Decepcionado contigo. Y conmigo, más

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Sé que tendría que hablar de las últimas novedades fiscales, de los últimos ajustes del gobierno de la nación… pero no, hoy seré muy breve. Me siento, me conozco y sé que es verdad, estoy muy, pero que muy decepcionado con mis conciudadanos. Y conmigo mismo, más, mucho más.

Esta mañana, sin demasiadas prisas, con la campaña de renta recién acabada y la liquidación del trimestre, impuesto de sociedades y tres o cuatro cosas más despuntando, al salir de casa paseando tranquilamente camino de la oficina me he dado cuenta de que somos unos puñeteros egoístas. Más de la mitad de los comercios de mi barrio ya no están. Han cerrado. Después de muchos años, de demasiadas décadas al pie del cañón.

Sí, egoístas. Con sus siete letras. Y lo vamos a pagar bien caro.

Eutanasia pasiva.

Nos estamos, o peor, nos hemos cargado el comercio local. También a los productores locales. El comercio de toda la vida. Nos hemos cargado las ilusiones de cientos de vecinos, de miles de conciudadanos, que nos saludaban con una sonrisa, o con su cara de mala baba, y nos llamaban por nuestro nombre. Y todo por unos míseros céntimos de euros en determinados productos que se fabrican/producen Dios sabe dónde.

Joder, ¿qué estamos haciendo? ¿tan poco nos queremos?, ¿tan poco valoramos el esfuerzo de los nuestros?.... a no, que lo mío sí que vale. Y mucho. Falacia.

Mañana despertaremos y seguiremos sin creernos lo que valemos. Y más que nada porque no somos capaces de valorar el esfuerzo del vecino. Sí, el vecino del quinto. O el del primero. Con el que te cruzas a diario y ni siquiera eres capaz de saludar y dedicarle un buenos días. Así somos.

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