El parque empresarial más seguro de España está en Córdoba y cumple 15 años

Joyas expuestas en el museo del Parque Joyero | ÁLEX GALLEGOS

En junio del año 2005, la Reina Sofía descorría la cortina que cubría una placa de mármol negro en el Parque Joyero de Córdoba. 15 años después, el sueño del sector más singular de Córdoba empezaba a fraguarse. El objetivo era pasar de ser artesanos a empresarios e industriales. Pero el camino, como nada en Córdoba, iba a ser fácil. Al poco de nacer estalló la crisis inmobiliaria, que en Córdoba afectó de lleno a la ciudad, y al Parque Joyero.

15 años después, y justo a la salida de otra gran crisis, la del coronavirus, el Parque Joyero puede afirmar ya que es el espacio empresarial más seguro de España. Dentro de sus muros, vigilados con la última tecnología, hay cientos de empresas ya no solo de joyería, pero principalmente, que aguardan en su interior piezas y material de un valor incalculable. 1.200 personas acuden a diario a este espacio creado para el esplendor de la joyería, que hoy está ocupado al 70% y que espera que el final de la obra del Centro de Convenciones y Exposiciones suponga el espaldarazo definitivo que lo consolide.

“En España hay dos actividades comerciales que tienen más de 20 siglos”, explica Arístides Bermejo, gerente del Parque Joyero: “la exportación de aceite de oliva y la joyería”. El gerente inicia su relato en el interior del museo del Parque Joyero, frente a un mapa del norte de la provincia de Córdoba que señala una multitud de minas que se han explotado desde la época romana hasta bien entrado el siglo XX.

Durante 20 siglos, Córdoba ha sido una potencia exportadora de joyas y aceite de oliva. La cercanía de las minas, unas tierras fértiles y un río navegable que prácticamente se convertían en una salida directa al mar facilitó su conexión y esplendor. En estos 20 siglos, la ciudad floreció como un crisol de artesanos. En los años noventa, barrios enteros de la ciudad seguían conviviendo con la artesanía. En Cañero, por ejemplo, muchas familias vivían encima de su propio taller de platería. Hasta que un día se apostó por que la ciudad pasase de ser “de artesanos” a “industriales y empresarios”, bosqueja Bermejo.

A finales de los noventa, y a imagen y semejanza de un parque empresarial de la joyería en Vicenza (Italia), la asociación de joyeros, el Ayuntamiento de Córdoba y Cajasur comenzaron a proyectar en unos terrenos de la antigua zona industrial de la ciudad lo que hoy es el Parque Joyero con un objetivo: que una gran parte de los artesanos, joyeros, plateros y orfebres de la ciudad se uniesen, se asociasen, cooperasen entre sí, en un lugar concreto dotado de la máxima seguridad para un producto de altísimo valor.

Hoy, en el Parque Joyero trabajan unas 1.200 personas. El 70% de su superficie está ya ocupada. Y no solo de joyeros. Varios protésicos dentales fabrican en una de sus naves. En otra, programadores informáticos han comenzado a diseñar un pequeño Sillicon Valley. El Parque Joyero, en 15 años, se ha adaptado a los tiempos, y se ha transformado.

“El parque supuso un antes y un después”, reflexiona Rafael Ruiz, que lleva una década al frente de la comunidad de propietarios del Parque Joyero. “Al principio se hablaba de una especie de polígono industrial” y nada más lejos de la realidad, reflexiona. “Esto es ya un recinto maravilloso, una especie de mini campus industrial”, un lugar “con fácil acceso y, sobre todo, con la seguridad, que es lo que prima en nuestro nuestro sector”.

El recinto – con alrededor de 140.000 metros cuadrados de superficie y situado en uno de los principales nudos logísticos de la provincia- está considerado “como el más seguro de España y el sur de Europa”. El Parque Joyero de Córdoba no ha sufrido ningún robo importante “gracias a un protocolo de seguridad sin igual en todo el sector joyero nacional e internacional”. Y eso, en 15 años ya de vida, es mucho tiempo.

Pasear por el interior de este recinto fortificado puede ser desconcertante. Su enorme patio parece deshabitado, pero dentro de cada una de las fases y de las naves hay un propio mundo y universo. Solo hay que estar diez minutos en la puerta para comprobar cómo entran y salen constantemente vehículos, con conductores y pasajeros que saludan a los vigilantes de seguridad. Pero todo lo que hay entorno a la enorme cafetería es un remanso de paz, vistas para las 1.200 personas que trabajan allí.

Dos crisis en 15 años

Tras levantar cabeza y superar la crisis de 2008, que impactó de lleno en el sector, llegó el coronavirus, el parón mundial, el freno al consumo y un nuevo reto para el Parque Joyero. “Nos ha afectado con mucha dureza, porque este es un sector de de lujo”, explica Rafael Ruiz.  No obstante, “desde que empezaron a abrir los centros comerciales y comercios, las empresas se han reactivado”, explica.

En 2023, el Parque Joyero de Córdoba cumplirá su mayoría de edad. Ese año concluye el mandato municipal y para entonces debe estar en marcha la gran promesa del alcalde de Córdoba, José María Bellido: abrir las puertas del Centro de Convenciones y Exposiciones de Córdoba. Es la gran esperanza de futuro del Parque Joyero, un enorme espacio expositivo y ferial que explotar, que será un revulsivo para la zona.

Para los próximos días está previsto que se conozca el nombre de la constructora que se encargará de reiniciar unos trabajos que llevan casi tres años parados. El grueso de las obras se espera para el próximo verano y la reapertura del recinto en dos ejercicios más.

Cuando eso ocurra, espera Rafael Ruiz, el Parque Joyero será uno de los polos empresariales y comerciales más importantes de España. Tendrá seguridad, sostiene, pero también un acceso privilegiado. Estará a minutos de un aeropuerto (que esperan que en un futuro tenga vuelos comerciales), cerca de una estación de alta velocidad, en las inmediaciones de una ciudad con seis patrimonios de la Humanidad y al que solo le faltaría la construcción de la segunda fase de la Variante Oeste.

En la azotea de una de sus fases se domina el Parque Joyero en su totalidad. Al norte se extiende Sierra Morena, que desemboca en Medina Azahara (la ciudad que brilla, como una joya). El propio Parque Joyero tiene un museo con una parte dedicada a la orfebrería y joyería islámica, que tanta importancia tuvo en su día. Hay que pedir cita para visitarlo, pero su objetivo era convertirse en un atractivo más para los turistas que volvían del yacimiento.

En ese museo hay piezas de un valor incalculable, donaciones históricas, anillos de pedida de casas reales... pero también diseños que tienen otro valor: el de la Escuela de Joyería que tiene la Junta de Andalucía en el interior del Parque Joyero. Allí, a 50 metros de las empresas, se forman los futuro joyeros de Córdoba: artesanos, industriales y empresarios.

Rafael Ruiz señala que “esto ya no va a ser como en la Edad Media” cuando cada artesano tenía su aprendiz a su lado. Ahora, las sinergias se unen, la alta tecnología también acude al Parque Joyero y el relevo de una actividad que lleva sosteniendo a Córdoba en los últimos 20 siglos está garantizado.

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