Raphael: “El directo es el directo, lo más maravilloso es quedarte en las retinas de la gente”

Concierto de Raphael en La Axerquía | ÁLEX GALLEGOS

Tiene 75 años, un dato que no le importa lo más mínimo recordar. Pero su vitalidad no lo refleja. Piensa como quiere y actúa también como desea. Es una especie de rebelde sin causa. Aunque la tiene y no es otra que la música. Y el público, que asegura es lo más importante en un mundo como el suyo. Se llama Miguel Rafael Martos Sánchez (Linares, 1943), si bien es conocido desde hace más de cinco décadas como Raphael. Un nombre éste que tomara de Philips, la compañía con la que comenzara su carrera. A sus espaldas tiene un recorrido acumulado que no le cansa, muy al contrario. Desde los sesenta a la actualidad precisamente gana en energía, o en ilusión, que viene a ser lo mismo y que asegura le desborda.

Inquieto musicalmente, es capaz de atraer a cinco generaciones diferentes. Procura hacerlo además sobre el escenario, básico en una época en la que el directo parece ser lo de menos. Él cree en la voz junto al oído. Quizá por este motivo logra extender más de lo imaginable su gira Loco por cantar, que arrancara en 2017, tras publicar Infinitos bailes meses antes, y que prolonga este año… y el siguiente. Pero, ojo, tiene nuevo álbum “a punto de caramelo”. Al fin y al cabo, Raphael está dispuesto a ofrecer guerra hasta no sabe cuándo. Todo después de superar un trasplante hepático en 2003 quien es, junto a Queen o Michael Jackson, uno de los pocos en tener un disco de uranio por más de 50 millones de discos vendidos -en 1982 ya-. Este viernes la batalla la tiene en Córdoba, ciudad a la que vuelve algo más de un año después de su último concierto. El escenario es el Teatro de La Axerquía. La hora, las 22:00.

PREGUNTA. Más de cincuenta años después, sigue loco por cantar. ¿Cuál es la fórmula para mantener ese deseo firme?

RESPUESTA. Cincuenta y siete años después. (Ríe). Creo que es la ilusión, que está intacta, al igual que la voz. Esta carrera para mí es una cosa maravillosa, porque he podido hacer lo que he querido y cuando he querido. He vivido como me ha gustado.

P. Precisamente le iba a preguntar si es posible mantener la ilusión como el primer día.

R. La he aumentado, tengo mucha más ilusión ahora que cuando empecé. Ahora me importan más las cosas, cuando eres más joven te da todo un poco más igual. Después te importa todo mucho más, lo ves todo más claro.

P. La gira de su último disco, Infinitos bailes, es una especie de maratón con salida pero sin meta a la vista. ¿De dónde sale la energía para aguantar un circuito tan extenso?

R. De lo mismo que decía antes, de la ilusión. Y por el apoyo popular tan tremendo que tengo. Que guste a cinco generaciones es maravilloso.

P. Su tour le ha llevado a México, Chile o Estados Unidos. En 2019 viaja a Francia, Rusia e Inglaterra… La música no tiene fronteras, y un disco de uranio lo confirma.

R. El disco de uranio lo que viene a confirmar es el cariño inmenso del público. Porque son ellos los que, al comprar el disco, te apoyan y dirigen tu carrera.

P. Con tanto concierto viene a demostrar, en cierto modo, que el directo es la esencia de la música…

R. (Interrumpe). Por supuesto, el directo es el directo. Para mí es lo más importante, porque los discos son un recuerdo maravilloso que te queda, pero lo más maravilloso es quedarte en las retinas de la gente.

P. En relación al público, ¿qué secreto guarda para seguir en primera línea de fuego tras más de medio siglo y alcanzar, como decía, a cinco generaciones?

R. Las propias familias me han ayudado. Creo que ellos me han ido recomendando a sus hijos y hasta a sus nietos. Yo pertenezco al público, porque se nota el inmenso cariño que me tienen. Trato siempre de estar mejor, de que no me vean nunca pesaroso, de que salgan y digan: qué enorme.

P. Hablamos de música y del paso del tiempo. A veces da la sensación de que antes, en los sesenta por ejemplo, todo era más auténtico. ¿Quizá la modernidad nos nubla el sentimiento, lo hace todo más artificial?

R. Puede ser. (Piensa). Todos estamos más preocupados por la marcha del mundo en general y quizá estemos más apesadumbrados de ver el panorama que se nos presenta. Pero aquí toca poner el refrán de al mal tiempo, buena cara. Buena no, buenísima cara. No nos podemos dejar abatir.

