Fernando Molero Campos: “Es difícil que la realidad supere la serie B”

Selfie de Fernando Molero Campos con el hombre mosca al hombro y la portada de su libro al fondo.

Robert Hutchinson y Peter McIntire son amigos de la infancia y han quedado para pescar en el río. Peter cae al agua accidentalmente y es devorado por un banco de truchas mutantes. Mientras, Robert consigue alcanzar la orilla después de haber sido mordido por una de estas voraces criaturas. Como consecuencia de ello, Robert se irá convirtiendo poco a poco en un monstruo. Esta es la síntesis de La cosa del río (Rosetta, 2018), la nueva novela del profesor, crítico, padre y hombre de Fernán Núñez, ese pueblo de serie B, Fernando Molero Campos.

La cosa del río es un homenaje a las películas norteamericanas de terror y ciencia-ficción de serie B de los años 50. Tras varios libros de cuentos, novelas y hasta de esconderse tras una escritora con nombre italiano -pero nacida en Fernán Núñez- para escribir una novela pornográfica, intelectual, popular, cinéfila y muy familiar, Fernando vuelve a las letras uniendo lo que más le gusta: cine y literatura.

Esta tarde a las 20:30 tendrá su presentación en el salón de actos del que fue su instituto como profesor, el Luis de Góngora, antes de que regresara a ejercer a un centro de su pueblo de la campiña. Acompañará al escritor Andrés González Leiva, dibujante de cómic, profesor y autor de la portada del libro.

P. ¿Es un pájaro, un avión, qué es La cosa del río?

R. La cosa del río es más bien algo subacuático. La cosa del río es una novela con estructura de guión de cine que pretende emular una proyección cinematográfica (con su intermedio y todo, en el que se incluye un cuento titulado Amor en blanco y negro, que es un homenaje a la película Breve encuentro de David Lean), y que termina como un DVD. La cosa del río es una aventura y un homenaje a esas viejas y deliciosas películas de serie B de terror y ciencia-ficción norteamericanas de los años 50.

P. Al fin literatura y cine fundidos. ¿Era un sueño por cumplir?

R. Pues sí. Aunque llevo mucho tiempo trabajando en ello. En todos mis textos hay siempre, de un modo u otro, referencias cinematográficas. De hecho, en mi anterior novela, La carne y la palabra, hay un capítulo titulado "Una cuestión de guiones", en el que la protagonista y narradora escribe un guión para una película porno. Pero aquí he tratado de romper con esas estúpidas fronteras que ponen límites a la expresión literaria. La escribí como una novela y la visualicé como una película mientras la escribía. Combiné los elementos para que diera respuesta a este doble amor por la literatura y el cine.

P. ¿Podría ser una película esta novela?

R. Podría serlo si se adelgaza, lógicamente, el texto y se elimina todo lo que de literario hay en el mismo y se reescriben los diálogos. ¿Por qué digo esto? Pues muy sencillo, porque en la novela hay una gran carga literaria, sobre todo en lo que no es diálogo. Salvando las distancias, que son muchas e insalvables, he querido hacer algo parecido a lo que hacía don Ramón María del Valle-Inclán en sus obras de teatro: literaturizar en exceso todo aquello que no está del lado de los personajes sino de esa entidad creadora que se identifica con el autor, con el narrador, etc. Nos olvidamos de todo eso y tenemos el armazón perfecto para una película. De serie B. Con truchas mutantes. Científicos nazis. El ejército de los EEUU. El FBI. Etc.

P. ¿Trae extras este libro?

R. Ya he dicho que al final pretende ser un DVD. Trae el making off de cómo se escribió el libro, la biografía de los personajes y una filmografía básica para conocer el cine norteamericano de serie B de terror y ciencia-ficción de los años 50.

