¿Emiral o califal? Los arqueólogos discrepan sobre el origen de la mezquita de Santa Clara
La mezquita de Santa Clara fue construida a finales del siglo X o principios del XI sobre una iglesia abandonada tras la conquista islámica, según ratifica el arqueólogo Pedro Marfil, hoy profesor de la Universidad de Córdoba (UCO), que dirigió una exhaustiva excavación en el solar en 1995. Su posición discrepa abiertamente de la defendida recientemente por la Gerencia de Urbanismo, cuyo arqueólogo responsable, Juan Murillo, data en el siglo IX la mezquita.
“En mis trabajos de 1995 pude documentar la existencia de una iglesia del siglo VI debajo de la mezquita califal”, asegura Marfil. El templo cristiano tiene planta de cruz griega, según la descripción del profesor de la UCO, y una anchura mayor que el edificio actual. En concreto, sus dimensiones son de 19,5 metros por 21 y constaba de una entrada lateral desde la calle Rey Heredia.
La iglesia fue abandonada en el siglo VIII, tras la conquista islámica, y no volvió a ocuparse el solar hasta la construcción de la mezquita califal. Marfil identificó un derrumbe de tégulas [tejas planas de arcilla cocida] generalizado en el edificio cristiano, lo que, en su opinión, reforzaría la tesis del abandono. El nombre original del oratorio es Santa Catalina, según precisa el experto, aunque adquiere el de Santa Clara por el convento aledaño construido en el XIII.
“De haber existido una mezquita emiral reutilizando la iglesia”, argumenta el arqueólogo de la UCO, “no habríamos encontrado ese gran derrumbe, ya que el edificio se hubiera mantenido a lo largo del tiempo”. Pedro Marfil cree que la comunidad mozárabe desmontó la iglesia y perforó un pavimento de mosaico para acceder a tumbas anteriores al templo para llevarse los restos humanos enterrados.
Entre el siglo VIII y finales del X el oratorio se quedó sin uso porque los cristianos cordobeses tenían prohibido por el nuevo orden islámico usar las iglesias intramuros. Eso explicaría, a juicio de Marfil, el “vacío de 300 años” en el uso del solar de Santa Catalina.
La mezquita construida en este espacio tiene una “tipología bien documentada en la Córdoba califal”, asegura el arqueólogo. Y pone como ejemplo el oratorio de Medina Azahara o el excavado en las pistas de atletismo del Fontanar. Por su parte, la evolución constructiva de las mezquitas emirales “tiene su mejor ejemplo en la Aljama”. En este tipo de templos islámicos, los muros de sillería “evolucionan desde las estructuras macizas de sillares a soga y tizón, en los que va aumentando el número de tizones progresivamente a lo largo de los ensanches del edificio”.
Ahora bien: ¿es posible que en la actualidad se hayan encontrado restos que no se detectaron en 1995? Pedro Marfil se muestra firme al respecto: “Los trabajos han sido de consolidación y limpieza. No se ha excavado. Esas observaciones se basan en la valoración de un muro ya excavado por Lauro Olmo o por mí”. Y añade: “Datar una estructura simplemente por su aspecto, sin tener en cuenta el trabajo científico realizado anteriormente presenta un problema de falta de información suficiente”.
No me parece bien colocar aquí el Museo Cofrade. Este edificio merece ser explicado por sí mismo
“Yo puedo asegurar que no existe ninguna mezquita anterior a la de finales del X”, subraya Marfil, “ya que he podido excavar de forma amplia el edificio y realizar la estratigrafía muraria completa”. Por lo tanto, en su opinión, fundamentar la existencia de la mezquita emiral basándose en la presencia de un “muro más antiguo” es una hipótesis “falta de rigor”. Es más, añade el experto: “Durante mis excavaciones pude documental un gran agujero lleno relleno de desechos y materiales califales y eso es incompatible con el uso del espacio para este fin religioso”.
Este templo ya fue fechado con anterioridad por el arquitecto Félix Hernández, recuerda el profesor. Para su identificación se basó en los “paralelos de la técnica de construcción, que es igual a la de la ampliación de Almanzor en la Mezquita de Córdoba”. También cotejó la puerta del alminar, que presenta la “combinación de dintel adovelado, monolítico y arco”.
En 1981, el arqueólogo Lauro Olmo, catedrático de Arqueología de la Universidad de Alcalá, efectuó excavaciones en el edificio, que se centraron en tres zonas: junto al mihrab, en las puertas del oratorio y en la galería. “Pero no en el patio”, puntualiza Marfil. En su estudio, Olmo Enciso fecha el templo en el último tercio del siglo X y comienzos de la fitna o guerra civil andalusí, datada en 1008.
El arqueólogo Luis Caballero descartó que los restos de Santa Catalina correspondieran a una iglesia y defendió la hipótesis de que se trataban de una casa del siglo V. “Ni qué decir tiene que Caballero no excavó en el edificio y desconocía los hallazgos y la estratigrafía”, remarca Pedro Marfil. Sus opiniones, por lo tanto, se cimentaron basándose en los “paralelos hispanos conocidos”. Fue este arqueólogo, a juicio de Marfil, quien propuso la hipótesis de una mezquita emiral “al confundir un muro del siglo XIV con otro califal”. Y añade: “Este error se debe a su desconocimiento de las técnicas constructivas cordobesas, en las que el aparejo de estilo califal perduró en tiempos bajomedievales cristianos”.
La mezquita de Santa Catalina es de vital importancia para la arqueología por su “estado de conservación excepcional” y porque reúne “fases esenciales de la historia de la ciudad”. Desde ese punto de vista, Pedro Marfil se opone al proyecto municipal que planea ceder el uso de este espacio como Museo Cofrade. “Este edificio merece ser explicado por sí mismo y sin nada que distraiga el mensaje de la historia de Córdoba”, concluye el arqueólogo.
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