P. En lo que indudablemente ha existido un cambio es en las letras, ¿no lo cree?

R. Sí, sí. Ahora hay mucha mejor letra que música. Antes había mejor música que letras.

P. Ya que estamos, hagamos uso de la imaginación. Manuel Alejandro es uno de los más grandes autores que ha dado España. ¿Tendría cabida en nuestros días?

R. El más grande. Es el más grande. Sí, claro que sí, lo que pasa es que está cansado. Es igual de válido ahora que entonces y si tuviera la fuerza de entonces sería mejor ahora. Es un compositor impresionante, como no he oído a ninguno. Lo que pasa es que tiene cierta edad y, como yo digo, está viendo pasar la vida, no tiene ese afán de luchar. Si tuviera la ilusión y la fuerza que tengo yo, sería el más importante hoy. Porque sigue vigente.

P. Lo cierto es que el reggaetón y el trap lo ponen difícil…

R. (Interrumpe). Pero eso no molesta nada. Son modas que vienen y van, y ahora está muy fuerte ésta. Le ponen picante a la salsa. (Bromea).

P. A todo esto, usted ha incursionado en muy diferentes géneros. ¿Con qué no se atrevería?

R. No me atrevería con las payasadas.

P. ¿Y qué sería una payasada?

R. No sé, cualquier cosa que yo la oyera y dijera: ¡Qué payasada! Es una payasada sin nombre todavía. (Bromea).

P. Ya que hemos hablado de compositores, ¿hay esperanza de cara al futuro en lo que a autores se refiere?

R. Claro. En mi último disco he tenido el inmenso placer de poder cantar canciones de Manuel Carrasco, Pablo López o Vanesa Martín; una colección de canciones que me han hecho preciosas. Estoy muy contento y con ganas de volver a hacerlo.

P. Hablamos de Infinitos bailes, que ya tiene un tiempo. ¿Hay algo nuevo por ahí?

R. Ya mismo. Lo he grabado en Abbey Road, en Londres, y está a punto de caramelo. Le queda muy poco.

P. Hasta donde se pueda contar, ¿qué nos vamos a encontrar?

R. A Wonderful Surprise. Una maravillosa sorpresa.

P. Viajemos atrás. Usted nació artísticamente con Franco aún muy presente…

R. (Interrumpe). Yo no nací con Franco. He vivido la España que me ha tocado vivir, con todos los personajes buenos y malos que ha habido. Me tocó vivir esa época, que fue muy variada además, pero ya está.

P. Sí, pero entonces comenzó a señalarse, en cierto modo, a quien no hacía música de crítica o social, canción protesta. ¿Le pesó esta circunstancia por ser baladista?

R. Yo hacía canción protesta. La primera canción protesta que se escribió me la escribió Manuel Alejandro y se llama Digan lo que digan. Y la primera canción social también, que la escribió también Manuel Alejandro: Van a nacer dos niños. Hay que escucharla y ver la letra que tiene.

P. Mi duda, ¿se ha avanzado en lo que al fomento y el cuidado de la cultura se refiere?

R. Sí, creo que estamos mucho mejor de lo que estábamos. Los tiempos siempre ayudan a avanzar y a mejorar.

P. Volvamos al presente. Después de cincuenta y siete años, como recordaba, ¿qué queda del Raphael de los inicios?

R. Me queda lo principal, la ilusión y la fuerza.

P. Por otro lado, ¿hay algo que considere le queda por hacer?

R. No noto yo eso, porque cuando quiero hacer una cosa porque me apetece, la hago.

P. A sus 75 años, perdón porque la edad no se dice, ¿cuánta mecha tiene Raphael?

R. (Ríe). No importa, son los que tengo. Es mi edad. Me queda hasta que llegue el día y diga: hasta aquí. Por ahora queda muy lejano.

P. ¿Y qué tendría que suceder?

R. No tiene que suceder nada especial. Haré igual que cuando empecé: quiero cantar, y canté. Diré: hasta aquí. Y hasta aquí habremos llegado.

P. Por cierto, en 2003 tuvo un problema serio de salud. Tanto que siempre habla de su segunda vida. ¿Le permitió comprender con mayor claridad la importancia de la vida? Porque a veces parece que no lo vemos.

R. Pero por supuesto. Por supuesto. El cambio fue radical. Entendía cómo era la vida y cómo hay que vivirla. Y en eso estoy.

P. Si me permite un breve bis, ¿cuál de sus canciones cree que le definiría mejor?

R. Todas tienen un poco de mí. (Piensa). Sería muy injusto señalarte una canción solo.

P. ¿Y si tuviera que elegir una canción para la realidad actual?

R. Está complicado. (Bromea). Pero como soy una persona que siempre ve el vaso lleno en vez de medio vacío, creo mucho en la gente, en mí y en la gente que me rodea, de ésta se sale. Y con nota además.

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