Diario del Confinamiento | Virología y virilidad

Virilidad.

Que no, hombre, que no. Que no tiene que ver una cosa con la otra aunque se parezcan un poco.

Que la virilidad tiene su origen etimológico en la virilitas del latín, esas propiedades que se asocian al varón, no sé, cosas como tener más vello corporal en algunas partes, tener rabito entre las piernas (por la parte delantera), tener la voz grave… cosas así.

Y la virología es la disciplina científica que se encarga de estudiar los virus, que es una palabra de origen griego y significa “veneno”.

Ahora bien, que alguien las confunda, puede ser. Pero ya les digo yo que hablar de virus con voz más grave, a mayor volumen, con barba cerrada o tocándose los cojones, no convierte necesariamente a cualquier varón en virólogo.

Para ser experto en virus hace falta adquirir una disciplina y unos conceptos científicos a través del estudio, la práctica y la experiencia; mientras que para ser varón, sólo hace falta una combinación genética que podía definirse casi como casualidad.

Pondré un ejemplo sencillo para que se entienda: por ejemplo, yo soy varón, no virólogo; aunque entiendo fácilmente que haya varones virólogos. Como hay, ojo a la irrefutable prueba de la diferencia, mujeres virólogas.

Yo soy de la generación que ha sido testigo de cómo los bares, sobre todo si tienen permanentemente la tele encendida, se han ido llenando primero de entrenadores de fútbol y luego, gracias a las aplicaciones de los smartphones, de meteorólogos.

No me cabe duda de que si hoy estuvieran los bares abiertos, en sus barras estarían acodados un montón de virólogos. Prácticamente viriles todos.

De momento se agazapan en las redes sociales. Hasta en las sesiones telemáticas del congreso aparecen algunos

Tanta densidad de virólogo por metro cuadrado, de ser cierta, convertiría a nuestra sociedad en una comunidad muy avanzada social y científicamente hablando.

Pero no lo parece; así que debe haber alguna trampa en todo esto.

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