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Desarrollan una “coraza” para mejorar la terapia con calor que se usa para tratar el cáncer sin dañar tejidos

Cáncer de mama.

Redacción Cordópolis

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Las nanopartículas de oro, cuyo tamaño sería equivalente a la milésima parte del ancho de un cabello humano, tienen la capacidad de convertir la luz que reciben a través de un láser en calor. Esta habilidad, que en medicina se conoce como terapia fototérmica, es eficaz para destruir células cancerosas sin dañar el tejido sano de alrededor y es una de las técnicas en las que está profundizando la comunidad científica como alternativa para evitar la agresividad de la quimioterapia.

Ahora bien, el mismo superpoder con el que atacan los tumores, el calor, es su propia criptonita, ya que acaba deformando las nanopartículas de oro y, con ello, debilitando su efectividad. En concreto, estas nanopartículas tienen una forma y un contorno muy definidos, como dos pirámides unidas por la base. Al recibir calor, las pirámides van redondeando su contorno y perdiendo la forma, por lo que no pueden dirigir bien el calor a una zona determinada. Un ensayo en laboratorio realizado por un equipo internacional en el que han participado las Universidades de Córdoba, Estrasburgo y Sorbonne ha identificado una nueva fórmula para estabilizar las nanopartículas de oro, que estas mantengan su forma durante más tiempo y así su efectividad dure más.

La clave ha sido dirigirse hacia la capa más superficial (o plasmón) de estas nanopartículas, que es donde se recibe la luz del láser, y añadirle una nueva molécula, como si de una coraza se tratara. Dentro de las diferentes moléculas que el equipo ha utilizado, un polímero ha sido el más eficiente para estabilizar la nanopartícula. Como explica la investigadora de la UCO Irene López Sicilia, “se trata de un polímero de cadena larga que protege muy bien a la nanopartícula y que se posiciona en ciertas partes de la misma protegiendo mejor que otras moléculas”.

En la izquierda: Irene López, Victor Ehrlich, Ali Abou-Hassan, Myriam Chaovachi y Anupong Nuekaew. En la foto de la derecha el investigador de la UCO Juan J. Giner.

El polímero ha funcionado mejor que una molécula más biocompatible como el citrato de sodio, que proviene del ácido cítrico y que se encuentra en el limón o la naranja, por ejemplo. Ese ácido, a pesar de no ser malo para las personas, sí afecta a la morfología de las nanopartículas. “En la investigación hemos comprobado que una molécula biocompatible como el citrato de sodio no es la mejor alternativa para estas nanopartículas, sino que es un polímero que no tiene las propiedades biológicas tan buenas como el citrato”, sostiene López Sicilia.

Así lo han observado utilizando, gracias a la colaboración con un equipo de Estrasburgo, una técnica llamada microscopía electrónica de transmisión de celda líquida, que permite conocer en el mismo momento qué está ocurriendo durante la irradiación y cómo cambia la morfología de la nanopartícula.

El ensayo, que surgió tras una estancia predoctoral de López Sicilia gracias a una beca de movilidad de la Universidad de Córdoba, se ha publicado en la revista Advanced Functional Materials y en él han participado también Valentina Girelli Consolaro, Sophie Marbach, Nancy Rahbany, Grégoire Petit, Ovidiu Ersen, Juan J. Giner Casares y Ali Abou-Hassan. La idea es comprender cómo funcionan estas partículas y controlar su funcionamiento durante terapias médicas que usen calor, como las que se están estudiando contra el cáncer.

Referencia:

I. López-Sicilia, V. Girelli Consolaro, S. Marbach, et al. “Elucidating the Role of Surface Ligands on the Oxidative Etching of Au Bipyramids During Photothermia Using Liquid Cell Transmission Electron Microscopy.” Advanced Functional Materials (2026): e00034. https://doi.org/10.1002/adfm.202600034

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