Alba Moon, poeta: “La escritura tiene que ser un lugar donde no tengas que martirizarte”
La abundancia suele ser estéril. Una silla puede ser el medio de transporte más rápido. Desde lo inmóvil se puede acceder a cualquier lugar. La mejor arquitectura siempre nace en los sueños. De todo esto sabe y habla Alba Moon (Córdoba, 1993), poeta y periodista, redactora esencial de la revista ROOM Diseño, y ganadora del penúltimo Premio Valencia Nova de poesía en castellano con su primer poemario, Hambre en Manhattan (Hiperión, 2025).
Aunque la autore presentó el pasado viernes este poemario en Córdoba, la entrevista que sigue se hizo en Madrid, ciudad donde Alba Moon vive desde hace unos años. Quedamos en Chamberí, pero llegamos tarde al punto elegido para charlar, el Bar de Libros Olavide, así que entramos en un moderno local de diseño llamado Apetito House, quizás para mantener una aparente coherencia con el título de su obra. Aunque, pensándolo bien, el apetito es el hambre de los poderosos.
El hambre, el vacío, el deseo, es lo que me hace escribir
PREGUNTA (P). El hambre tiene capítulos, y en el primero de ellos, ese que tan frívola y exactamente titulaste la protagonista debería ser meg ryan, escribes esto: “supongo que hay autores / a los que no se puede leer con el estómago vacío”. ¿Qué hay que comer para leerte?
RESPUESTA (R). Una tabla de quesos, por ejemplo, que acabo de ver que es la especialidad de la casa.
P. La primera vez que leí el título de tu poemario no pude evitar hacer esta asociación: ¿Hambre en Manhattan es el fruto de algún tipo de sed en Córdoba?
R. No lo había pensado, pero es posible. Por circunstancias personales, hubo un momento que sentí que tenía que salir de Córdoba. No sé si era hambre o era sed, la verdad.
P. O vacío.
R. Exacto. Cuando el estómago está vacío, habla. Es eso que dicen de que te suenan las tripas, ¿no? En mi caso, el hambre, el vacío, el deseo, es lo que me hace escribir.
P. ¿Hambre en Manhattan es el producto de algún viaje a Nueva York o de una temporada viviendo allí?
R. No, nunca he estado en Nueva York. Y no quería contar la tristeza ni la frustración por no haber vivido allí. Porque, de alguna manera, sentía que sí había estado a través de las series de televisión, las películas, los poemas…
P. No sé si es buena idea que el lector sepa que no has estado jamás en Nueva York…
R. No te preocupes, ya lo conté en la radio, por culpa de Juanjo (Fernández Palomo, colaborador de este medio de comunicación). Al principio yo quería que la gente lo leyese sin saber este dato, pero así también tiene gracia. Mucha gente me preguntaba… ¿cuándo estuviste? Y yo les decía: “Hace un tiempo, en el sofá, en la quinta temporada de Sex and the City”. No he estado en Nueva York, desgraciadamente. Pero ojalá esté algún día, porque me apetece mucho, es mi sueño desde chiquita...
P. Muchas de tus escritoras favoritas nacieron o vivieron en Nueva York…
R. Totalmente. Son autoras que nunca leí en el colegio, el instituto o la Universidad. Cuando estuve estudiando en la UCO, era como todo muy canónico, todo muy masculino, por así decirlo, y no había casi nada, por ejemplo, de la literatura del siglo XX, que es la que más me interesa.
Creo que le debo mucho a las redes sociales, pueden ser muy didácticas si las usas bien
P. Entonces, ¿quién te daba pistas?
R. Nadie, pero por mi culpa. A mí me recomiendan un libro y, bueno, si eres alguien que me importa o te respeto, sí te hago caso, pero si no, prefiero descubrir cosas. Por ejemplo, un día, en la biblioteca de Lepanto, iba escogiendo, como yo digo, “a deo”, y vi un ensayo de Joan Didion que se llama Norte y Sur, un relato de su viaje en carretera atravesando Norteamérica, y me pareció súper chulo. Y ahora, por ejemplo, estoy con un libro, de Donna Tartt.
P. ¿La que ganó el Pulitzer?
R. Sí, ganó el Pulitzer de Literatura hace poco, o sea... Puedes pensar que como es un best-seller, entonces no va a ser bueno… Pero lo que yo pienso es que el Quijote es el gran best-seller de la literatura, así que... Volviendo a tu pregunta anterior, la mayoría de las autoras que yo he conocido ha sido por puro azar, o por ser una chica muy crónicamente online.
P. ¿Tú eres una chica crónicamente online?
R. Siempre me han gustado mucho las redes sociales. Aunque no publicara mucho, la verdad es que me he crecido en el mundo Fotolog, en el mundo de Tumblr. Y en Tumblr, por ejemplo, hay muchísimas páginas donde comparten poesía de autores norteamericanos contemporáneos. Ahí conocí a Dorothea Lasky, a Eileen Myles, a la Escuela Poética de Nueva York: a Frank O'Hara, a John Ashbery. Todo eso me sirvió de alimento, por eso creo que le debo mucho a las redes sociales, que pueden ser muy didácticas si las usas bien. Aprendo un montón y una cosa me lleva a otra y acabo como...
