Mujer y cofrade (III): Rafi Vázquez, fundadora de las costaleras de la Encarnación

Rafi Vázquez | MADERO CUBERO

El año 1983, tras un rosario de la aurora de la Virgen de la Encarnación en octubre, un reducido grupo de mujeres dio los primeros pasos para, pocos años después, hacer historia en las cofradías cordobesas y de Andalucía. Ellas eran el germen de la cuadrilla de costaleras de la Virgen de la Encarnación, titular de la hermandad del Amor. Su promotora, la que tuvo la osadía de propiciar un cambio en su hermandad y en la Semana Santa, fue Rafaela Vázquez Cañete.

Desde que la Virgen de la Encarnación comenzó a salir en 1981 fue llevada gratis por la cuadrilla del Císter, que ya en 1984 tuvo la intención de cobrar por sus servicios, pues eran profesionales, lo que motivó que la hermandad del Cerro buscara crear una cuadrilla propia. Rafi Vázquez cuenta que “no se conseguía, así que yo le dije a mi padre, Francisco Vázquez Vacas, que era el hermano mayor, que las mujeres podíamos. Y él me dijo que adelante”. Pero, ¿por qué quiso ella ser costalera? Rafi explica que “veía a los chicos salir del paso con esa ilusión y esas ganas y decía: ¿qué se sentirá? Si yo quiero estar lo más cerca posible de la Virgen, tiene que ser algo muy especial estar debajo. Ésa fue nuestra motivación, querer experimentar ese sentimiento”.

“Cuando empezamos a ensayar diez mujeres a finales de 1983 ninguna tenía costal, una se trajo una almohada de bebé, no teníamos ni idea, pero sí una ilusión muy grande”, relata la fundadora de la cuadrilla, que entonces tenía 25 años. En 1984 la cuadrilla contaba con más integrantes, 27, e intentó meterse bajo las trabajaderas ya parte del recorrido, pero no las dejaron. Ellas habían hecho una rifa, con cuyos beneficios compraron material para hacer los 27 primeros costales. Rafi y su madre los confeccionaron. “Todo el mundo nos decía que era una locura, estáis locas, ustedes no podéis”, dice Rafi Vázquez, que siempre evitó la polémica. “No protestamos ni liamos la mundial cuando no nos permitieron salir, primero estaba la hermandad y su nombre, guardamos silencio, seguimos ensayando para el año siguiente, buscando más gente y mientras salimos de nazarenas”, relata.

Pero en 1985 consiguieron su propósito. Eran ya 37 mujeres que hicieron la mitad del recorrido a la ida y a la vuelta de carrera oficial. “Habíamos ensayado hasta para hacer la salida a gatas por si nos dejaban”, aunque no fue el caso, e incluso las sacaron del paso antes de llegar donde habían acordado ya de regreso a Jesús Divino Obrero, según recuerda Rafi, motivo por el que su padre solucionó el problema. Al año siguiente, en 1986, los hombres que el año anterior habían salido en la Virgen formaron la cuadrilla del Cristo del Amor y en el palio se quedaron para todo el recorrido y ya para siempre solo mujeres. Ese año en que hicieron todo el trayecto formaban la cuadrilla 51 personas.

“Las chicas que venían desde el principio eran muy jóvenes, de instituto, niñas de entre 14 y 18 años la gran mayoría. Una de ellas se trajo a casi toda su clase, me gustaría recordar su nombre porque me ayudó mucho y fue una gran impulsora ya que yo me estaba desmoralizando”, señala Rafi. Y es que tuvieron detractores en la junta de gobierno de la cofradía y también algunas mujeres  les decían “vete a fregar platos”. “Eso nos dolía, aunque otras nos animaban y nos recordaban que tenemos los mismos derechos que el hombre”, indica.

En su formación como costaleras fue fundamental Francisco Fuenseca, que era capataz de la Virgen de la Amargura –titular de la hermandad del Rescatado-. Pero, aunque las enseñó, no podía llevarlas el Domingo de Ramos. Los primeros años cambiaron varias veces de capataz hasta que llegó el que Rafi asegura que le dio el sello a la cuadrilla de costaleras: Carlos Herencia. Aunque según ella, ese sello del palio de la Virgen de la Encarnación también está muy influido por el hecho de que las que vayan debajo sean mujeres. “El paso anda distinto, está a la vista, la mujer es más dulce”, relata y hace hincapié en que tuvieron que limar su “contoneo de caderas para que no se fueran mucho los varales”.

El primer año que hicieron el recorrido entero fue un “boom espectacular”. Rafi rememora que “salimos en El País y en el ‘Telediario’ y la gente nos buscaba en la calle para vernos”. No obstante, ellas nunca quisieron ser protagonistas ni llamaron a ningún medio. Porque, indica, “no queríamos presumir de costal debajo del brazo, teníamos un lema y era que quien tenía que notar que teníamos ganas, fuerza y cariño era la Señora, la Virgen”.

Pincha aquí para ver el primer capítulo 'Mujer y cofrade (I): Gema Fernández, primera capataz de Córdoba'

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