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“Se volvía agresivo si dejaba de jugar”: cuando salta la alerta con el abuso de pantallas y la ayuda profesional esquiva la adicción

Atención a familias y menores sobre la adicción a las pantallas en la unidad del Instituto Provincial de Bienestar Social de Córdoba.

Carmen Reina

20 de junio de 2026 20:00 h

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Cuando dejaba el videojuego, se volvía agresivo”. “Llegó a amenazar con tirarse por el balcón”. “Cuando empezaba, no sabías cuándo iba a acabar de jugar”. “Mi hija no era así, es como si nos la hubieran cambiado”. “Tenía grupos multitudinarios de WhatsApp y recibía mensajes de desconocidos. Le mandaban stickers eróticos”. “Todo esto nos viene largo, no sabíamos cómo afrontarlo”.

Estas son algunas de las alertas que saltaron en la vida normal de dos familias de Córdoba cuando sus hijos adolescentes empezaron a tener un uso desmedido de las pantallas, un abuso de dispositivos como el teléfono móvil o los videojuegos, que acabó por alterar sus conductas, su desarrollo social y la vida familiar. La siempre particular etapa de la adolescencia se unió a los problemas relacionados con el consumo de nuevas tecnologías a esa edad. Y ese cóctel, que puede suponer una adicción digital y sus consecuencias, hizo que acudieran a recibir ayuda profesional para frenar y reconducir la situación, donde acompañar a las familias y educar en el uso de las pantallas es el objetivo.

El testimonio -con nombres ficticios para preservar su anonimato- que han prestado a Cordópolis ambas familias y los profesionales que las atienden muestran cómo el abuso de las pantallas puede llegar a alterar sus vidas. Guille tiene 14 años y es buen estudiante, cuentan sus padres. Tuvo teléfono móvil a los trece años y el uso de la Play estaba restringido a los fines de semana. “Su problema son los videojuegos”. Recuerdan que, durante un día en casa de unos amigos “probó el Fornite” -un videojuego en línea con más jugadores-, y luego se lo instaló sin saberlo sus padres. “El demonio ha entrado en casa”. Es la frase que su madre, Rocío, dice para describir la situación que se desencadenó a partir de entonces.

Atención a familias y menores sobre la adicción a las pantallas en la unidad del Instituto Provincial de Bienestar Social de Córdoba.

Aislamiento y cambio de carácter

La situación se complicó: no admitía negociaciones sobre las horas de juego, argumentaba que todos sus amigos estaban conectados jugando, se aislaba de su familia, dejó de salir con amigos, abandonó el deporte, empezó a ser desordenado y su carácter también se vio afectado, describen sus padres. La gota que colmó el vaso fue la agresividad que mostraba cuando dejaba de jugar y su contrariedad por ello hasta el punto de amenazar con el suicidio, con tirarse por el balcón.

La derivación de su pediatra cuando sus padres insistieron en la gravedad de la conducta de Guille fue lo que les llevó a la puerta de la Unidad de Adicciones del Instituto Provincial de Bienestar Social de Córdoba (IPBS) que, específicamente, tiene un programa de Intervención Psicoeducativa con menores, jóvenes y familias para acompañarlas y prevenir los consumos de sustancias o nuevas tecnologías y pantallas que suponen un riesgo.

Adicción a las pantallas

A esta misma puerta de ayuda llegaron los padres de María, de 12 años. En su caso, la derivación la hizo la especialista de Salud Mental que trata a esta adolescente diagnosticada de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Hace unos meses que le compraron un teléfono móvil, con la condición de no usarlo en casa, para localizarla porque su trastorno hacía que, a veces, se despistara del grupo de amigas y se perdiera, cuentan sus padres, José y María. Pero, además de esa utilidad, la chica encontró en el móvil una ventana para relacionarse que le resultaba más sencilla, sin prever las consecuencias que puede tener el uso de internet a esas edades.

“Cada vez veíamos que los usaba más, el móvil y la tablet”, relata su madre sobre cómo detectaron el abuso de pantallas. Y se dieron cuenta de que tenía “grupos multitudinarios en WhatsApp”, de personas desconocidas, de las que recibía mensajes. “Le mandaban stickers eróticos”, pone como ejemplo. Además, “enlazaba las horas del día” usando el teléfono para llamadas, para escuchar música o para estar en internet. “Ella lo justificaba. Es algo que le entretiene, habla con amigos, ve vídeos... Son muchos estímulos”, precisamente algo que encaja como 'alimento' para su hiperactividad. Y cuando intentaban cortarle el uso del móvil, su respuesta sacaba la rebeldía adolescente: “No es justo, me estáis aislando”.

