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La contaminación del aire en Córdoba por el humo supera por tres veces el máximo recomendado la OMS

Córdoba bajo el humo de los incendios del centro de la península

Alfonso Alba

27 de julio de 2026 20:02 h

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Este lunes ha sido un mal día para salir al aire libre en el Valle del Guadalquivir. El viento sur comenzó a trasladar a la provincia de Córdoba el humo de los incendios que están quemando las sierras de Ávila y Madrid, en una de las mayores catástrofes medioambientales de la Península. La inversión de la llegada de la noche ha provocado que el humo se quedase encajado en el Valle del Guadalquivir y que incluso con el cambio de viento, muy leve, apenas se moviese.

La enorme boina de la humareda ha provocado un episodio inédito de contaminación del aire en Córdoba. Los informes sobre la calidad del aire de las tres estaciones de la ciudad marcaban niveles “muy desfavorables” durante este episodio. Tanto que el umbral máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) se había superado por tres veces. Muchos cordobeses notaban la humareda no solo porque apenas se distinguía la sierra desde la ciudad, sino por el picor de garganta y ojos, e incluso por la aparición de tos. Los más perjudicados han sido las personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, para quienes este tipo de episodios supone un riesgo añadido.

Los registros de la Red de Vigilancia y Control de la Calidad del Aire de la Junta de Andalucía reflejan que la estación de medición de la avenida Al-Nasir alcanzó durante la tarde una concentración máxima de 140,35 microgramos por metro cúbico (µg/m³) de partículas PM10, uno de los principales indicadores utilizados para evaluar la contaminación atmosférica. Las otras dos estaciones de la capital, Lepanto y Asomadilla, también registraron valores elevados, suficientes para situar la calidad del aire en la categoría de “muy desfavorable”.

Las partículas PM10 son fragmentos sólidos o líquidos microscópicos con un diámetro inferior a diez micras. Pueden estar formadas por polvo mineral, cenizas, hollín, compuestos orgánicos o metales y, en episodios como el vivido este lunes, proceden en gran medida del humo generado por los incendios forestales. Su reducido tamaño permite que penetren en las vías respiratorias y alcancen los bronquios, provocando irritación e inflamación y agravando patologías previas.

Tres veces por encima del umbral máximo

La Organización Mundial de la Salud recomienda que la concentración media diaria de PM10 no supere los 45 microgramos por metro cúbico. El pico registrado en Córdoba durante la jornada multiplicó por más de tres esa referencia sanitaria, un nivel que, aunque no implica necesariamente un riesgo grave para toda la población sana tras una exposición puntual, sí incrementa la probabilidad de sufrir molestias respiratorias y cardiovasculares, especialmente entre niños, personas mayores, embarazadas y pacientes con asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o problemas cardíacos.

El contaminante más perjudicial para los ciudadanos es el relacionado con las partículas PM 10. Su nivel se mide en en microgramos por metro cúbico de aire respirado. El plan aprobado inicialmente por el Ayuntamiento de Córdoba establece tres umbrales de superación: a partir de 40 microgramos, un segundo por encima de los 50 y un tercero en los 80.

El plan establece un sistema de gestión basado en tres niveles de actuación según la gravedad del episodio. El primero es el umbral de activación, que se dispara cuando la media diaria de PM10 supera los 40 µg/m³ durante tres días consecutivos, sirviendo para preparar los medios necesarios. El segundo es el umbral de información, que se activa con 50 µg/m³ de PM10 o 200 µg/m³ de NO₂, obligando a informar de inmediato a la población y adoptar medidas de atenuación. Finalmente, el umbral de alerta representa la situación más grave, activándose con 80 µg/m³ de PM10 o 400 µg/m³ de NO₂, lo que requiere medidas excepcionales e inmediatas. El episodio actual casi ha duplicado el máximo fijado por el propio Ayuntamiento.

Los efectos comenzaron a apreciarse desde primera hora de la tarde del domingo. La nube de humo redujo notablemente la visibilidad sobre la capital hasta difuminar el perfil de Sierra Morena. El característico olor a madera quemada se extendió por numerosos barrios y las redes sociales se llenaron de fotografías en las que el cielo aparecía cubierto por una densa capa grisácea. Muchos ciudadanos relataron irritación de garganta, escozor de ojos y sensación de dificultad para respirar durante los momentos de mayor concentración de partículas.

A diferencia de otros episodios de contaminación registrados en Córdoba, normalmente asociados a intrusiones de polvo sahariano, en esta ocasión el origen de las partículas se encuentra en la combustión de grandes masas forestales. El humo de los incendios contiene, además de partículas sólidas, numerosos compuestos procedentes de la quema de biomasa, lo que convierte este tipo de situaciones en un problema de salud pública cuando las condiciones meteorológicas favorecen su acumulación cerca del suelo.

La configuración atmosférica resultó determinante. El flujo de viento del sur transportó la pluma de humo desde los incendios declarados en el centro peninsular hasta el valle del Guadalquivir. Posteriormente, la estabilidad atmosférica y la inversión térmica favorecieron que la contaminación quedara atrapada sobre la ciudad durante horas, impidiendo su dispersión incluso cuando la dirección del viento comenzó a modificarse ligeramente al caer la tarde.

Los especialistas en calidad del aire recomiendan durante este tipo de episodios evitar el ejercicio físico intenso en el exterior, reducir el tiempo de permanencia al aire libre, mantener cerradas las ventanas cuando la concentración de partículas sea elevada y prestar especial atención a las personas más vulnerables. En caso de tener que permanecer en la calle durante un periodo prolongado, el uso de mascarillas FFP2 puede disminuir de forma significativa la inhalación de partículas finas.

Aunque las concentraciones de contaminación descienden habitualmente cuando cambia la situación meteorológica o desaparece la fuente emisora, los expertos recuerdan que la exposición repetida a niveles elevados de partículas constituye uno de los principales factores ambientales relacionados con enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Por ello, la vigilancia de estos episodios y la información a la población resultan esenciales cuando fenómenos extraordinarios, como los grandes incendios forestales, terminan afectando a territorios situados a cientos de kilómetros del foco del fuego.

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