P. ¿Cuánto terror norteamericano de serie B de los años 50 te has tragado?

R. Mucho. Muchísimo. Bueno, regular, malo y malísimo. Pero de todas las películas se saca algo. Aunque sea pasar un rato divertido. Y hay algunas obras muy interesantes que todo el mundo conoce. El increíble hombre menguante. La mujer y el monstruo. La mosca. La humanidad en peligro. Ayer mismo terminé de ver una que no vi en su momento titulada Cómo se hace un monstruo, una película bastante floja que tiene de interesante que trata el tema del cine dentro del cine, que me apasiona, sobre una figura no muy vista en este tipo de propuestas fílmicas: el maquillador, el creador de esas máscaras de hombre lobo, alienígenas, etc., convertido en un asesino por culpa de un despido improcedente de los responsables del estudio de cine para el que trabaja.

P. Criptohomosexuales, nazis, un sheriff, el FBI, una ictióloga, periodistas y militares pululan por esta historia. ¿La realidad supera la serie B?

R. Se dice que la realidad supera a la ficción, pero a la serie B de terror y ciencia-ficción lo veo difícil, porque hay que reconocer que hay guionistas bastante imaginativos. Yo he querido realizar un compendio de personajes de este tipo de películas que sirvieran a mi manera de entender el mundo y a los objetivos de este relato.

P. El gran dibujante Andrés González Leiva se ha encargado de la portada. ¿Vivimos una época dorada de dibujantes e ilustradores en Andalucía?

R. No puedo opinar del tema porque no soy un gran conocedor del mismo. Pero a quien sí conozco desde hace mucho tiempo es a Andrés González Leiva, a quien dedico el libro porque está en el origen del mismo. Él fue quien me dio una idea básica para un proyecto del IES Luis de Góngora que luego creció y creció hasta convertirse en La cosa del río. De hecho, Andrés tiene una novela gráfica titulada Serie B con la que este libro comparte muchos estilemas.

P. ¿Qué fue de Anabelle Escorzo?

R. De momento sigue por ahí de gira con su novela La carne y la palabra, que está siendo un gran éxito, al parecer, en todos los sexshops, nigth clubs, trastiendas de videoclub (en el caso de que estos lugares existan todavía) y en librerías de medio mundo. Dios nos cría y nosotros solos nos vamos juntando. Quiero pensar que es feliz y que sigue teniendo ese marido que tenía cuando yo la dejé al final del capítulo 16 de la novela.

P. ¿Escribes por necesidad? 

R. Por necesidad. Por gusto y placer. Porque es una experiencia fantástica. Porque se aprende mucho escribiendo. Sobre uno mismo y sobre el mundo que le rodea. Porque me permite crear universos inexistente en el que caben muchas personas que son yo y son otras al mismo tiempo. Porque escribir es otra manera de vivir.

P. ¿Te hacen crítica literaria tus alumnos?

R. De momento, no. Me hacen crítica a mis intervenciones cuando interactúo con ellos y con ellas en charlas y encuentros. Aunque espero que lo hagan en breve cuando lean esta novela: La cosa del río, que a pesar de que, como en toda mi obra, hay mucha retórica y bastante elaboración del lenguaje, es más asequible por estar muy dialogada. Es interesante para trabajarla en lectura grupal, algo que ya he empezado a hacer con mi alumnado del IES Miguel Crespo de Fernán Núñez.

P. ¿Dónde reside tu creatividad para tanta literatura?

R. Ay, qué más quisiera yo que ser verdaderamente creativo. Yo simplemente me limito a buscar hilos de todo aquello que veo, leo, vivo o escucho y darle una forma que sirva, como he dicho muchas veces, para comprender el mundo inventando otros paralelos. Hay que tener siempre puestas las gafas de ver la realidad desde tantos ángulos como nos sea posible. La creación sólo es fruto del esfuerzo y el trabajo.

P. ¿Cuánto de inspirador tiene el pueblo, Fernán Núñez?

R. Me gusta que hayas dicho "el pueblo", y no el pueblo de Fernán Núñez. Muchas personas saben por qué. La inspiración está allí donde uno esté. Pero mira, casualmente, uno de mis mejores cuentos, con el que gané no hace mucho el más importante de cuantos premios he recibido hasta ahora, el Ignacio Aldecoa, y que lleva por título El efecto dominó, lo escribí en Fernán Núñez gracias a mi recién descubierta afición a jugar al dominó con un grupo de amigos de toda la vida.

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17 de mayo de 2018 - 08:01 h
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