La peor sequía desde los años cincuenta arruina cosechas en toda la cuenca del Guadalquivir

Sequía en el río Guadalquivir a su paso por Córdoba

En la memoria colectiva de agricultores y ganaderos, pero sobre todo de los ciudadanos, está la pesadilla de la gran sequía de los años noventa. Entre 1993 y 1995, todo el sur de la Península Ibérica sufrió una histórica ausencia de precipitaciones que secó embalses y que provocó restricciones para el consumo en las ciudades. Las capitales de Sevilla, Cádiz, Málaga o Granada tuvieron que restringir las horas a las que se podía abrir el grifo. Los camiones cisterna abastecían a decenas de municipios en los que se habían secado sus pozos. El campo se arruinó. Apenas se cosecharon cereales durante aquellos años y se llegaron a perder frutales (árboles que tardan años en recuperarse).

Con los datos de precipitación en la mano, la actual sequía es peor que la de los años noventa. El agua sigue llegando a las ciudades. Apenas hay restricciones al consumo humano, salvo en casos muy concretos. Pero un invierno extremadamente seco, que va camino de récord, está arruinando ya al sector agrícola y ganadero de la cuenca del Guadalquivir. Y está dejando a los embalses y los acuíferos en una situación que de no diluviar en primavera provocará grandes problemas en el abastecimiento a las grandes ciudades a partir del verano.

La situación actual de ausencia de lluvia es peor ya que la de los años noventa e incluso que otra histórica sequía anterior, la de los años ochenta. Según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), analizados por Miguel Moya del Colectivo Metefreak, no hay un periodo con lluvia tan escasa para un periodo de siete años desde los años cincuenta del siglo XX, los del periodo 1948-1954. El episodio actual arranca en 2015. Desde entonces (y salvo 2018, gracias a una primavera excepcional), ha llovido de media menos de 400 litros al año.

La escasez de lluvia en Córdoba en los meses de enero y en lo que va de febrero (con una perspectiva muy poco halagüeña en lo que queda de mes) está provocando ya una situación dramática en el campo de una manera bastante generalizada. La siembra de cereales de invierno (trigo y cebada, principalmente) ha sido un fracaso. El cereal sembrado en terrenos más arenosos está ya seco y se da por perdido. En muchos casos, habrá que resembrar y esperar a que llueva en primavera. El sembrado en terrenos arcillosos está aguantando algo más.

Sin pasto y con piensos más caros por la situación en Ucrania

El ganado se ha quedado sin pasto fresco y el coste de los piensos se ha disparado. Además, los pozos de muchos ganaderos están casi secos y extraer agua es cada vez más caro, provocando un imparable aumento de costes de producción que se une a una crisis de precios. “Una tormenta perfecta”, lamenta el secretario provincial de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) en Córdoba, Miguel Cobos. El pienso, para más inri, cuesta cada vez más caro por las tensiones en Ucrania, uno de los principales graneros del mundo. Una guerra en el Donbass podría ser fatal para sus ciudadanos y para los ganaderos españoles. De momento, alimentar al ganado es un 30% más caro ahora que antes de Navidad.

“Esto puede ser la puntilla para el campo”, lamenta Cobos. Desde antes de la pandemia, el sector está en pie de guerra. Cada día, muchos agricultores y ganaderos abandonan la actividad por falta de rentabilidad. Se incrementan todos los costes. Ahora son los combustibles. Cada vez es más caro arrancar el tractor. Pero Cobos insiste: “ahora mismo el mayor problema que tenemos es la sequía”.

La provincia de Córdoba se la juega ahora mismo con varios cultivos. Uno de ellos es el ajo. El sector es el más potente a nivel nacional y llega a competir en Europa de tú a tú con el chino. “Es un cultivo de regadío”, asegura el secretario provincial de UPA. En la cuenca del Guadalquivir no se puede regar con agua procedente de los embalses desde el 2 de noviembre de 2011, cuando la Confederación declaró oficialmente la sequía. El sector se enfrenta a un año en blanco. Muchos ajeros no son propietarios de las tierras que cultivan, sino que las arriendan. Tienen que pagar lo que le corresponde y es probable que apenas cosechen nada. Además, el ajo es un sector que genera muchos jornales. Miles de trabajadores eventuales se juegan también su sustento.

