“El cotillón de Teatro fue una estafa desde el primer momento”

Afectados por el cotillón de La Rambla protestan en Córdoba antes de acudir a Facua para pedir asesoramiento | ÁLEX GALLEGOS

“Cuando llegamos estaba todo meado y asqueroso, los baños atrancados, la gente orinando en cualquier sitio, apenas había gente atendiendo las barras y cientos de personas hacían cola. Todo era un caos”. El testimonio María Sánchez, de 17 años, resume las quejas, críticas e indignación de decenas de personas -tal vez centenares- que sufrieron el presunto caos organizativo de un cotillón Teatro, celebrado en Fin de Año en el hotel La Atalaya, alquilado por los organizadores en La Rambla.

Decenas de personas se acercaron este martes a las oficinas de la Federación de Consumidores de Andalucía, Facua, en Córdoba para buscar asesoramiento en su demanda de compensaciones por el perjuicio económico causado. Los afectados también reclaman una sanción a la empresa Eventos Color Sur SL, que organizó la fiesta.

Las historias escuchadas este martes prácticamente abarcan todos los aspectos organizativos: desde el transporte, a la calidad del servicio o el exceso de aforo. Las quejas y dudas sobre el resultado final del cotillón se hicieron patentes días antes del 31 de diciembre, cuando los organizadores empezaron a cambiar los puntos y horarios de recogida de asistentes por parte de los autobuses puestos a su disposición. A aquellos cambios de última hora se sumó el que muchos de los participantes ni siquiera llegasen a concretar un lugar y

unmomento de recogida.

“A mí me tenían que recoger en el centro a la una menos cuarto de la mañana. A las dos llegó un autobús pero no pudo llevarse a todos los que estábamos allí. Ya no vino ninguno más”, se queja Francisco José, que pagó 40 euros por asistir a la fiesta con unos amigos. José Antonio Reyes, de 27 años, tampoco llegó al cotillón. “Lo de Teatro fue una estafa desde el principio”, critica. María Torres y sus amigas tuvieron algo más de suerte y su padre les llevó al cotillón. “Cuando llegamos, tuvimos que hacer una hora de cola. Y se suponía que nosotras no teníamos que hacerla porque habíamos comprado entradas vip, mucho más caras”, afirma.

Lo que María y sus amigas encontraron no fueron solo colas. “Todo era un caos. Solo había tres barras y en cada una de ellas tres personas. Y allí éramos cientos. Como poco, te pasabas una hora esperando para que te atendieran. Y lo baños eran asquerosos. Estaban atrancados, todo el suelo mojado de lo que fuese. Al final dijeron a los chicos que saliesen fuera a hacer sus necesidades”, lamenta.

Ninguno de los afectados presentes este martes pudo presentar su queja. “No dejaron de darnos largas. Primero nos dijeron que no tenían hojas de reclamaciones, después que las iban a buscar. Para cada cosa tardaban una hora. Y al final, las trajeron tan tarde que si rellenabas las hojas de protesta perdías el autobús de vuelta”, añade Carlos Luque, de 22 años. El camino de vuelta, relatan los jóvenes, no fue mejor. “Nos tocó un autobús mucho más pequeño. La gente estaba sentada una encima de otra para poder volver. Fue todo un desastre”, termina María Sánchez.

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