Cuando las condiciones de habitabilidad de las viviendas se convierten en un problema por el calor extremo
Cuando la temperatura en la calle en Córdoba supera los 40 ºC con creces y lo hace gran parte del verano, la población busca refugio dentro de sus casas para huir del calor. Pero las condiciones de muchas viviendas construidas hace décadas distan mucho de ser las adecuadas para amortiguar el calor extremo y la población ha tenido que ir tirando de recursos como aparatos de aire acondicionado que pueblan fachadas enteras de edificios.
En Córdoba, por ejemplo, “existe un amplio parque de vivienda social construido entre los años 50 y 70 que, en su inmensa mayoría, no tienen aislamiento”. Y ahí, “con condiciones climáticas más extremas, las condiciones de habitabilidad se vuelven un problema”, explica a Cordópolis Curro Crespo, arquitecto de la cooperativa Amasce y Máster en Ciudad y Arquitectura Sostenible.
Las construcciones actuales se guían por el Código Técnico de Edificación, con rango de ley, “que impone muchos requisitos para cumplir los estándares de confort y equipamiento de un edificio de viviendas”. Pero, hay grandes bolsas de bloques de pisos en muchos barrios construidos a mediados del siglo pasado que no cuentan con ese tipo de medidas y “hay que reacondicionarlas”.
Para este arquitecto, esta realidad es “un problema acuciante”, con las actuales condiciones climáticas que existen en la ciudad, un calor que no afecta tanto a las nuevas edificaciones construidas con medidas de aislamiento térmico. “Tenemos un problema de obsolescencia en la edificación de barriadas muy grandes, por su inadaptación al calor”, apunta Crespo. Y advierte de que esta realidad hace que “se convierten en barrios que incrementan su vulnerabilidad porque las edificaciones se quedan obsoletas”, ante la demanda de la ciudadanía de poder hacer frente al calor y cuidar su salud ante ello.
“Sin aire acondicionado y con una mala orientación, la temperatura en el interior de una vivienda puede ser de 35 grados, que más bien es una temperatura propia de exterior”, pone como ejemplo, recordando además que el rango de temperatura en el interior de una vivienda para una vida saludable está en 22 ºC en invierno y en 25 ºC en verano. “Tener 35 grados es estar diez grados por encima del umbral confortable”.
Para hacer frente a las malas condiciones de confort térmico de las viviendas, en ciudades con temperaturas extremas como Córdoba todo el que puede instala un aparato de aire acondicionado en casa, dando lugar a esa imagen de fachadas repletas de máquinas para convertir en fresco el aire caliente. También hay ayudas de las administraciones para la rehabilitación de viviendas con medidas de eficiencia energética que, por ejemplo, ayudan a cambiar ventanas para conseguir mayor hermetismo o en edificios completos se instala una segunda piel con una cobertura de aislamiento térmico. Pero ahí, también hay obstáculos como la lentitud administrativa, la falta de dinero suficiente o la dificultad de poner de acuerdo a las comunidades de vecinos.
Crespo aboga por actuar ya y tener perspectiva a medio y largo plazo, pero advierte que, “a fuerza de no hacer nada salvo a corto plazo, se nos va pasando el tiempo” para poder rehabilitar en condiciones adecuadas las viviendas que necesitan nuevas medidas para soportar el calor extremo.
Decisiones de diseño y acondicionamiento pasivo
Mientras, en las construcciones nuevas el Código Técnico de la Edificación vigente desde 2007 dicta las normas de confort. Pero eso, en ciudades como Córdoba con calor extremo, tiene que ir acompañado de “decisiones de diseño y acondicionamiento pasivo”, dice el experto. ¿Qué significa eso? Pues desde instalar toldos para proteger las ventanas de la radiación solar y que no incida en el vidrio creando un efecto invernadero a incorporar vegetación, medidas que son muchas de ellas “estrategias de la construcción tradicional, que se pueden rescatar sin renunciar al diseño contemporáneo”. Los patios de Córdoba son buena muestra de esa arquitectura tradicional que ayuda a mantener fresca una vivienda.
Pero no siempre se desarrollan esas medidas más allá de la norma. “Hay arquitecturas que sí tienen esa mirada y hay otras que no tanto, se suelen apoyar mucho en instalaciones de aire acondicionado, en acondicionamientos que suplen esa inadecuación del diseño”. Crespo apuesta por explorar otras medidas, como incorporar chimeneas de ventilación para extraer bolsas de aire caliente de las zonas comunes e incluso de los pisos de un bloque, o proteger las últimas plantas con un aislamiento específico en las azoteas, además de tener en cuenta la orientación del edificio y sus ventanas, evitando el oeste.
“Deberíamos tender también a un diseño urbano para favorecer determinadas orientaciones”, apostilla. Y es que, en la historia de la humanidad, “grandes ciudades desaparecieron por su inadaptación a cambios climáticos en su momento”, explica Crespo sobre urbes que se borraron del mapa cuando un río se desecó y se perdieron zonas fértiles, por ejemplo.
Por eso, con vistas al futuro, este arquitecto experto en sostenibilidad plantea que “habría que hacer un cambio cultural profundo, que también pasa por el sentido común y rescatar conocimientos que la humanidad siempre ha tenido. Ahora, el desarrollo de la tecnología ha hecho que nos olvidemos de nuestra vinculación con el territorio y nuestro problema actual es herencia de un periodo en el que nos hemos sentido desconectados de nuestro entorno” y sus condiciones climáticas.
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