El Córdoba recupera la decencia

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Cuando el marcador señalaba un 2-0 antes de los diez minutos, el cordobesismo escondía la cabeza y lamentaba una vez más el momento en el que puso su confianza en el personal que está en nómina en su equipo. El Córdoba, sin embargo, terminó arrancando un punto en el Carlos Tartiere después de una reacción liderada por Piovaccari y a la que se sumó la mayor parte de la tropa. Después de las habituales escenas de vodevil -el primer gol, en la primera llegada y tras borrón defensivo-, el conjunto cordobesista encontró un revulsivo por casualidad. Jaime Romero pidió cambio cuando el panorama estaba feísimo y salió al verde Piovaccari, un futbolista que no engaña. El italiano abanderó una revolución de rabia y testosterona. Acabó roto y sustituido, pero había dejado su trabajo hecho. Cuando ingresó en el campo, el Córdoba era una procesión de fiambres; cuando se marchó, los suyos estaban peleando cuerpo a cuerpo con un Oviedo que pugnaba por meterse en el play off de ascenso a Primera.

No ganó el Córdoba, pero se fue satisfecho. Su destino está en Segunda B porque los demás han reaccionado y él se quedó atrás. Ahora debe conformarse con lo que se viene a conocer como victorias morales, que no son más que las rentas que se consiguen cuando nadie espera nada de uno. Con vergüenza y decencia, el Córdoba logró un empate que le servirá para reivindicarse en lo personal y evitar a su afición un nuevo sonrojo.

Como en las cocinas de los hogares humildes con familia numerosa, Rafa Navarro buscó la innovación con los ingredientes de siempre. Siempre se pueden hacer unas croquetas o un revuelto con lo que sobró del día anterior. Y hasta sale bueno. El técnico blanquiverde rescató para la causa a un trío de futbolistas cuya trayectoria desconcertante y tortuosa casa a la perfección con la turbia realidad del equipo. Álex Vallejo tomó el sitio de Bodiger, el fichaje invernal más productivo -por número de minutos jugados-, mientras que Álex Carbonell ingresó directamente en el once tal y como hizo otras veces... para luego desaparecer. Salió también de inicio Alejandro Alfaro, un futbolista referencial sobre el papel pero intrascendente en el césped durante un curso sin pies ni cabeza. Repetir la formación que hizo el ridículo ante el Lugo hubiese sido un chiste macabro, así que Navarro acabó reformando todas las líneas: en la defensa se cayó Quintanilla y cubrió la plaza Luis Muñoz; Vallejo y Carbonell entraron en la media; en ataque, el técnico prescindió de Piovaccari -el máximo goleador del equipo- para colocar a Alfaro y buscar una amenaza más variada con el joven Andrés Martín moviéndose por todo el frente.

Pero todo lo que uno pone en la pizarra o vocea en el vestuario se viene abajo si luego sucede lo que sucede. Una pifia de Álex Menéndez dejó el bandeja la situación a Ibrahima para que el senegalés batiera a Marcos Lavín. Iban un par de minutos de juego. El Córdoba estaba de cuerpo presente, pero poco más. Antes del minuto diez, el Oviedo había dado la segunda puñalada. Una buena combinación alrededor del área ante la pasividad de los jugadores blanquiverdes finalizó con un zapatazo de Saúl Berjón para poner el balón en la escuadra. El cuadro carbayón había aniquilado ya a un rival inexistente. Este Córdoba no está para nada.

Ibrahima pudo hacer el tercero de los ovetenses ante un Córdoba desmadejado y sin tensión, que encadenaba errores sin que se atisbara remedio posible ni ganas de ponerlo. A al media hora, Jaime Romero hizo señales al banquillo pidiendo el cambio por un problema físico. Salió por él Piovaccari, seguramente el delantero del futuro en los tiempos que se avecinan. El italiano ya tuvo una situación de peligro en el área en el primer balón que le llegó, pero se trastabilló y el balón terminó en córner. El Córdoba tenía más la pelota, pero de poco le servía. El Oviedo, con el trabajo hecho, dejaba el tiempo correr. En el conjunto de Navarro, el recién salido Piovaccari era el que mostraba más rabia. El de Gallarate pegó un zurdazo que dio en el lateral de la red en en el minuto 32. Y en el 38 le dio vida a los suyos. Tras recibir un buen servicio de Andrés Martín, el veterano ariete lanzó un disparo raso que sorprendió a Champagne para poner el 2-1 en el marcador. La solución del Córdoba llegó por una casualidad. Así están las cosas.

