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'Hijos del Carbón': las cuencas mineras de Córdoba y la deuda con su pasado más oscuro

Cerco industrial de Peñarroya Pueblonuevo | MADERO CUBERO

Juan Velasco

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La periodista Noemí Sabugal conoce la oscuridad de la mina y las deudas que deja en quiénes la habitan. Pero también reconoce las deudas que tienen las comarcas de este país con el carbón, un combustible clave en la construcción de ciudades enteras a lo largo y ancho de todo el país.

Y de todas esas deudas, de quienes las han pagado con su sangre, pero también de esperanza hacia el futuro, está lleno Hijos del carbón, el libro, mitad ensayo mitad crónica de viajes, que la escritora ha publicado en Alfaguara y que traza una radiografía emocional de la historia de la minería y la industria energética en España.

Publicado al mismo tiempo en el que se cerraba para siempre la central térmica de Puente Nuevo, el libro no omite el peso de las cuencas mineras de Córdoba, desde el Guadiato a Cerro Muriano, repletas de historias de un pasado que la escritora considera que convendría airear más. Sobre todo ahora que en el presente flotan conceptos como transición ecológica, reindustrialización o repoblación.

Para Sabugal, no son conceptos al azar, sino un camino a seguir. “Cuando se habla de transición ecológica, se habla de energías como la eólica y la solar. Se habla de ocupar suelo y de instalar molinos o huertos solares, pero no se habla de crear fábricas y empleos asociados. No se habla de crear una industria que construya materiales que den soporte a estas centrales. Y, si no se crean empleos, no habrá repoblación”, indica la periodista a CORDÓPOLIS, mientras reconoce que, casi sin quererlo, acaba hablando siempre de estas cuestiones en todas sus entrevistas.

Claro que lo primero que confiesa es la sorpresa que le produce la gran acogida que está teniendo el libro, que ya va por la tercera edición, y en el que, como ella misma reconoce, está escrito con “un ojo en el pasado” pero es producto de un presente, que sigue dando noticias sobre los parajes y lugares que radiografía el libro.

Una perra terrible, la familia Rothschild y una huelga de tres meses

Hijos del carbón, por supuesto, viaja a Córdoba, una provincia que la recibe con una leyenda minera, la de una mastina llamada Terrible, que habría descubierto el carbón que daría lugar a la prosperidad económica de la que gozó Peñarroya-Pueblonuevo durante décadas. La perra, que cuenta con una estatua de bronce en la localidad, es uno de esos “mitos mineros” que hay por toda España, y le sirve a la autora para empezar a contar la historia de una localidad, que prosperó bajo el amparo de la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya (o, en su francés original, la Société minière et métallurgique de Peñarroya).

Así, Sabugal narra cómo las vidas de toda la comarca, dependían de las decisiones que se tomaban en Francia, donde tenía la sede la compañía, que contaba con inversión de la Casa Rothschild, uno de los más influyentes linajes de banqueros y financieros del mundo, cuyos tentáculos llegaban hasta el Guadiato.

Porque Peñarroya-Pueblonuevo llegó a ser, hace justo un siglo, una comarca próspera, la segunda exportadora de carbón de toda España, y un cerco industrial de actividades relacionadas, con fábricas de fundición de plomo, cinc, ácido sulfúrico, Oleum, súperfosfatos y centrales termoeléctricas. Todo ese cerco industrial sigue en pie a duras penas, como una estatua de sal, junto al bellísimo barrio francés, que son, a juicio de Sabugal, un símbolo de un esplendor que conviene no olvidar.

“Toda la conservación de la historia y el patrimonio minero es importante porque es una deuda con nuestro pasado y con el recuerdo de aquello que fuimos”, reflexiona la escritora, que cree que muchísima gente estaría interesada en conocer este lugar. Ella, por su parte, cuando lo visitó tuvo la sensación de estar “frente a una historia que se ha quedado ahí, detenida en el tiempo, sin que se haya valorado lo suficiente”. “Creo que mercería tener un mejor destino”, zanja Sabugal, que recuerda que otras comarcas mineras han optado por convertir su pasado en un recurso turístico.

No parece que eso esté en estos momentos en la mente de nadie. La urgencia siempre se impone. En estos momentos, tal y como remarca la autora, el Guadiato está demandando mejores redes de suministro eléctrico. Una reclamación que es, en sí mismo, una enorme contradicción, puesto que cuesta entender algo así en una comarca que ha sido productora de energía. Y porque, sin buenas redes y suministros, se complica la llegada de empresas.

Un único camino posible: transición ecológica, reindustrialización y repoblación

Pero, si la comarca mira al pasado, quizá también encuentre la fórmula para organizarse. “Los mineros han conseguido mejoras importantísimas a lo largo de la historia. Y podemos hablar de la cuenca del Guadiato. Porque allí había una conciencia muy clara de pertenecer a una clase social y a un grupo. Y esa conciencia les permitió conseguir muchas mejoras”, recuerda Sabugal.

Así, su libro recuerda la creación del Sindicato Minero Metalúrgico, que convocó las huelgas de 1917, que movilizó a 7.000 trabajadores -organizada tras una explosión que provocó 153 muertos-, y la de 1922, que llegó a durar tres meses. A pesar de ello, la comarca cedió y se acabó apagando y despoblando.

Con la llegada del coronavirus y las nuevas ayudas de Europa, se ha vuelto la vista hacia zonas como el Guadiato. Pero toca repensar, de nuevo, qué papel ha de jugar la comarca y a qué precio querría ser, de nuevo, productora de energía. “Es importante producir energía pero no puede tratarse de una ocupación de suelo. Hay que hablar de reindustrializar”, dice Sabugal al respecto, recordando que el Ministerio de Transición Ecológica tiene, al mismo tiempo, entre sus funciones el reto demográfico.

En Hijos del carbón, hay un pasaje que describe muy nítidamente este dilema: “Un amigo me dijo una vez que mejorar las carreteras de los pueblos sólo sirve para que sus vecinos los abandonen con más rapidez. (...) La despoblación es un fenómeno complejo y su reversión no resulta fácil. Es una circunstancia creada por miles de circunstancias individuales. Quedarse o no en el pueblo es una decisión personal, en primer lugar, pero la falta de empleo y la eliminación de servicios ayuda —o empuja— a tomarla”.

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