El Córdoba se aferra a lo imposible

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“Ahora estamos en el infierno, caballeros. Creedme. O nos quedamos aquí, dejándonos machacar, o luchamos por volver a la luz”. Se puede uno imaginar la legendaria arenga de vestuario de Al Pacino a sus jugadores en la película Un domingo cualquiera retumbando en el vestuario de El Arcángel, traducida al cordobés por Rafa Navarro y, por lo tanto, añadiéndole unas cuantas referencias al valor del escudo y a las cualidades que se le presuponen a eso que llaman hombría. Aquí está la verdad. No se trata de lo que puedes ganar, sino de lo que estás perdiendo. Sea por pánico, por vergüenza, por orgullo o por interés, el Córdoba necesita reaccionar de inmediato en una mutación formidable. Esta vez estuvo a punto de lograr la primera de las hazañas que necesita para salir vivo de esta aciaga temporada. Tuvo al Málaga contra las cuerdas. Supo jugar sus bazas y resistir ante un adversario de nivel superior, pero al que contrarrestó con aplicación, sudor y una capacidad de sufrimiento bestial. Logró su gol, firmado por un admirable Miguel de las Cuevas, y lo defendió con todo lo que tiene, a su forma. Apenas quedaban unos segundos cuando N'Diaye, ya en la prolongación, marcó el 1-1 y mató un poco más la ilusión del Córdoba. El futuro dirá si este partido sirve para llorar o para darse cuenta -¿demasiado tarde?- de que es posible extraer de este grupo de futbolistas algo más que las míseras rentas que presenta en la clasificación.

Rafa Navarro miraba El Arcángel con nostalgia y rabia. Cuando dijo en las vísperas que se sentía “como un jugador” no se refería al apetito por devorar metros en la banda con la pelota cosida al pie para enviar una rosquita al afortunado rematador. Pensaba más bien en la opción que se le ha presentado de ser actor principal en una situación crítica del club de su vida. El tren que pasa y que tomas con decisión aún sabiendo que es el mismo que te puede terminar atropellando. Hay mil maneras de morir en el fútbol, pero un cordobesista tiene la suya propia. Sabe, incluso, que no es lo mismo mantener la categoría que salvarse. Que se lo cuenten a este Córdoba, al que le ha venido larguísima la factura del milagro del año pasado. Esta vez le toca repetirlo con la entidad transformada en un potaje de líos, la afición desconectada emocionalmente por falta de motivos y los rivales directos de la Liga 1/2/3 apretando en la carrera por salir del grupo de los peores.

El primer once de Navarro solo registró un cambio con respecto al que usó Curro Torres en su despedida en Almería. Por el sancionado Álex Vallejo salió Jaime Romero. Hubo, eso sí, un cambio en el dibujo sobre el campo, con cuatro zagueros y un doble pivote compuesto por Bodiger y Blati. El punta fue Carrillo, con Andrés situado más atrás y con la misión de asociarse con Jaime y De las Cuevas para generar problemas a un Málaga acreditado por unos números brutales. Se trataba de meterle mano a la mejor defensa de la Liga. El conjunto de Muñiz compareció con solo 18 tantos encajados.

El cuadro blanquiverde trató de imprimir ritmo fuerte al principio, dando un testimonio de valentía, pero duró poco esa puesta en escena. El Málaga tiene calidad y oficio. Y eso se notó. Se hicieron con el control de la pelota y se mantuvieron bien posicionados frente a un Córdoba que estuvo más intenso, pero bastante impreciso en los pases. Esa circunstancia perjudicó especialmente a los puntas, que se quedaron desabastecidos y con poco impacto en el juego. Todo se cocía en el centro del campo, donde Bodiger y Blati compensaban bien el poderío del senegalés N'Diaye, un artista a la hora de cortar y repartir.

El Málaga encontró su primer contratiempo en el minuto 8 cuando Adrián González pidió el cambio por lesión, por lo que perdieron a uno de sus delanteros más en forma. Blanco Leschuk también anda sobrado de calidad, pero llevaba muchos meses sin hacer gol. Quintanilla, con un marcaje al límite, fue el encargado de que el argentino no quebrara esa racha negativa en Córdoba. Los albiazules protagonizaron su primer testimonio ofensivo a los diez minutos, con un disparo desde fuera del área de Keidi Bare que se marchó muy alto. Con el paso de los minutos, el cuadro de Muñiz fue gobernando la situación y generando varios saques de esquina. Los de Navarro estuvieron muy pendientes y concentrados para sacarse de encima el peligro con solvencia.

