Raúl Rodríguez: “Muchísima de la mejor poesía oral e improvisada está hecha por gente que no sabía escribir”
El músico y antropólogo sevillano Raúl Rodríguez participará este sábado en la Sala Orive de Córdoba dentro del ciclo Las noches del laberinto del festival Cosmopoética. En un encuentro previo con periodistas, el creador del “tres flamenco” ha desglosado su visión sobre la métrica, la lírica flamenca, las fronteras culturales y la esencia viva de la tradición popular, y ha engrandecido a aquellos flamencos que, sin saber escribir, han creado las más bellas creaciones.
Para él, la relación entre la música popular y la palabra está sustentada en la forma lírica del flamenco y en la metamorfosis de la palabra cuando se interpreta cantad. “¿Qué le pasa a la palabra cuando suena cantada y qué le pasa a lo que se canta cuando se están diciendo cosas? ¿Cómo afecta el ritmo a la validez del poema y cómo convierte el ritmo en verdad todo lo que está a compás y bien acentuado?”, ha reflexionado el artista. Ha planteado la posibilidad de escribir para cantar desde una perspectiva que une antropología y música, buscando desarrollar “un son con razón” y generar “un razonamiento que pueda bailar”.
Al ser preguntado sobre dónde acaba la tradición y empieza la innovación en el flamenco, Rodríguez ha afirmado con rotundidad que no existe ninguna frontera real, que solo “la pone la gente que está fuera de la candela. Desde dentro, los que lo experimentamos sentimos que la creación es la madre de la tradición. Lo verdaderamente tradicional es ser creativo, es inventar. Y no solo para el cante, sino en la propia naturaleza”».
Para ilustrar este concepto, el músico ha recurrido a una metáfora sobre el crecimiento biológico. “Una papa en la cocina, olvidada, a nada que huela un poquito de humedad y sienta luz, echa una rama que es raíz al mismo tiempo. Como tardes un poco más, en la cocina tienes Jumanji. Creo que esa es una lógica reproductiva y creativa que ya está en la propia naturaleza. Considerar que la tradición está acabada es una política de los externos, un discurso de los controladores de los artistas; pero dentro del arte no hay fronteras”.
Interpelado sobre los cantaores antiguos que componían sin formación académica, Rodríguez ha reivindicado la fuerza de la poesía que emergía de esas mentes. “Muchísima de la mejor poesía improvisada está hecha por gente que no sabía escribir. Como el Trovador de la Aguarra, el repentismo en Cuba, en las islas Reunión o los Solaris. Es un proceso anterior a la escritura: por no poder retener la idea, retienes el soniquete. Retienes la melodía, los acentos, la reestructura rítmica, dónde caen los trucos y en qué verso tienes que meter el gol, pero no puedes retener el poema. Y entonces este se hace permanentemente nuevo”.
Sin embargo, el antropólogo -que actuará en Cosmopoética acompañado por su “tres flamenco”- ha lamentado la pérdida de esta práctica en la actualidad: “Ahora no se hace eso. No se escribe para decir lo que le está pasando a la gente, ni los cantaores quieren intentar modificar la letra porque la nueva va buscando tonada nueva y eso da miedo. Les han convencido de que eso no se puede hacer, de que debería estar prohibido y que a la tradición había que dejarla tranquilita. Pero hay que seguir inventando; si no, es cuando de verdad se muere la tradición”. Siendo así entonces, ¿cuál es la salud del flamenco a juicio de Rodríguez? “Especialmente feliz y globalizado”, ha dicho el músico, quien ha destacado figuras como José de la Tomasa, “uno de los últimos cantaores que todavía escribe sus letras”», y ha defendido que el público y el flamenco están volviendo a mirarse de frente.
Asimismo, ha remarcado la función social de la música a raíz de sus residencias artísticas e investigaciones en países como Senegal, Malí, Haití o Madagascar: “Estoy muy entrenado en estirar el músculo del entendimiento con personas con las que no puedo hablar el mismo idioma, pero sí puedo tocar. Siempre pienso que si podemos tocar juntos, podemos vivir juntos. Es una escuela de convivencia fantástica donde puedes romper ideas previas sobre quién es el adversario. Si te pones al compás, la cosa cambia y os queréis más”.
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