En el último suspiro de la primera parte, Piovaccari peleó con corazón por una pelota que se iba y la colocó bien hacia atrás ante la carrera de Andrés Martín, que armó el disparo tal y como le llegó. Champagne atrapó de rodillas el trallazo del joven punta de Aguadulce. La salida del italiano revolucionó todo el panorama y dio a su equipo una nueva dimensión. Lo que pudo haber sido una humillante goleada se transformó en un marcador alentador en el intermedio, con los locales marchándose entre pitos y murmullos de la grada del Tartiere. El Córdoba seguía de pie con el empuje de Piovaccari.

A los dos minutos, un centro largo de Álex Menéndez le llegó a Chus Herrero, que conectó con dificultad un remate de cabeza que salió fuera. El Córdoba dio el primer susto a un Oviedo que trató de imprimir al partido el ritmo del inicio de la primera parte, aunque no hay mejor estimulante que verse favorecido por las taras del contrario. Ibra ensayó el lanzamiento desde la frontal en el minuto 50, pero Marcos Lavín respondió con una excelente parada. El partido era un intercambio de golpes, una buena noticia para un Córdoba cuya puesta en escena fue la de un perfecto sparring tembloroso.

En una contra, Álex Vallejo llegó muy forzado al borde del área después de su carrera y no encontró mejor opción que lanzar un disparo desviado. El Córdoba estaba mejor que un Oviedo que seguía subestimando a los de Rafa Navarro, que despojados de la presión -ya tienen poco que hacer- fueron más atrevidos a la hora de intentarlo en ataque. Tras un lanzamiento de falta de Menéndez, la pelota quedó rebotada dentro del área pequeña y allí apareció Alfaro para meter la puntera y marcar el empate. El Tartiere estalló de indignación y Anquela quitó del césped a Ramón Folch para meter a otro delantero, el exblanquiverde Joselu. De presumible goleada a bofetada humillante. El partido había mutado y el Córdoba se sentía fuerte.

El Oviedo, bastante angustiado, echó el resto con la salida de Toché a falta de un cuarto de hora. En ese mismo instante, Navarro se vio forzado a sustituir a su mejor hombre, Piovaccari, para meter a Javi Lara. El italiano sufrió un pinchazo en el muslo cuando corría hacia el área y no pudo seguir. Un buen servicio del montoreño a Miguel de las Cuevas acabó con un latigazo del alicantino que desvió con mucha dificultad el meta Champagne.

El Córdoba, tirando de orgullo y con las fuerzas justas, enfiló el final con unas opciones de puntuar que destrozó uno de sus ex. Joselu, en un lanzamiento de falta, superó con su lanzamiento a la barrera y colocó la pelota lejos del alcance de Lavín. Los blanquiverdes no se vieron abajo. Para qué. Andrés Martín, su mejor activo en la actualidad, firmó un golazo para poner en el marcador un 3-3 que sirve al Córdoba para volver a casa -en autobús- con la frente levantada.

FICHA TÉCNICA

REAL OVIEDO, 3: Champagne, Carlos Martínez, Carlos Hernández, Alanís (Toché, 75'), Christian Fernández, Javi Hernández, Ramón Folch (Joselu, 70'), Jimmy, Saúl Berjón, Yoel Bárcenas (Javi Muñoz, 60') e Ibrahima.

CÓRDOBA, 3: Marcos Lavín, Fernández, Luis Muñoz, Chus Herrero, Álex Menéndez, Vallejo, Carbonell (Aguado, 85'), Jaime Romero (Piovaccari, 28') (Javi Lara, 75'), Alfaro, De las Cuevas y Andrés Martín.

ÁRBITRO: Arcediano Monescillo (Comité castellano-manchego). Amonestó a los locales Jimmy, Carlos Hernández, Javi Muñoz y Alanis y a los visitantes Carbonell, Álex Menéndez y De las Cuevas.

GOLES: 1-0 (2') Ibra. 2-0 (8') Saúl Berjón. 2-1 (38') Piovaccari. 2-2 (68') Alfaro. 3-2 (82') Joselu. 3-3 (87') Andrés.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la trigésimo quinta jornada del campeonato nacional de Liga 1/2/3, disputado en el Estadio Carlos Tartiere antes unos 12.000 espectadores.

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