Borges y el valor de lo perdido
Cosmopoética 2026 está dedicada al escritor argentino Jorge Luis Borges, de cuya muerte se cumplen 40 años. El título del certamen de este año “Inventar la alegría” corresponde precisamente a un verso del soneto de Borges dedicado al vino.
La elección me parece un acierto por cuanto Borges, polifacético y poliédrico, es tan poeta, como narrador. En su poesía subyace una voz narrativa, al igual que en sus cuentos y relatos se puede descubrir una voz lírica que despierta emoción en el lector.
Borges cultivó muchos campos de la literatura, entre ellos el cuento y el relato breve, dejando en ellos la impronta de su imaginación desbordante y su gran capacidad para la ficción y la inventiva, además del uso magistral de la paradoja. Fue asimismo un gran ensayista y un prolijo conferenciante de temas muy diversos, dada su curiosidad sin límite.
También es cierto que Borges nunca escribió novela, debido a que, según manifestó en las ocasiones en que se le preguntó por ello, le resultaba un género literario excesivo (“por qué contar en 500 páginas lo que se puede decir en veinte”), sintiendo el temor de no poder controlar el desarrollo de la trama y dar lugar a resultados no queridos. Era como si temiese que en la novela se le agotara el aliento narrativo. Por eso, prefería la narración breve (cuento y relato), desarrollando en esta categoría una amplia y brillante carrera, tal vez la más conocida.
Pero, además de su extensa obra narrativa, Borges escribió poesía con fervor y extensión en múltiples medios de expresión (diarios, revistas, cuadernos…) dejándonos algunos libros memorables como Fervor de Buenos Aires, El oro del tigre o La rosa profunda. Pero, sobre todo, Los conjurados, su último libro, publicado en 1985, un año antes de su muerte en Ginebra a los 86 años de edad, y después de un largo periodo de ceguera por una enfermedad hereditaria de tipo degenerativo.
En mi lectura de Borges, elijo su poesía. En sus cuentos y relatos, siempre sugerentes, peca en bastantes ocasiones de un exceso de erudición, al querer plasmar en ellos su amplio saber y su conocimiento enciclopédico. Ello los convierte, a veces, en textos algo fríos y distantes, como si la erudición le robara emoción a la historia narrada. Confieso que me pasa incluso en relatos tan célebres como El Aleph.
Sin embargo, en su poesía siempre he encontrado emoción, sobre todo una vez que se libera de su etapa europea ultraísta al regresar en 1921 a Buenos Aires. Entonces se va adentrando en las raíces de las leyendas populares y se impregna también de la fuerza de la mitología universal, evitando así el riesgo del localismo.
No sólo por su musicalidad, sino también por su contenido y por la voz narrativa que subyace en sus versos, la poesía de Borges va haciéndose más cercana y comprensible conforme se aleja de lo conceptual y comienza a tratar temas próximos a las inquietudes reales de los seres humanos. Temas como la muerte, la pérdida, la memoria, los sueños, el olvido, la decadencia, el desencanto, el amor… están presentes cada vez más en su poesía, a veces también salpicados con referencias eruditas, pero no con el exceso de sus textos narrativos.
Del conjunto de su amplia obra poética, tomo como referencia el poema en prosa “Posesión del ayer” del libro ya citado Los conjurados. Trata de la ausencia y la pérdida, y también de la memoria como único medio de combatir “el olvido que seremos”.
Basándome en ese poema, escribí hace unos días un texto en prosa poética, titulado “Pertenencia de lo perdido” y que incluyo en mi blog como un modesto homenaje al escritor argentino y como una contribución personal a Cosmopoética 2026.
Pertenencia de lo perdido
En un poema de Borges de su libro “Los conjurados” he leído que lo único que realmente nos pertenece es lo que se ha perdido. Suena a paradoja, pero ahora que la he perdido para siempre es cuando realmente me pertenece. Cuando vivía, no era sólo mía, sino de muchos más, de ella misma. La compartía con nuestros hijos en sus miedos y angustias, en su amor desprendido y sin límite hacia ellos. Además, su trabajo le ocupaba gran parte del día como a mí el mío, al igual que otros quehaceres cotidianos. Cuando enfermó, yo la cuidaba, sí, pero veía que su cuerpo se iba consumiendo, desvaneciéndose, sin poder retenerla ya en mis brazos. Hoy, que se ha ido, liberada ya de los avatares de la vida y sus desmanes, su recuerdo sólo a mí me pertenece, guardado como una reliquia en los pliegues del corazón.
Sobre este blog
Soy ingeniero agrónomo y sociólogo. Me gusta la literatura y la astronomía, y construyo relojes de sol. Disfruto contemplando el cielo nocturno, pero procuro tener siempre los pies en la tierra. He sido investigador del IESA-CSIC hasta mi jubilación. En mi blog, analizaré la sociedad de nuestro tiempo, mediante ensayos y tribunas de opinión. También publicaré relatos de ficción para iluminar aquellos aspectos de la realidad que las ciencias sociales no permiten captar.
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