La psicóloga Ana Anguita atiende a familias y menores sobre la adicción a las pantallas en la unidad del Instituto Provincial de Bienestar Social de Córdoba.

“Es como si nos la hubieran cambiado. Ella no era así”

“Es como si nos la hubieran cambiado. Ella no era así. Te trata con la punta del pie. Es muy duro, desde por la mañana hasta por la noche”, dice preocupada su madre. Y, a la vez, notan cambios en el ánimo de su hija: “Le bajan la autoestima”, dice, sobre los mensajes que recibe de desconocidos en esos grupos de mensajería: “Cree que no vale nada”. Ante esta situación, en las familias saltan las alarmas: “Nos viene largo todo esto, no sabemos cómo afrontarlo. Necesitamos ayuda”.

Esa ayuda la prestan en este centro la psicóloga Ana Anguita y el educador social Yayo Cazallo, encargados de escuchar a los menores y sus familias, de planificar una intervención con ellos y desarrollarla en distintas sesiones, para reconducir el abuso de pantallas y sus consecuencias en las conductas de los chicos y la vida familiar. En una primera entrevista de acogida evalúan cada caso particular y, a partir de ahí, llega la atención profesional específica.

Toca discernir lo que son comportamientos propios de la adolescencia, el cuestionamiento de la autoridad paternal, la rebeldía y los cambios en los intereses y relaciones de los chicos -ahora todo eso con el uso de pantallas de por medio-, de las líneas rojas en sus conductas que hay que frenar, como los insultos o el autoritarismo de estos menores, explica Cazallo.

Todo eso hay que explicárselo a los padres y madres, para establecer la situación real. “Las familias llegan muy preocupadas” dice el educador social, ya sea por el abuso de horas en el uso de dispositivos o por las reacciones negativas que asocian a esto. “Hay que rebajar el miedo y plantear la medida de las cosas”, señala sobre cómo utilizar pantallas es algo que sí o sí va a pasar: “Las usan para relacionarse, para su ocio...”. Pero hay que estar atentos a esas “respuestas airadas, a que afecte al sueño o la alimentación, o al rendimiento académico”, a las líneas rojas que no se deben saltar.

Familia atendida sobre la adicción a las pantallas en la unidad del Instituto Provincial de Bienestar Social de Córdoba.

Aprendizaje y ayuda para las familias

Las familias aprenden a vadear la adolescencia con el elemento de las pantallas incluido. “Sabemos que no hay que entrar en un permanente conflicto con él por eso”, cuenta Rafa sobre su hijo. “Si uno le riñe en un momento dado, el otro (componente de la pareja) no”, dice para que el menor no vea un muro de sus padres ante él sino que tenga siempre a quién hablarle y no se aísle más. Y poner unas normas para el uso de los dispositivos.

“Tiene que haber comunicación, también normas, consensuadas con él para que sea más fácil que las asuma y también se pueda apelar a su responsabilidad si no lo hace”, apunta el educador social.

“A las familias se les ofrecen unas pautas, unas normas”, explica la psicóloga. En este centro intervienen con los padres de María, mientras se coordinan para que Salud Mental siga su atención a la menor con TDAH. “Es importante que los padres tengan un espacio al que acudir, donde expresar lo que están viviendo en casa”. Y que sirva de acompañamiento para el proceso vital que están pasando sus hijos.

“Acompañar y educar en el uso de las pantallas”, repiten los profesionales sobre su labor y su objetivo. Un objetivo que va viendo resultados cuando los chavales adecuan el uso de dispositivos y se reconduce con normas y límites. Evitan, de esa manera, caer en una adicción de la que cada vez ven a menores con más corta edad. “Con las pantallas cada vez llegan chicos y chicas antes, nos encontramos con casos incluso de 10 años”, alerta Anguita.

Para que salten esas alarmas a tiempo, pediatras, enfermeras escolares o especialistas en Salud Mental son quienes derivan a los menores y sus familias a este centro cuando detectan posibles abusos de pantallas y consecuencias en la conducta. Actualmente, la Unidad de Adicciones del Instituto Provincial de Bienestar Social de Córdoba actúa con 14 menores y sus familias por el uso desmedido de dispositivos tecnológicos.

El educador social Yayo Cazallo atiende a familias y menores sobre la adicción a las pantallas en la unidad del Instituto Provincial de Bienestar Social de Córdoba.
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