Un año del gran apagón: así fue una jornada inédita para la historia
Poco después de las 12:30 del 28 de abril de 2025, de repente, los relojes digitales se pararon marcando esa hora. Así se quedó grabado el inicio de la jornada del gran apagón, que sumió a Córdoba y su provincia en una jornada inédita que afectó a 50 millones de personas en la Península Ibérica. En Córdoba, semáforos apagados, calles y edificios sin luz, todo tipo de máquinas sin funcionar, viajeros en tierra en la estación y un sinfín de anomalías en un día en el que, por momentos, también iba desapareciendo la comunicación telefónica y por internet. La vida, de repente, dio un vuelco y hubo que adaptarse a esa nueva realidad que en la capital duró hasta la madrugada y en algunos pueblos de la provincia hasta 24 horas. Un año después, recordamos cómo se vivió el gran apagón en Córdoba.
Pasado el mediodía de repente muchos comercios y viviendas de la provincia y la capital cordobesa vieron cómo la luz y los aparatos eléctricos se desconectaban. A partir de ahí, se produjeron una cascada de incidencias. El tráfico viario también se veía afectado con la desconexión de la red de semáforos. En la estación de Renfe también hay problemas, con trenes detenidos. El tráfico ferroviario se detuvo y la estación se desalojó a mediodía, pero finalmente se reabrió para alojar a los viajeros afectados por la falta de transporte. La Unidad Militar de Emergencia (UME) tuvo que rescatar a viajeros de algunos trenes parados.
Los bomberos se movilizaron ante numerosas incidencias y llegaron a actuar para rescatar a un centenar de personas de ascensores que se quedaron bloqueados. La Policía Local, por su parte, se desplegaba para controlar el tráfico en amplias zonas de la ciudad. El servicio de Emergencias 112 recibía una avalancha de llamadas con distintos avisos.
La caída también afectó a las redes de comunicación móvil, que presentaban problemas desde el inicio del apagón. Los efectos se notaban en los comercios, que no podían realizar cobros electrónicos, debido a la caída de la red. Tampoco se podía sacar dinero de los cajeros automáticos. Todas las puertas automáticas permanecían abiertas, mientras los locales y establecimientos comerciales estaban abiertos, pero en penumbra, en las primeras horas. La mayoría de las grandes superficies estaban abiertas, pero no podían cobrar y, poco a poco, todo el comercio optó por cerrar.
En las gasolineras también había problemas para repostar, ya que necesitaban estar conectadas a la red eléctrica para poder autorizar el suministro y el cobro. La DGT pedía que no se hicieran desplazamientos si no eran imprescindibles.
Generadores propios en el Hospital Reina Sofía
Mientras, en el complejo sanitario del Hospital Reina Sofía, funcionaban con grupos eléctrógenos propios y un camión de gasoil llegaba a abastecer dicho generador. La situación así estuvo controlada, aunque el principal centro sanitario comunicaba que suspendía la asistencia sanitaria no urgente sobre las 17:00. Las cirugías que estaban en curso cuando se produjo el apagón pudieron terminar, en su mayoría, aunque algunas se tuvieron que suspender. Y los centros de salud estaban cerrando porque no podían dispensar recetas electrónicas ni acceder al historial de los pacientes.
Por su parte, los colegios enviaban mensajes a las familias para informar de que podían pasar a recoger al alumnado, ya que el apagón había afectado tanto a las clases como al servicio de comedor. A las 15:00 la Junta informaba de la suspensión de la actividad presencial con horario de tarde. Asimismo, la administración autonómica comenzaba a mandar a casa a los trabajadores públicos de los edificios oficiales del Gobierno Andaluz. Y la Universidad de Córdoba anunciaba la suspensión de la actividad académica y administrativa hasta el restablecimiento del servicio eléctrico.
Sin pantallas ni teléfonos a los que atender, los vecinos salían a pasear, a conversar, a intentar hacerse con algunas provisiones y los niños jugaban en la calle. Del estupor inicial y los cientos de mensajes en los grupos de mensajería, los ciudadanos pasaron a tener cierta preocupación conforme el día avanzaba y las horas de luz solar se terminaban.
La red de telefonía se vino definitivamente abajo sobre las 21:00. Tras nueve horas de generadores trabajando sin descanso para mantener una leve conexión, tanto el sistema de llamadas como de datos dejó de funcionar. Y la gente se quedó incomunicada.
En los bazares se agotaban las pilas para los transistores, las baterías y los hornillos de gas para cocinar. Los restaurantes y bares fueron atendiendo a los clientes a mediodía pero, a la caída de la noche, ya no quedaba nada abierto ni nada frío en su interior. Por la noche, la ciudad quedó sumida en la más profunda oscuridad. Los cordobeses se refugiaron en sus casas en cuanto se puso el sol. Fuera, la oscuridad más absoluta en unas calles sin alumbrado, en las que solo se iluminaban brevemente por el paso de algún vehículo. La noche y la madrugada fueron de pilas, velas y transistor, de bocadillos en las viviendas sin gas butano.
Informar desde 'Cordópolis' en un día sin electricidad
Y mientras, en los medios de comunicación locales como Cordópolis, siguió el trabajo intenso durante toda la jornada, hasta que fue posible, para contar esa jornada histórica. A las 12:33 en la redacción cuando se apagaron los ordenadores de mesa. Un portátil seguía encendido y, en segundos comenzaron a llegar mensajes de desconcierto y a saber que algo importante estaba ocurriendo, no solo en Córdoba, sino en toda la Península. Tardamos menos de un minuto en conectar el ordenador portátil a los datos y en publicar la primera información: Apagón en Córdoba, se titulaba.
Como siempre ocurre cuando hay un apagón, recibimos una avalancha de visitas de lectores tratando de saber qué estaba pasando. Pero poco a poco el alud se venía abajo. Las conexiones eran cada vez más difíciles. Y Red Eléctrica anunciaba que la cosa iba para largo. Rápidamente, en redacción nos hicimos con tres ordenadores que fuimos racionando. Y algunos compañeros se fueron a la calle para ver y contar lo que estaba ocurriendo, en los comercios, en los centros de trabajo, en la estación, etc etc.
Pero poco a poco, las conexiones comenzaron a caer. A partir del mediodía, la comunicación se volvió analógica. Y muchos de los mensajes se quedaban en el limbo de las telefónicas, a la espera de una cobertura que no regresó con normalidad hasta la madrugada. Durante la tarde, la redacción en una quinta planta del centro de Córdoba sirvió de zona elevada con algo de cobertura. Lo suficiente para poder actualizar durante varias horas la información.
Pero tras racionar portátiles y lograr una conexión con el único móvil con datos de toda la redacción, tras salir de allí, la desconexión total. A partir de las 21:00 ya fue imposible. Ni datos, ni llamadas, ni acceso a internet. Por primera vez en casi trece años no podíamos contarle a los lectores qué estaba pasando. Salimos a fotografiar la ciudad a oscuras, con la imagen del termómetro del Palacio de la Merced aún marcando las 12:33, con los policías y bomberos triplicando turnos, con voluntarios ayudando a la gente. Y la madrugada se echó encima de Córdoba, aún sin luz.
Fue sobre la 1:00 ya del 29 de abril, cuando la electricidad comenzó a llegar a parte del norte de la provincia de Córdoba. En Córdoba capital algunos puntos la recuperaron a la 1:30 pero regresó de manera generalizada a las 4:46 de la madrugada, aunque algunas zonas tuvieron que esperar a las 6:00. Y hubo municipios del sur de la provincia que pasaron 24 horas sin luz. Toda una jornada sin electricidad en el gran apagón.
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