Lunes a sol y sombra
No se engañen y que nadie les mienta: todos los días son lunes. Es mentira que exista la semana, es falso que haya siete días, siete ciclos, siete lapsos de tiempo y de esferas girando en el cosmos cada veinticuatro horas con nombrecitos de origen latino. Tonterías.
También es falsa esa milonga de que Dios creó al mundo en seis días y al séptimo, descansó. Mentira gorda. Primero, porque eso es una convención humana: seis días son solo un brochazo, una rectificación y otro brochazo. Miguel Ángel tardó mucho más en acabar la Capilla Sixtina (encargo del Papa Sixto, por cierto, el 6, dorsal clásico que lucieron Xavi Hernández o Franco Baresi). Y segundo, porque es muy probable que Dios no exista (como no sea que se llame Diego y entonces firmaría su obra culmen como D10S).
Toda la historia y la geografía están construidas gracias a convenciones humanas como las de acotar las fronteras de Groenlandia o lavarse las manos después de mear.
Cada día que amanecemos tenemos la sensación de que es lunes, porque es lunes: vas a ver la cara de todos los compañeros y compañeras que tienen cara de lunes, vas a leer los resultados deportivos como todo lunes, la radio anunciará otra burrada desde la Casa Blanca como cualquier lunes, Perro Xanxe, “el ocupa de la Moncloa” seguirá ahí otro puto lunes más, no quedarás con tu amiga o tu amigo porque es lunes y hay que conciliar y mucho que hacer en casa y, por la noche, la tele pondrá la misma programación mierdosa de lunes donde lo mismo se tiran sartenes a la cabeza que se enfrascan en una tertulia de cobayas que no saben salir de la urna.
Una vez aceptado esto, todos los días, ya sean jueves o martes, incluso sábados, me pongo en el despertador la canción Monday, monday, de The Mamas & The Papas, que dice cosas muy bonitas y enjundiosas como: “lunes, lunes, ba-da-da-dadá/tan bueno para mí, ba-da-da-dadá/lunes, lunes, era todo lo que esperaba que fuera…”
Y salgo a bailar.
...Ah, los malditos lunes que tuvieron, tal vez, un ligero hálito de esperanza en la falsa víspera de la tarde-noche del domingo.
Pero ojo, que “el pasado es el prólogo”, dijo Shakespeare, un tipo que tampoco parecía distinguir entre los días de la semana.
Sobre este blog
Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.
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