Los gestos se agriaron en el minuto 21, cuando los cordobesistas reclamaron a gritos al árbitro Vicandi Garrido que señalara penalti por una caída de Carrillo en el área ante Luis Hernández. El duelo se enturbió con constantes interrupciones por faltas y nerviosismo general. A los 27 minutos realizó el Córdoba su primer disparo entre los tres palos de la meta del Málaga. Álex Menéndez capturó dentro del área un balón rechazado y conectó un lanzamiento a media altura que detuvo Munir.

El Málaga protagonizó un leve arreón en los minutos finales de la primera parte y llegó con más frecuencia a la meta local, con algunas entradas por las bandas que terminaban en centros a los que el tinerfeño Carlos Abad respondió con eficacia. Los de Rafa Navarro mantuvieron el orden y llegaron el intermedio imbatidos ante un adversario que había tenido la posesión pero estuvo blando a la hora de la definición. El Córdoba mantenía el pulso al partido, que no era poco.

Un disparo raso desde muy lejos de Jaime Romero en el minuto 50 supuso la segunda aparición en ataque del Córdoba en todo el partido. La obsesión por mantener las posiciones ocupaba toda la atención del equipo de Rafa Navarro, muy cauto ante un Málaga que se mostraba más cómodo pero sin crear peligro. Parecían los de Muñiz seguros de que el simple paso del tiempo les iba a reportar alguna ocasión para quebrar la resistencia del Córdoba, que buscó el modo de dar un paso adelante. Lo hicieron con una acción brillante. Blati Touré se internó en el área, sirvió a Jaime Romero y el albaceteño pasó a De las Cuevas, que se dio la vuelta para burlar a su marcador y lanzó un duro disparo que batió a Munir en el minuto 61. El Arcángel estalló.

El gol local dio un giro al escenario. El Málaga, que llevaba tres partidos sin encajar ningún tanto, se enrabietó. Blanco Leschuck replicó con un cabezazo que atrapó Carlos Abad. El técnico malaguista, López Muñiz, agotó su tercer cambio a falta de media hora incluyendo en el campo al veterano ariete ucraniano Seleznov. El Córdoba reculó para defender su ventaja, aunque sin renunciar a las salidas al contragoipe. Navarro sustituyó a Andrés por Neftalí Manzambi, un delantero de choque, y poco después retiró del campo a un extenuado De las Cuevas para incluir a Álvaro Aguado.

El Málaga la tuvo clarísima en un cabezazo de Blanco Leschuk, tras quedarse Abad a media salida, y el balón lo sacó en la misma línea de gol Fernández. En la siguiente acción, el meta cordobés compensó con un paradón formidable a una mano un tiro de cabeza a quemarropa de N'Diaye. El rechace lo cogió Seleznov y lo mandó al lateral de la red. En el descuento, el Málaga encontró el empate en una acción combinada que terminó con la pelota en los pies de N'Diaye, que de un trallazo potente dejó firmado el 1-1 antes de que el árbitro pitara de inmediato el final. Que la zaga blanquiverde pudo hacer algo más es tan evidente como que el equipo es el rey de la desgracia. Ahora le esperan en Almendralejo.

FICHA TÉCNICA

CÓRDOBA, 1: Carlos Abad,  Fernández, Álex Quintanilla, Luis Muñoz, Álex Menéndez, Yann Bodiger, Blati Touré, De las Cuevas (Aguado, 78'), Andrés (Manzambi, 75'), Jaime Romero y Carrillo (Piovaccari, 81').

MALAGA, 1: Munir, Iván Rodríguez, Pau Torres, Luis Hernández, Ricca, Harper, N'Diaye, Keidi Bare, Iván Alejo (Seleznov, 62'), Adrián (Erik Morán, 8') (Ontiveros, 46') y Blanco Leschuk.

ÁRBITRO: Vicandi Garrido (Comité Vasco). Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Luis Muñoz, Fernández, De las Cuevas, Manzambi y Blati Touré y a los visitantes Erik Morán, Ricca y Blanco Leschuk.

GOLES: 1-0 (61') De las Cuevas. 1-1 (94') N'Diaye.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la vigésimo octava jornada del campeonato nacional de Liga 1/2/3, disputado en el Estadio Municipal El Arcángel ante 13.885 espectadores.

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