CRÓNICA

'Yo quiero ser Nomi Malone': ¿Se puede redimir el fracaso?

Yo quiero ser Nomi Malone

¿'Showgirls' fue tan malo? Algunos dirían que sí. Pero no para Antonio y Álvaro. Para el primer ciclo del Festival 'Marzo a escena' con el espetactulo Yo quiero ser Nomi Malone, el actor cordobés Antonio Pedraza y el sevillano Álvaro Prados encarnan a la célebre actriz estadounidense, para recrear y reflexionar sobre la película considerada en el pasado un escándalo.

Nomi Malone, protagonista de la película estrenada en 1995 Showgirls dirigida por Paul Verhoven, sube con un disfraz renovado al escenario de la Sala Orive en el edificio que lleva el mismo nombre. Elizabeth Berkley, la actriz que la interpretó, después de que la película se estrenara en cines y fuera un fracaso, rechazó las siguientes propuestas y ganó el premio a la “Peor Actriz” de los Premios Razzie, una carrera cortada. Pero la joven actriz no paró, empezó de cero, hizo otras audiciones y volvió a la actuación. Recordamos el papel en las series de TV Csi Miami y Law & Order.

Los dos actores llevan al escenario temas queer, feministas y la redención tras un mal fracaso. Una crítica a una sociedad que en la época, no la entendía. Una conciencia que llega al espectador: cruda, sensual, provocativa. “El hombre puede hacer lo que quiere”, dice el actor provocando al público. La mujer se sitúa así en el centro, frente a un machismo que durante años ha mandado, ha decidido, y que ahora se va haciendo poco a poco, que los sexos estén en el mismo escalón. Esto es Nomi Malone, una mujer que ante las palabras masculinas que gritaban “Debes venderte, venderte, venderte”, se rebeló.

La sensualidad de los dos actores invade la sala, los dos intentan encarnarse en Nomi, rodando algunas escenas de la película. Actuar, doblar y dejar que las voces de las actrices americanas sustituyan a las suyas, en un intercambio de historias y strip-teases. 

La pantalla más allá del escenario proyecta los defectos de los que todo el mundo tiende siempre a quejarse, o que otros, suelen cargarse. Una escena que lleva a reflexionar: ante las charlas, hay que seguir adelante, sin escuchar a nadie.

El tema del fracaso se aborda como un trampolín. El escenario te hace vivir una experiencia surrealista, sí, pero el mundo exterior es diferente. Como en cualquier carrera y sobre todo en la vida, no siempre puedes mantenerte alto, a veces sucede que vuelas más bajo, o incluso que te encuentras tirado en el suelo. La sociedad señala con el dedo y te asigna un estigma. Pero luego, si se vuelve a empezar, a recuperar las ganas de volar, de correr para volver a subir al escenario, como hizo Nomi Malone, será un triunfo.

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