“Mira, mamá, una oveja”

Dos jóvenes guían el rebaño por el Arenal | ÁLEX GALLEGOS

"Mira, mamá, una oveja". Un niño tira de la falda de su madre con los ojos muy abiertos mientras las 2.000 ovejas de la ganadería Las Albaidas cruza el puente del Arenal. Por su cara, se diría que las ovejas que ha visto ha sido por la tele o en los libros del colegio. Hace no muchos años, cualquier niño de su edad se habría asombrado quizás por el tamaño del rebaño, pero al poco habría seguido jugando al fútbol en el descampado, dejándose las rodillas y molesto por el polvo que levantan los animales a su paso.

Este sábado, las 2.000 ovejas de la ganadería de Felipe Molina han regresado a sus cuarteles de invierno pero, curiosamente, con una temperatura más propia de julio que del inicio de otoño, con un campo más seco que cuando partieron a Guadalcázar en busca de rastrojos y nuevos pastos, con unos ríos menos caudalosos y con un panorama para el inicio del invierno no demasiado halagüeño.

Como todos los años, el cruce de las ovejas de la ganadería Las Albaidas ha dejado imágenes que recuerdan el pasado no tan remoto de una ciudad que sigue siendo un cruce de vías pecuarias, en las que los que tienen la preferencia de paso no son los vehículos a motor, sino los animales de cuatro patas.

Un otoño más, junto a Molina, decenas de voluntarios, deseosos de aproximarse a un oficio que ofrece un contacto más directo con la naturaleza. Aunque el urbanismo se haya puesto por delante de ella.

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