Prisionero 3.274 en Mauthausen: la memoria y el recuerdo de Emilio Alcalde se recupera para siempre en su pueblo
El próximo 5 de septiembre, Cardeña (Córdoba) será escenario de un acto de recuperación de la memoria de uno de sus vecinos, deportado a campos nazis. Será con la colocación de la piedra de la memoria o Stolperstein número 202 dedicada a los al menos 353 cordobeses deportados a campos de concentración. El Ayuntamiento de Cardeña y la Asociación Triángulo Azul Stolpersteine de Andalucía rendirán así homenaje en la calle Doctor Fleming, donde reside actualmente parte de su familia, a Emilio Alcalde Jiménez, republicano cordobés deportado al campo de concentración nazi de Mauthausen y asesinado en el subcampo de Gusen el 18 de febrero de 1942, con solo 24 años.
Las Stolpersteine, creadas por el artista alemán Gunter Demnig, son pequeños adoquines con una placa de latón que se colocan en lugares vinculados a la vida de las víctimas del nazismo. Cada una lleva inscrito el nombre y el destino de una persona y devuelve al espacio cotidiano la identidad de quienes fueron perseguidos, deportados y, en muchos casos, asesinados.
En este caso, se recordará ya para siempre a Emilio Alcalde Jiménez, del que se ha recuperado toda su historia vital para rendirle homenaje. Nacido en Dos Torres el 23 de abril de 1917, hijo de Macario Alcalde Fernández y Petra Jiménez García, era el segundo de seis hermanos. Su historia familiar quedó estrechamente vinculada a Cardeña, localidad a la que se trasladaron sus padres. Su padre trabajó en las Minas de San Rafael, en La Vacadilla, donde también trabajaría Emilio. Tenía solo 19 años cuando el golpe de Estado militar de julio de 1936 y la posterior Guerra Civil en España cambiaron para siempre el rumbo de su vida, señala la organización que ha recuperado sus datos y fotografías.
Durante la contienda alcanzó el grado de cabo e ingresó en Barcelona en la Escuela Popular de Guerra, según consta en la documentación conservada en el Centro Documental de la Memoria Histórica. Tras la derrota republicana se exilió en Francia. Pero tampoco allí encontró un lugar seguro. Durante la Segunda Guerra Mundial y tras la ocupación alemana de Francia, Emilio fue capturado e internado en el campo de prisioneros de guerra Stalag VII-A de Moosburg, cerca de Múnich. Allí quedó registrado con la matrícula 15.311. Posteriormente, fue incluido en un convoy de 108 republicanos españoles con destino a Mauthausen. De aquellos 108 hombres, 54 serían asesinados en los campos del horror nazi.
Identificado como apátrida en Mauthausen
Emilio llegó al campo de concentración de Mauthausen el 31 de agosto de 1941. Allí comenzó el proceso destinado a despojar a los deportados de su identidad: les retiraban sus pertenencias y su ropa, les rapaban el cabello, los vestían como prisioneros y sustituían sus nombres por números. Emilio pasó a ser el 3.274. Como otros republicanos españoles, fue identificado con el triángulo azul de los apátridas y una S de Spanier, español: hombres privados de la protección de su país y considerados sin patria mientras la propia insignia que los señalaba seguía diciendo que eran españoles.
El 20 de octubre de 1941 fue trasladado a Gusen, uno de los lugares más mortíferos del complejo de Mauthausen, donde recibió una nueva matrícula: 13.917. Allí los prisioneros fueron sometidos al trabajo esclavo en las canteras, con jornadas extenuantes, hambre, frío, enfermedades y una violencia sistemática que convertía el trabajo en una forma de exterminio.
En apenas unos años, aquel joven había pasado de la guerra al exilio, del exilio al cautiverio y de allí a Mauthausen y Gusen. El sistema de concentración nazi intentó borrar su identidad hasta convertir a Emilio Alcalde Jiménez en el número 15.311, el 3.274 y el 13.917. Pero detrás de aquellos números seguía estando Emilio: el hijo de Macario y Petra, el hermano de María, Zoilo, Antonio, Josefa Antonia y Manuela, un joven con una vida y una familia. Emilio Alcalde Jiménez fue asesinado en Gusen el 18 de febrero de 1942 con 24 años.