P. Practicas un dumb scrolling fértil…
R. Sí. No me gusta el dumb scrolling, pero, obviamente, caigo, soy muy fan ahora de los vídeos de esas personas que te salen en TikTok y te dicen de repente: “Sal de la pantalla”. Me encanta. Es como el mensaje de una madre.
P. ¿Y después de Hambre en Manhattan?
R. No me gusta hablar de planes ni de futuro, porque siempre pienso que si se habla de las cosas luego no se cumplen. Tengo muchos proyectos abiertos y no sé si seguirán la misma línea, aunque yo intuyo que al final sí, porque es la manera en la que más cómoda me siento y la forma en la que más me divierto. Yo creo que la escritura tiene que ser un lugar donde no tengas que martirizarte, me lo quiero pasar bien y reírme mientras escribo. De hecho, me divertí muchísimo escribiendo Hambre en Manhattan. Creo que tenemos que quitarnos un poco ese estigma de la culpa por dejar las cosas. Si empiezo un libro y no me gusta no voy a esforzarme en acabarlo, no pasa nada. Estoy tan cansada de Goodreads, de toda la dinámica esa de “tenemos que leer mucho, tenemos que leer mucho”, y venga a leer libros cortitos, pequeñitos, para poder decir al final que has leído 78 libros este año. Pues no. Yo este año me voy a leer tres libros largos, entre ellos Los detectives salvajes, de Bolaño, que lo tengo pendiente desde hace mucho tiempo.
P. ¿Has leído algo de poesía que te haya gustado especialmente?
R. Últimamente no, lo que estoy leyendo sobre todo es ensayo porque lo que quiero escribir va por ahí, me está interesando mucho el comportamiento humano.
Cada vez que escribo un artículo para ROOM, sobre diseño, sobre arquitectura, es como si estuviera haciendo una investigación profunda. Estoy todo el rato con la curiosidad despierta y creo que esa es la mejor forma de vivir: seguir aprendiendo, descubrir a este creador, meterme un poco en el concepto de su obra, y también me ayuda a ver desde otra perspectiva las ciudades, o cómo habitamos un edificio. Y me acabo relacionando con el contexto espacial de una forma completamente diferente a como lo hacía previamente. Antes, yo entraba en una tienda y decía que era bonita, o fea, o diferente, y ahora siento que analizo otro tipo de elementos, miro la rugosidad de la pared, entiendo el concepto y me planteo por qué lo hacen así, y sé por qué ese espacio es diáfano, miro los materiales, miro hacia abajo y veo que hay una mesa larga y entiendo que tiene influencia escandinava o del Japón. Lo disfruto todo mucho, y me hace entender la vida de otra forma. Y veo marketing por todos los lugares, veo el mensaje de la gente que abre un negocio y entiendo que todos los espacios que se crean tienen un fin, y también me gusta ver el propósito que esconde la persona que ha creado ese tipo de espacio.
Nunca he estado en Nueva York
P. Te escucho y me viene a la cabeza ese proyecto de ciudad casi infinita… ¿Cómo se llama?
R. ¡The Line! Sí, es que a veces parece que ya no se construye para las personas sino solo para los ricos, a los demás nos quieren echar, nos quieren echar de todos los sitios, ¿tú por qué crees que ahora todos los bares tienen taburetes en vez de sillas? Para que no estemos cómodos, para que consumamos rápido y nos vayamos pronto.
P. Con lo que te gusta a ti una buena silla como dios manda…
R. Siiiií. La silla me obsesiona, me obsesiona completamente. De hecho, en Hambre en Manhattan hay un poema en honor a las sillas que hay en el MOMA. La silla es el lugar perfecto. Incluso para aburrirse. Antes nos permitíamos aburrirnos y ahora no sabemos qué es el aburrimiento.
P. Ahora al aburrimiento se le llama mindfulness. Des Bishop, un cómico de Londres, aunque es americano-irlandés, dice que antes hacíamos mindfulness constantemente porque no teníamos móviles.
R. ¡Y es verdad! Recuerdo que cuando iba de viaje, me quedaba mirando las gotas de lluvia que corrían por la ventanilla. Las carreras que hacían las gotas cuando era pequeña. Seguro que a todos los niños de mi generación les pasaba eso. Tú estabas en el coche con tus padres, sentada en el asiento de atrás, y estaba lloviendo. Entonces veías las gotas y tenías una gota favorita que querías que ganara esa carrera. Y, cuando no ganaba, incluso te afectaba mucho. Y decías: “Bueno, en la próxima va a ganar”. Y entonces buscabas otra gota favorita. Pero el duelo porque esa gota no había ganado la carrera era duro. Yo creo que el primer paso para encontrarte con la frustración es esa gota. La gota favorita. La gota que perdió la carrera.
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