La Avenida del Alcázar, el agujero negro que dejó la N-IV hace 70 años
Hasta hace 40 años la Nacional IV atravesaba buena parte del casco urbano en dirección a Cádiz. Un torrente de coches y vehículos de gran tonelaje ejecutaban cada día una violenta fractura en el corazón de la ciudad, desde la Avenida de Libia a Ronda de los Mártires, hasta embocar en el Paseo de la Ribera antes de enfilar por el Puente de San Rafael.
El impacto urbano, en términos de polución y caos circulatorio, resulta hoy inimaginable. La ronda sur permitió en 1985 desviar el tráfico rodado y liberar a Córdoba de un pesado yugo que degradó la vida ciudadana hasta cotas inasumibles. Hubo que esperar unas cuantas décadas para que la Ribera recuperara uno de los espacios más privilegiados de la ciudad. Pocos dudan hoy de que la integración del río ha sido todo un éxito. Con un pequeño olvido: la Avenida del Alcázar.
Si usted abre Google Maps, observará que entre el Molino de la Albolafia y el Puente de San Rafael hay una vía de alta capacidad con cuatro carriles. En este tramo de casi 500 metros de largo y 16 de ancho aún pervive la vieja N-IV, que fue desviada en los años cincuenta para evitar dañar al Puente Romano. Uno de los carriles fue reconvertido para el tránsito de bicicletas, pero el resto sigue intacto, incluidas sus estrechas aceras invadidas por enormes farolas de hierro fundido.
La calzada presenta un aspecto fantasmal. El tráfico es prácticamente nulo y muy pocos peatones se atreven a transitar un espacio excepcional aunque deshabitado en pleno corazón del casco histórico. Desmantelar este agujero negro de cuatro carriles e integrarlo en el gran paseo fluvial del Guadalquivir es una de las asignaturas pendientes del Plan del Río. Ya el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de 1986 asumió la necesidad de eliminar esta infraestructura viaria que quebraba la ciudad en su conexión con el río y ocasionaba un impacto muy negativo.
En 2003 el Plan Especial de Protección del Casco Histórico avanzó en esa idea. La movilidad de la zona vieja debía reconfigurarse y progresar gradualmente hacia la peatonalización. Aunque fue el Plan Especial del Alcázar, elaborado en 2009, el documento que con más precisión urgió a la liquidación de la avenida a la vez que proponía por primera vez soluciones concretas. “Se busca devolver al recinto histórico amurallado una imagen similar a la que tenía antes de la construcción de la Avenida del Alcázar”, indica expresamente el texto.
El informe técnico ya dibujaba un nuevo espacio sin la calzada de cuatro carriles y la extensión de los Jardines del Alcázar hasta la orilla del río. El paseo bajo, hoy solitario y abandonado, quedaría absorbido por la recuperación del recinto amurallado original. “Se trata de establecer una continuidad entre espacios construidos y naturales, haciendo permeables los diferentes recintos, mediante la apertura de conexiones históricas actualmente perdidas o cegadas”, anuncia el Plan Especial. Se refería concretamente a la Puerta de los Sacos, el pasadizo entre los Jardines del Alcázar y Caballerizas, y la Puerta Barroca.
La propuesta contemplaba la creación de “pasarelas ligeras” que se adentren en los Sotos de la Albolafia con un “carácter lúdico” al objeto de “hacer presente” el río Guadalquivir. “Se busca la aproximación al agua y la creación de nuevos miradores y observatorios”, señala el documento. La intervención también preveía la eliminación del relleno sobre el que se asentó la Avenida del Alcázar en los años cincuenta y la recuperación de la rasante original, que descendía progresivamente hacia la Avenida del Corregidor.
Se está perdiendo un potencial tremendo de un paseo que conecte el Molino de la Albolafia con el Botánico
El muro que actualmente cierra los Jardines del Alcázar no tiene ningún valor histórico y sería suprimido. Como alternativa, los redactores sugerían algún tipo de torno flexible para controlar el flujo de turistas, ya que el nuevo paseo resultante tendría carácter abierto y público.
La reordenación del Alcázar y su integración en los márgenes del Guadalquivir es una asignatura pendiente desde hace cuatro décadas. El informe técnico fue guardado en un cajón y ningún equipo de Gobierno local ha puesto en marcha una reforma que, a todas luces, se antoja impostergable. Tampoco el Ayuntamiento presidido por José María Bellido, que ha rehusado responder a las cuestiones planteadas por este periódico.
Expertos consultados por Cordópolis subrayan la importancia capital de este tramo para comprender la historia de Córdoba hasta el siglo XIV. “Ahora mismo está irreconocible y es una pena”, indica un especialista con largos años de trayectoria. Se trataría de la operación más importante que queda por hacer en el corazón de la ciudad histórica y su impacto sobre el conjunto patrimonial sería extraordinario, sobre todo tratándose de una de las puertas de entrada a Córdoba.