Una piedra de la memoria junto a su familia
La colocación de la Stolperstein de Emilio Alcalde tendrá además una especial dimensión familiar. En Cardeña vivió su madre, Petra, y aquí permanece parte de sus descendientes. Su sobrina María conserva numerosas fotografías de Emilio y tendrá desde ahora un lugar cercano en el que recordar a su tío, cuidar su piedra y dejarle unas flores.
La presidenta de la Asociación Triángulo Azul Stolpersteine de Andalucía, Cristina García, ha agradecido especialmente la implicación del Ayuntamiento de Cardeña y ha destacado la importancia de que sean las propias instituciones democráticas las que impulsen y respalden este tipo de proyectos. “Durante décadas fueron las familias quienes conservaron fotografías, documentos y recuerdos, mientras las asociaciones memorialistas hemos investigado, reconstruido expedientes y acompañado a sus descendientes. Pero la memoria de las víctimas no puede descansar únicamente sobre las familias y el movimiento memorialista. En un Estado democrático, las instituciones tienen la responsabilidad de reconocerlas, repararlas y garantizar que su historia forme parte de nuestra memoria colectiva”.
En este sentido, desde Triángulo Azul se destaca que la colaboración con los ayuntamientos convierte cada colocación en un acto público de reconocimiento y reparación, y reafirma el compromiso de las instituciones democráticas con la memoria de las víctimas y con los valores de dignidad, democracia y derechos humanos. La Asociación ha valorado asimismo el trabajo del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática y de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática.
Además, está previsto que el próximo 31 de octubre, el Estado entregue a los descendientes de Emilio su Declaración de Reconocimiento y Reparación Personal, solicitada y tramitada por Triángulo Azul, junto con otras 18 declaraciones más gestionadas por la entidad.
Recuperar sus vidas para la historia
La historia de Emilio Alcalde es la de al menos 353 cordobeses que fueron deportados a campos de concentración nazis. El proyecto Stolpersteine, liderado por la Asociación Triángulo Azul Stolpersteine de Andalucía en colaboración con los ayuntamientos, recupera sus nombres, sus historias y su lugar en la memoria colectiva. Cada piedra es un nombre que vuelve, una biografía, una familia y una historia que recuperan su lugar en el espacio público.
La Stolperstein de Emilio Alcalde en Cardeña será la número 202 de un proyecto liderado por la Asociación Triángulo Azul Stolpersteine de Andalucía, en colaboración con los ayuntamientos, para recuperar individualmente la memoria de los al menos 353 cordobeses deportados a campos de concentración nazis. Detrás de cada una de estas piedras existe un trabajo de investigación, documentación, recuperación de biografías y acompañamiento a las familias, al que se suma la implicación de los municipios para devolver al espacio público los nombres y las historias de sus vecinos deportados.
El proyecto continuará avanzando durante los próximos meses. A lo largo de 2026 está prevista la colocación de otras 38 Stolpersteine, con las que se alcanzarán las 240 piedras en memoria de deportados cordobeses antes de finalizar el año. Las próximas colocaciones se distribuirán entre Montemayor (2), Villaharta (11), Hinojosa del Duque (14), Villa del Río (4), Aguilar de la Frontera (5), Nueva Carteya (1) y PeñarroyaPueblonuevo (1). Esta última corresponde a un nuevo deportado de Peñarroya-Pueblonuevo localizado durante las investigaciones y que estuvo recluido en el campo de concentración nazi de Neuengamme, una muestra de que, más de ocho décadas después, la investigación continúa permitiendo recuperar nombres e historias que permanecían desconocidos.
La dimensión de la deportación cordobesa fue especialmente trágica en el complejo de Mauthausen Gusen. De los al menos 353 cordobeses deportados, 325 pasaron por Mauthausen y 238 fueron asesinados. De esos 325, 287 pasaron por Gusen y 210 fueron asesinados allí. Al finalizar 2026, 240 de esos hombres tendrán su nombre inscrito en una Stolperstein, cerca de los lugares donde vivieron ellos o sus familias. No son solo 240 piedras: son 240 nombres, 240 biografías y 240 historias familiares devueltas al espacio público.
“El proyecto Stolpersteine constituye así una apuesta por la memoria democrática y los derechos humanos, construida desde la investigación memorialista y la colaboración de las instituciones democráticas. Frente a un sistema concentracionario que buscó deshumanizar a sus víctimas y sustituir sus identidades por números, cada piedra realiza el camino contrario: devuelve un nombre, reconoce una vida y convierte su recuerdo en memoria colectiva”, concluyen desde esta iniciativa.
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