La falta de lluvia también está desconcertando a sectores a priori poco propicios a sufrir la sequía como el de la apicultura. Sin lluvia no hay floración. Y sin flores, no hay néctar para las abejas. Hay millones de insectos que ven comprometida su supervivencia por la sequía extrema. Y los apicultores comienzan a mover sus panales y a acercarlos a los escasos lugares húmedos que van quedando.

Desde noviembre no se puede regar. Los cultivos leñosos (olivar, almendros o los cítricos del Valle del Guadalquivir) aguantan mejor el episodio actual que los cereales, por ejemplo. Pero no podrán hacerlo durante mucho tiempo. Salvo el olivo, un árbol especialmente resistente a la sequía, tanto los almendros como los cítricos se juegan su supervivencia. Si sufren graves daños por la falta de agua, necesitarán años en recuperar la producción, según recuerda Cobos. “Necesitamos agua aunque sea para mantener el cultivo, no la producción”, ha asegurado.

La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) reservó unos 90 hectómetros cúbicos precisamente para esos riegos extraordinarios que permitan salvar a los cultivos leñosos. El próximo miércoles, el organismo regulador de la cuenca reunirá a la Comisión de Desembalse, donde se decidirá qué hacer. Esa aportación extraordinaria garantizará la supervivencia de esos cultivos, pero mermará un poco más en el vaciado de los embalses.

El Guadalquivir ha dejado de fluir

El río Guadalquivir es ahora mismo poco más que un gran charco a su paso por Córdoba. El río apenas si fluye en un pequeño arroyo bajo el Puente Romano de Córdoba. Sus aguas están estancadas y generando una enorme cantidad de fitoplacton, un síntoma de la situación de ausencia de lluvias. En la provincia, los embalses están en mínimos. En Iznájar, los arqueólogos han podido estudiar un yacimiento de hace 6.000 años en Algarinejo (Granada). En La Breña II, el embalse que quedó sumergido es completamente visible. En Puente Nuevo, las antiguas carreteras que cruzaban el río Guadiato han emergido. Lo mismo ha ocurrido en Sierra Boyera.

En Córdoba, los embalses están al 23% de su capacidad. A esta altura del año, deberían estar al 60%, según la media de la década. Córdoba tiene la reserva de agua más importante de Andalucía. En sus pantanos caben 3.411 hectómetros cúbicos de agua (los regadíos de Sevilla dependen de estas presas). Ahora mismo, apenas retiene 794 hectómetros cúbicos. A estas alturas de un año normal debía haber más de 2.000 hectómetros cúbicos. La situación es crítica en La Breña II, al 16% de su capacidad, o en Puente Nuevo, al 18%. Ambos embalses se usan fundamentalmente para el regadío. Su agua se deposita en el Guadalquivir que funciona como un gran canal natural para suministrar regadío a las provincias de Córdoba y Sevilla.

De momento, el abastecimiento a las ciudades en Córdoba no peligra. De Iznájar beben más de 100.000 personas. El embalse está al 25%. Pero Iznájar es el mayor embalse de Andalucía y ahora mismo retiene 246 hectómetros cúbicos de agua, suficiente como para que no haya problemas en todo el sur de la provincia de Córdoba hasta final del verano. La capital también está cubierta gracias al juego del Guadalmellato y San Rafael de Navallana. Entre los dos retienen 116 hectómetros cúbicos de agua. Es igualmente suficiente para que no haya restricciones en Córdoba ciudad. Peor está la situación en la zona norte, que depende de Sierra Boyera. Es un embalse más pequeño, que actualmente está al 24%, pero donde solo quedan 9 hectómetros cúbicos de agua.

El decreto de sequía

Los agricultores y ganaderos esperan cuanto antes que el Consejo de Ministros apruebe el decreto de sequía. Solo así podrán acceder a un paquete de ayudas económicas con el que combatan la ruina que se les viene encima. El decreto ha sido consensuado y pactado en el seno de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, para que una vez enviado al Ministerio de Agricultura tan solo haya que enviarlo a su aprobación. El expediente está culminado, a falta de pequeños flecos y es probable que esta misma semana llegue a Madrid, según han confirmado varias fuentes.

Eso sí, es probable que el Gobierno espere unas semanas más. Si se mantiene la situación actual, es probable que vayan declarando la sequía más confederaciones hidrográficas en España, como la del Guadiana, la del Tajo o la del Segura. Si eso ocurre, se intentará aplicar el mismo decreto para todas, según han confirmado las fuentes consultadas por este periódico.

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