Juan José Giner fue concejal de Urbanismo con Herminio Trigo, justo en los años en que se redactó el PGOU de 1986. “En ese plan ya se preveía incorporar los jardines del río con los del Alcázar y cerrar el tráfico de la avenida”, explica Giner, hoy presidente del Consejo del Distrito Centro. El dirigente vecinal es partidario de actuar en la zona, restringir el tráfico y recuperar la avenida como parte de los Jardines del Alcázar. “Es una oportunidad también para hacer un planteamiento global que incluya el paseo bajo y Caballerizas”.
El portavoz ciudadano apuesta por un “tratamiento ajardinado” en todo el espacio y un “paseo de sombra” con abundante arboleda entre la Noria de la Albolafia y el Puente de San Rafael. Giner confía en que los técnicos ejecuten un proyecto que integre adecuadamente el actual recinto del Alcázar con la terraza inferior del río y busquen soluciones para estimular que los ciudadanos reocupen un lugar hoy marginal y aislado. La remodelación urbanística, a juicio del portavoz vecinal, transformará “sustancialmente” la zona y pondrá a disposición de los cordobeses una nueva área de esparcimiento en el casco histórico.
“La actuación potente es la eliminación de la calzada y la recuperación de la topografía original descendente hasta el río”, razona el arquitecto Rafael Obrero, gerente de Vimcorsa entre 2007 y 2011. La intervención permitiría, además, no únicamente ampliar los Jardines del Alcázar y ponerlos en valor sino prolongar el paseo bajo, hoy infrautilizado, hasta el Botánico a través del pasadizo inferior del Puente de San Rafael. “Yo creo que se está perdiendo un potencial tremendo con ese paseo bajo que conecta la Noria de la Albolafia con el Molino del Museo de Paleobotánica y continúa hasta el Puente de Ibn Firnás”, explica el experto. “Y eso es una maravilla”.
Ese paseo se encuentra hoy fragmentado, sucio y casi impracticable, únicamente usado por senderistas y corredores que se atreven a transitarlo ocasionalmente. “No hay un esfuerzo municipal por mantener aquello en condiciones y yo creo que para ofrecer una cierta sensación de seguridad se podrían habilitar una serie de microusos, como un quiosco de bebidas u otras actividades, que incentivaran la afluencia de público”.
Esta avenida tiene que tener un tratamiento ajardinado y convertirse en un paseo de sombra
El desmantelamiento de la calzada de cuatro vías y la extensión de los Jardines del Alcázar hasta el Guadalquivir tendría además consecuencias bioclimáticas notables. “Tal como está aquello ahora, por lo pronto, actúa como una estufa magnífica que le está metiendo entre 5 y 6 grados a toda la zona”, reflexiona Obrero. “Está más que demostrado que esas lonchas de asfalto negro son un absorbente de calor tremendo, sobre todo a partir de estas fechas. Y lo segundo es que aquello es hoy un desierto que para nada apetece transitar”. Lo deseable, en opinión del arquitecto, sería habilitar un paseo sombreado que arrancase en el Molino de la Albolafia y llegara hasta prácticamente el Parque Cruz Conde.
Es probable que la remodelación tuviera que contemplar la necesidad de perfilar una vía de emergencia que permitiera el paso de vehículos sanitarios en dirección al Hospital Reina Sofía. “Esa es la única salvedad que habría que plantear ahí. El resto sería absolutamente peatonal y renaturalizado”, subraya.
Una intervención de esta índole impulsaría un “cambio drástico” de la zona similar al que desencadenó la reforma de la Puerta de Puente a principios de milenio. Aquella operación propulsó sustancialmente el casco histórico hasta el punto de convertir las inmediaciones de la Mezquita y el Puente Romano en uno de los corredores peatonales más frecuentados de la ciudad. “Mucha gente del barrio del Parque Cruz Conde, que ahora siente un rechazo porque es una zona árida, tendría un incentivo para acercarse al nuevo paseo del Alcázar”, afirma Obrero, que colabora como asesor técnico para Córdoba Ecuestre.
La reforma global del Alcázar-Caballerizas Reales incluye la actuación sobre la huerta y también sobre la muralla histórica de la Avenida del Corregidor, cuyo foso hoy es usado como aparcamiento de vehículos. El arquitecto considera que ese impacto visual debe ser suprimido en un futuro no lejano. “En una muralla de cientos de años no puedes tener los coches aparcados. Un monumento como este debe ser tratado dignamente”, zanja el experto.
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