#Héroes sin capa | Butanero: “Hemos perdido mucha venta por el cierre de los bares”

Javier Ruiz, butanero.

¿Se acuerdan de aquellas carreras en los supermercados y los estantes vacíos de papel higiénico? Pues las bombonas de butano también volaban del camión durante los días previos y las primeras jornadas del estado de alarma. Nos lo cuenta Javier Ruiz, un repartidor de butano de 33 años, con 13 años de experiencia en el sector como autónomo.

De aquellas primeras jornadas recuerda el esfuerzo extra, las llamadas constantes y las familias que compraban del tirón dos o tres bombonas pensando en que se iban a cerrar las gasolineras o iba a ponerse fin al reparto. No ha sido así. Ruiz ha trabajado todo el estado de alarma sin descanso de lunes a sábado, llevando butano a las zonas de El Brillante, Huerta de La Reina y Santa Rosa-Valdeolleros.

El servicio se ha mantenido como siempre. “Nadie se ha quedado sin butano. Los pedidos se han hecho todos los días y a las personas mayores se le ha puesto la bombona dentro. Porque una persona de 80 años no puede llevarse una bombona y se la hemos entrado nosotros”, relata este joven, que trabaja para Gas Medina Azahara.

Lo único que ha cambiado ha sido el aumento de la protección: el reparto se ha hecho con guantes, mascarillas y gel hidroalcohólico. Lo que no ha cambiado el coronavirus ha sido la llamada del butano: el toque de claxon y el golpeteo entre bombonas sigue siendo el grito de Tarzán de Javier en su reparto diario. “La gente te recrimina que no pitas ni haces ruido”, señala al respecto.

El vecino que le tiró una maceta

Y precisamente por mantener su rutina, Javier se ha ganado un enemigo en la Huerta de la Reina. Cuenta la anécdota casi entre risas: un día, tras el zamarreo de las bombonas con el que se hacía notar en el barrio, un vecino de la calle Marqués de Guadalcázar, empezó a insultarlo y a echarle la bronca por pitar. El hombre, según detalla el butanero, se fue cargando de rabia durante el intercambio de pareceres, hasta el punto de que le tiró una maceta por la ventana. El objeto no llegó a darle ni a él ni al vehículo. “Estuvo más cerca de caer sobre un coche aparcado”, recuerda.

Como el tipo había acabado gritando por el balcón al repartidor, fueron muchos los vecinos testigos del enfrentamiento, así que finalmente llegó la Policía. A Javier le preguntaron si quería poner denuncia. “Yo no quise porque con este tipo de gente no hace falta perder el tiempo ni ir al juzgado. Aunque la policía dijo que iba a denunciarlo”, señala. Desde entonces, eso sí, su enemigo se dedica a grabarle desde la ventana.

Aunque Javier insiste en que esta batallita es lo más extraño que le ha pasado en 13 años de trabajo como repartidor. La tónica habitual es justo la contraria, el agradecimiento por un servicio que es esencial. “¿Qué haría la gente si no hubiera reparto de butano cuando muchas gasolineras han tenido que cerrar?”, se cuestiona este repartidor, que reconoce que el sector se ha llevado un buen varapalo durante el último mes y medio.

“Hemos perdido mucha venta por el tema de los bares. Yo al mes dejaba tranquilamente unas 400 botellas entre estufas de veladores, freidoras, cocinas industriales, catering o propano Eso lo he perdido durante este mes”, señala Javier.

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