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Nuevas pruebas indican que la foto más icónica de la Guerra Civil española se hizo con la cámara de Gerda Taro

La icónica foto 'Muerte de un miliciano', de Robert Cappa, examinada de nuevo

Juan Velasco

7 de septiembre de 2026 20:01 h

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Durante décadas, la historia de Muerte de un miliciano ha estado ligada a un nombre: Robert Capa. La fotografía, convertida en una de las imágenes más reconocibles de la Guerra Civil española y en el icono que consagró internacionalmente al fotógrafo húngaro André Erno Friedmann (aunque, en realidad, esos compases de la guerra, el pseudónimo lo usaban tanto él como Gerda Taro), ha sido atribuida a Capa desde su publicación en 1936.

Ahora, una reciente revisión de las evidencias técnicas y documentales apunta en otra dirección y pone en duda la autoría de Friedmann, ya que la cámara con la que se hizo la fotografía era, con toda probabilidad, la famosa Reflex Korelle que llevaba Gerda Taro en su paso por el frente cordobés. Detrás de ella está el historiador y arqueólogo cordobés Fernando Penco, que lleva más de 25 años investigando la imagen.

Su investigación ha sido recogida por el diario británico The Telegraph, que ha avanzado las nuevas pruebas en exclusiva. “Estoy convencido de que la fotografía la hizo Taro”, asegura el investigador al diario británico. La afirmación supone un paso más respecto a sus trabajos anteriores, en los que ya había planteado la posibilidad de que la autora de la imagen fuese Taro.

Este lunes, Penco confirmaba sus pesquisas en una charla con Cordópolis. La clave está en un detalle aparentemente técnico pero decisivo: el formato del negativo. El International Center of Photography (ICP) de Nueva York, custodio del archivo de Robert Capa, reconoció en una exposición que tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, que Muerte de un miliciano procede de un negativo de formato cuadrado. Esa revelación modificaba sustancialmente el debate sobre la autoría porque la cámara que André Friedmann —el hombre que junto a Gerda Taro utilizaba el pseudónimo Robert Capa— empleaba habitualmente a su paso por el frente en Córdoba era una Leica de 35 milímetros, cuyo formato era rectangular.

La otra cámara presente en aquel viaje por Córdoba era una Reflex Korelle de formato medio, capaz de utilizar película de 6x6, que pertenecía a Taro. “Si la foto está hecha con una cámara de 6 por 6, hay que replantearse muy seriamente quién hizo la foto”, resume Penco en conversación con este periódico. Y añade una precisión fundamental: no pretende afirmar que pueda demostrarse al cien por cien que fue Taro quien accionó el disparador, sino que las pruebas técnicas hacen que esa posibilidad deba ser considerada seriamente.

Una cámara que estaba en manos de Taro

La investigación de Penco se apoya en la reconstrucción de las horas previas a la toma de la fotografía. El investigador sostiene que Taro llevaba consigo su Reflex Korelle cuando ambos llegaron al frente cordobés. Una de las imágenes que considera especialmente relevante muestra precisamente a Taro en Villa del Río horas antes de cuando se hizo “el Miliciano” con esta misma cámara colgada.

La escena adquiere importancia al situarla cronológicamente. Penco ha revisado la secuencia de fotografías realizada durante aquella jornada y sostiene que las imágenes de Villa del Río fueron tomadas poco antes de que la pareja se dirigiera hacia la zona donde posteriormente realizarían la famosa serie, de la que se extrajo la icónica foto. Según su reconstrucción, en esas fotografías aparece Taro con la cámara Reflex Korelle, antes de continuar el recorrido hacia el frente en Espejo.

Gerda Taro y Andre Friedmann.

“El primer argumento es que la foto está reconocida como hecha con una cámara de 6 por 6. El segundo es que la cámara de formato cuadrado la lleva ella en el viaje a Córdoba”, explica el investigador. No se trata, además, de una cámara que ambos pudieran haber utilizado indistintamente sin más. Penco recuerda, citando a la biógrafa Irme Schaber, que Taro había comprado aquella Reflex Korelle con su primer sueldo en la agencia Alliance Photo de París. La cámara formaba parte de su propio equipo de trabajo y aparece documentada en las fotografías realizadas durante aquel viaje.

La combinación de ambas circunstancias —el formato cuadrado del negativo y la presencia de la cámara de Taro en las horas inmediatamente anteriores— es la que, a juicio del investigador, cambia la dimensión de la hipótesis.

Todas las fotografías cuadradas apuntan a Taro

Existe un tercer elemento que Penco considera especialmente significativo. Los especialistas en la obra de Capa -concretamente Richard Whelan- y Taro han estudiado desde hace años las diferencias técnicas entre las fotografías realizadas por ambos durante los primeros meses de la Guerra Civil. En la serie tomada en Espejo, según la investigación que maneja Penco, todas las fotografías realizadas en formato cuadrado han sido atribuidas sin excepción a Gerda Taro, mientras que las realizadas en formato rectangular, correspondientes a película de 35 milímetros, han sido atribuidas a Andre Friedmann.

La propia secuencia de imágenes alrededor del “miliciano” forma parte de ese argumento. Por tanto, sostiene Penco, si todas las fotografías de formato cuadrado hechas se las atribuyen a Gerda Taro y el negativo de la imagen más célebre de aquella serie es efectivamente cuadrado, la atribución tradicional queda, como mínimo, abierta a revisión.

