Canciones de ayer para un mal día: “González, vete ya”

Los aficionados protestan en la grada | MADERO CUBERO
El Córdoba tropieza por segunda semana consecutiva y la afición lanza sus primeras críticas al presidente: la música de Primera regresa a las gradas de El Arcángel

Es una de esas tardes. Más bien, es uno de esos días, que por supuesto tienen su continuidad más allá en la hora de la sobremesa. Ésta resulta pesada cuando en vez de sal de frutas tras el almuerzo y el café, el que ha de ayudar a mantener abiertos los ojos a la hora de la siesta -suena a tópico, pero es cierto-, uno recibe tres goles en contra. Todo se junta y nada favorece. Ni siquiera el tiempo, que está tontorrón. En la indecisión entre la lluvia y el calor, toca pasar bochorno. El fútbol vuelve a su horario habitual de años atrás. Ahora es menor la costumbre de que a las cinco un estadio vibre. El Arcángel lo hace bajo un cielo que no presenta un tono azul claro, ni está completamente cubierto. Parece estar nublado, como las ideas de un equipo que dos semanas después de su gozoso comienzo anda de nuevo por el camino pedregoso. Y eso no gusta en la grada. Menos si cabe tras el curso anterior. Uno perdona e incluso dice olvidar, pero la herida en ocasiones no se cierra.

Bajo el signo del infortunio y en compañía de un arbitraje de aquella manera, que no es bueno ni para unos ni para otros -tampoco para el propio espectáculo-, el Córdoba se topa con la realidad. En Primera, la calidad manda; en Segunda, cualquiera te hace un roto. Y un descosido también. Al principio, nadie intuye que el Alcorcón pueda ser el costurero que raje las sensaciones de un coliseo ribereño con deseo de celebración. Al inicio, la afición vuelve a dar muestras de lo que es capaz. La decepción del duelo de Leganés no pesa tanto como para borrar la huella de la ilusión. El himno suena como siempre. Para que insistir más en un hecho que difícilmente cambie en el futuro. El partido comienza y Domingo Cisma, cosas del fútbol, manda el balón al interior de la portería. A la suya y no a la del rival. Con mal pie empiezan los de Oltra, que tratan de reaccionar tras igualar con un regalo de Xisco. El balear marca de tacón y todos creen una vez más. Al descanso la esperanza existe, así como la confianza en que sí se puede.

Pero no. La tarde está como la mañana, tonta. ¿De verdad puede el tiempo afectar? Averigüe usted. Creencia popular o no, al Córdoba le señalan un penalti que, puede ser o puede no ser. Pero que el árbitro pita. Gol del Alcorcón. La afición insiste. “Nadie se rinde”, es el lema de uno de los mejores tifos jamás vistos en El Arcángel. “Juntos hemos caído, juntos nos levantaremos”, es el de otra enorme señal de fidelidad de un cordobesismo que, mientras asiste a un partido de difícil digestión -con ese bochorno y sin haber dormido siesta-, anima aun cuando llueve. Sobre el campo sí lo hace. O caen jarros de agua fría, como el tercero y definitivo tanto del rival. La victoria ahora parece quedar tan lejana como la misma China. El equipo no logra siquiera intimidar al adversario.

De repente suena la voz de Paloma San Basilio. O no, pero como si lo hiciera. “Y ahora no, la fiesta terminó. Ya no hay más que niebla entre tú y yo”, es el verso. No hay niebla, es cierto, pero la fiesta del primer día encuentra un punto y aparte en esta tarde rara. Que lo es en referencia al tiempo y lo está en el verde. Surgen entonces, cuando se repite la historia de ocho días atrás, canciones del ayer. Sonidos del pasado que evocan momentos difíciles. “González vete ya”, canta primero un sector de la grada y después muchas voces a coro. Al presidente le llueven críticas -el cielo sigue sin soltar agua- que ya conoce. Es sólo la tercera jornada, pero la frustración es dolorosa. “Carlos González, pesetero”, canta también parte de la afición. Pues sí, la fiesta termina. Aunque a buen seguro es sólo por esta vez y en la próxima cita la música vuelva a ser otra. La que unos quieren cantar y otros desean escuchar. No siempre está nublado.

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