo el rato con el bombo. Yo creo que a veces ni los veía”, dice entre risas.

Pepe Moriana

También recuerda episodios más pintorescos, como aquella vez en la que un borracho se empeñó durante un buen rato en intercambiarle una bufanda. “Fueron quince minutos de coñazo. Era o pegarle un puñetazo o darle la bufanda, así que se la di”, cuenta divertido.

Después de tantos viajes, Pepe solo conoce a una persona que pueda igualarle: un salmantino al que conoció en el Mundial de Brasil, en 2014. Lo vio en Maracaná. No hace falta mucho más para imaginar la escena: dos españoles veteranos, en uno de los templos del fútbol mundial, reconociéndose como miembros de una especie cada vez más difícil de encontrar.

Por eso este Mundial tiene para él un punto de despedida. No del fútbol, ni de la Selección, ni de la ilusión. Pero sí de los viajes en solitario. “En México empecé… y en México me jubilaré”, resume. La frase tiene algo de círculo perfecto. Empezó en México 86 y, cuarenta años después, volverá a México para cerrar una etapa de su vida como aficionado.

Sus nietos y su amor por el Córdoba CF

El testigo, eso sí, ya tiene herederos. Pepe tiene tres nietos: uno en Sevilla, otro en Málaga y una en Córdoba, ahora centrada en la Selectividad. Por eso no han podido acompañarle en esta aventura, aunque alguno ya estuvo con él en la Eurocopa de Alemania. “Ahora les toca a ellos coger el coche. Yo, mientras pueda andar… seguiré viendo a la Selección”.

Pero Pepe no solo siente pasión por España. También, y quizá antes que nada, por el Córdoba CF. “Soy cordobesista hasta el hueso”, proclama. Se dedicó al mundo de la platería, aunque con 17 años lo dejó para iniciar su propio negocio. “No he tenido vicios. El único capricho ha sido el fútbol y me lo he podido permitir, afortunadamente”.

Pepe, con su nieta

Del Córdoba conserva recuerdos de toda una vida. Todavía habla de alineaciones antiguas y tiene claro quién fue el mejor lanzador de penaltis que vio: “Espina. Le pegaba siempre pegado al palo y era imposible pararlos”. Y también, claro, quién ha sido el mejor jugador que recuerda vestido de blanquiverde: “Juanín”.

La temporada 64/65 ocupa un lugar especial en su memoria. Aquel Córdoba terminó quinto en Primera División y firmó un registro histórico como local. “Aquello me pilló haciendo el servicio militar”, relata. Pepe todavía presume de aquel equipo que solo encajó dos goles en casa durante todo el curso. “Ese récord no lo tienen ni el Barça ni el Madrid”, dice orgulloso.

Su amor por el club también ha pasado de generación en generación. “Soy del Córdoba y me moriré siendo del Córdoba”, afirma. Y aporta una prueba difícil de discutir: “Puedo decir que este abuelo hizo a su nieto socio con solo tres meses”.

Ahora mira al presente del equipo con ilusión, pero también con exigencia. Cree que, si el Córdoba hace buenos fichajes, puede pelear por ascender. Eso sí, no quiere subir de cualquier manera. “Para estar en Primera como la última vez y hacer el ridículo, prefiero quedarme en Segunda”, sentencia.

Pero hoy, lo que toca, es estar con los cinco sentidos puestos en Atlanta. Ahí Pepe volverá a sentarse en una grada mundialista. Quizá la ciudad no le haya conquistado. Quizá el viaje esté siendo incómodo. Quizá el inglés siga siendo una batalla perdida. Pero nada de eso pesa más que la costumbre de estar ahí, junto a la Selección, como lleva haciendo desde México 86. España se juega buena parte de su tranquilidad ante Arabia Saudí, pero la tranquilidad que tiene Pepe es la que deberían tener todos los aficionados de la Selección.

El viaje sigue y este cordobés, de 84 años, quiere su segunda estrella. Como todos. Ojalá sea así.

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