REPORTAJE

Las posturas impuestas al bailaor desaparecen en el curso de farruca de Marco Flores

Curso de técnica y coreografía de Marco Flores.

Los acordes de guitarra en una Farruca de José Tomás Jiménez acompañan el taconeo de las siete alumnas que desde el pasado lunes han participado en el curso de Técnica y coreografía de La Farruca, de Marco Flores. El coreógrafo y bailaor flamenco gaditano ha participado por primera vez, y no como espectador, en el Festival de la Guitarra de Córdoba. Algo que, según ha contado a Cordópolis, le hace estar “muy emocionado”.

Aunque seguro que Marco no ha alcanzado el nivel de emoción que han sentido sus alumnas al recibir sus clases. Y es que la pasión por el flamenco y la danza les viene desde temprana edad, y en el caso de Vlada Vest, también desde bastantes kilómetros hasta la cuna del flamenco. Vlada es rusa-israelí y lleva tan solo tres años en Córdoba pero ya en Israel comenzó a recibir clases de flamenco desde los ocho. Aunque no era lo mismo, “no teníamos profesores, ni estudios, ni conocimientos”.

En el caso de Vlada es el segundo curso de Marco al que asiste. El otro, detalla, fue en Madrid y trataba de Bulerías y Seguillas, algo “totalmente distinto a este”. El actual, en palabras del “maestro”, trata de “transmitir la técnica dando pautas muy claras” pero dejando libertad para que ellas propongan “y vayan buscándose a ellas, a sus cuerpos, a su manera de sentir, a la fuerza porque cada uno tenemos un cuerpo distinto”. Un aspecto que valoran muy positivamente Estrella Terrón y María Royo, dos de las alumnas: “Nos enseña diferentes técnicas con la finalidad de sacar lo mejor de cada una”.

Y es que, según expresa Estrella, la figura del bailaor o bailaora siempre ha sido concebida con una rigidez determinada, visión que Marco Flores les ha deconstruido. “Siempre hay algo impuesto como la pose al bailarín pero la verdad es que todo es más llano, somos personas y ahí es donde conectas con el público”, cuenta el reputado profesor.

Elena y María son polos opuestos, una comenzó odiando el flamenco y la otra comenzó en el mundo de la danza. Pero Elena quiso darle una oportunidad más y, tras volver de Madrid -donde estudiaba Pedagogía de la Danza Española-, decidió comenzar a estudiar la raíz. “He acabado descubriendo algo que no pensaba que me iba a enriquecer tanto”.

Según cuenta Flores, todas las alumnas tienen un nivel avanzado lo que ha permitido darle una magnitud más amplia al aprendizaje. Por lo que han podido disfrutar de clases con un nivel bastante avanzado, ya que además “se ve que están acostumbradas a tomar clases a la hora de trabajar”.

Tres horas de intensidad

Las clases de tres horas han comenzado “trabajando técnica pero de manera relajada, buscando la movilidad con la técnica del pie, es una manera de despertar el cuerpo”. Una vez con el cuerpo despierto, han continuado con material, “montando distintas acciones que luego jugamos con las variaciones y las adaptamos al palo que estamos trabajando y a las distintas estéticas que puede tener la farruca”.

Tres horas que han superado con creces las expectativas de Vlada. “Más que cumplirlas, estamos tres horas con el suelo muy duro y muchísimo calor pero el trabajo que hacemos con él no tiene precio”. Además, resalta que, “al ser pocas, podemos aprovechar más el espacio y oír mejor las cosas que dice”.

El curso, que ha finalizado este martes, ha sido una motivación más para las alumnas para seguir luchando por su sueño de dedicarse al flamenco. Un sueño que tienen una camino duro pero que al final siempre “nace”, confirman Estrella y María, que aunque aseguran que a veces necesitan alejarse del baile y se plantean muchas otras cosas “es algo que va a volver”. De momento, ya han dado un paso más, aprender y bailar delante de Marco Flores, un taconeo que se ha escuchado más fuerte y más cerca de su objetivo.

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