La investigación publicada por el experto en 2021 ya había abordado la localización de la fotografía y la secuencia de imágenes realizada en Córdoba. Aquel trabajo estableció como uno de sus resultados la localización definitiva de la escena en este punto de la campiña cordobesa y analizó una serie de unas 40 fotografías de aquella jornada. Ahora, la información aportada por el ICP sobre el formato del negativo permite volver sobre aquella secuencia desde una perspectiva diferente.

Gerda Taro, segunda a la izquierda arriba, con la cámara que sacaba fotos horizontales.

Un icono en movimiento: de Cerro Muriano a Espejo

La cuestión de quién hizo la fotografía se suma a otra investigación que durante años ha modificado la propia historia de la imagen: el lugar donde fue tomada. En 2009, Penco localizó en las inmediaciones de Espejo el escenario que, a su juicio, aparece en Muerte de un miliciano. El descubrimiento desmontó la versión tradicional según la cual la imagen había sido tomada en Cerro Muriano el 5 de septiembre de 1936, en plena batalla.

Su investigación situó la toma un día antes, el 4 de septiembre, en las inmediaciones de Espejo. Allí, según ha establecido Penco, no se estaba produciendo el combate que durante décadas se había asociado a la imagen. La serie habría sido realizada durante unos ejercicios de los milicianos republicanos, con ambos fotógrafos registrando sus movimientos.

La investigación académica publicada por Penco recoge precisamente que el estudio de la localización y de la serie fotográfica permitió revisar las hipótesis aceptadas hasta entonces sobre la imagen. El dato resulta importante porque también afecta al relato construido alrededor del protagonista de la fotografía.

La versión difundida durante décadas presentaba la imagen como la captura instantánea de un miliciano alcanzado por un disparo enemigo. Sin embargo, si la fotografía fue tomada en Espejo el 4 de septiembre, la escena no puede explicarse de la misma manera que se hizo tradicionalmente.

La sombra de Robert Capa

Hay, sin embargo, una cuestión que las nuevas pruebas no permiten resolver por sí solas: quién accionó el disparador. Que la cámara fuese la de Taro no significa automáticamente que fuese Taro quien realizó la fotografía. Es posible, en términos estrictamente materiales, que Friedmann utilizase su cámara en algún momento. Es precisamente ahí donde Penco introduce su principal cautela.

“No podemos decir ninguno al cien por cien que la hizo ella”, reconoce. Pero considera que la hipótesis contraria —que Taro llevase la cámara, que las fotografías cuadradas de aquella jornada hayan sido atribuidas a ella y que, precisamente en el momento de realizar la imagen más famosa, le cediese el aparato a Friedmann— necesita también ser demostrada. “A mí el argumento de que ella a última hora le pasa la cámara a él no me vale”, sostiene Penco, que considera además que el argumento de la mayor experiencia de Friedmann tampoco resulta suficiente para descartar la autoría de Taro.

Para entonces, aclara, Gerda Taro ya no era una fotógrafa desconocida que acompañaba a Capa. La fotoperiodista, de hecho, ya había publicado imágenes de la Guerra Civil y desarrollado una obra propia cuando llegó al frente en Córdoba y, a comienzos de septiembre de 1936, ya había realizado algunos de sus trabajos más conocidos, entre ellos las fotografías de las milicianas en Barcelona. “Taro ya era una fotógrafa hecha y derecha”, resume Penco.

André Friedmann y Gerda Taro, señalados en una foto que tomó Hans Namuth en Cerro Muriano.

Una fotografía que puede cambiar de nombre

La propia trayectoria de la pareja complica, además, cualquier intento de separar tajantemente sus trabajos. Durante aquel periodo ambos utilizaban el nombre Robert Capa y compartían y se intercambiaban fotografías. Por eso, Penco considera que el sello “Capa Photo” utilizado en las imágenes de ambos no resuelve necesariamente la cuestión de la autoría individual.

El debate no consiste únicamente en sustituir un nombre por otro. Muerte de un miliciano ha construido buena parte del mito de Robert Capa y se ha convertido en una de las imágenes fundamentales de la historia del fotoperiodismo. La posibilidad de que Gerda Taro estuviese detrás del disparo introduce también una revisión del papel que desempeñó una fotógrafa cuya trayectoria quedó truncada menos de un año después.

Taro murió en julio de 1937, durante la batalla de Brunete, cuando el vehículo en el que viajaba fue arrollado por un tanque. Tenía 26 años. Su nombre quedó durante décadas eclipsado por el de Robert Capa. Sin embargo, las investigaciones sobre su obra han ido recuperando progresivamente la dimensión de su trabajo independiente. Estudios sobre la fotografía de la Guerra Civil han subrayado precisamente que la participación de Taro fue esencial para comprender la construcción del mito de Capa y la evolución del fotoperiodismo de guerra.

Ahora, nueve décadas después de aquel viaje por Córdoba, la discusión regresa al mismo paisaje. Penco prepara una exposición en la Universidad de Córdoba coincidiendo con el 90 aniversario de la fotografía, que sigue ofreciendo nuevas historias. Porque la nueva evidencia no demuestra todavía de forma definitiva que Gerda Taro disparase Muerte de un miliciano. Pero sí introduce una pregunta que durante décadas apenas ocupó espacio en el relato: si el negativo es de formato 6x6 y la cámara capaz de producirlo estaba en manos de Taro, ¿por qué seguir dando por hecho que fue Friedmann quien apretó el disparador?

Para Penco, la respuesta es clara: “Hay posibilidades serias de que fue ella”. Y, sobre todo, hay razones suficientes para volver a examinar la fotografía con otra mirada. Desde luego, mucho menos masculina.

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