Córdoba, a Merced de María

Procesión extraordinaria de Nuestra Señora de la Merced | RAFA BUTELO

Córdoba estuvo a la Merced de la Virgen. A su buena Merced. Quien quiso libertad de sus cadenas fue en su busca y se la pidió. Y Ella no se la niega a nadie. Y menos este sábado, cuando la Virgen de la Merced salió en procesión extraordinaria desde la iglesia del antiguo convento que lleva su nombre hasta la parroquia de San Antonio de Padua. Lo hizo acompañada de sus hermanos, que culminaban así la conmemoración de los 800 años de la fundación de la Orden Mercedaria este año y, por eso, fue con el escapulario la Virgen, vestida toda de blanco, tanto saya como manto.

A sus plantas le pusieron todos los que la quieren cientos de nardos en jarras y esquinas, respondiendo así a la campaña “Una flor para la Virgen” que había iniciado la cofradía para que todo el que lo desease diera un euro por cada nardo que le quisiera ofrecer a Santa María de la Merced y que al finalizar la procesión pudieron retirar los donantes para tenerlo de recuerdo. Además, el bello exorno floral se completaba con rosas de pitiminí en otras jarras más pequeñas.

Todo ello iba adornando el paso de la Virgen del Carmen de San Cayetano, sin palio, sobre el que fue la Virgen que preside la parroquia de San Antonio de Padua, ya que las dimensiones de la puerta interior de la iglesia de la Merced no permitían que saliera en el paso que va cada Lunes Santo. La Virgen iba iluminada en las esquinas con los candelabros arbóreos del patrón de Cabra, San Rodrigo Mártir, e iba sobre su propia peana. Además, en el frontal del paso iba una imagen de  San Pedro Nolasco que forma parte del paso de Jesús Humilde en su Coronación de Espinas.

Así se presentaba la Virgen en el interior de la iglesia de la Merced, donde a las ocho de la tarde comenzó una misa solemne presidida por el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández y que estuvo cantada por el Centro Filarmónico Eduardo Lucena. Al terminar la Eucaristía comenzó a formarse el cortejo que antecedía a la Virgen, en el que iban más de 140 hermanos con cirio y que abría la banda de cornetas y tambores de Coronación de Espinas, perteneciente a la cofradía.

Detrás de la Virgen iba la banda de música Tubamirum, que la acompañó este 6 de octubre como hace en su estación de penitencia y que interpretó dentro de la iglesia para la imagen que tallara Francisco Buiza “Virgen de la Merced”, su primera marcha, dedicada por Abel Moreno en 1992. En la calle la esperaban cientos de personas y a cinco minutos de las diez de la noche sonaba el Himno Nacional seguido de la marcha Mercedaria, de Alfonso Lozano.

Poco después de salir a la plaza de Colón, Santa María de la Merced se adentró en los Jardines que llevan su nombre, por donde ya pasó el viernes en el rosario que la trasladó hasta la iglesia del antiguo convento de la Merced. Con la Virgen aquí se volvieron a repetir estampas lejanas de los Lunes Santos de finales de los años 80. Tras sonar Una oración a la Virgen, de José Manuel Bernal, la banda Tubamirum, de Cañete de las Torres, interpretó la marcha Reina de la Merced, de Francisco José Cañadas, con la que la imagen se adentró en los jardines y al son de la que se mecía despertando los aplausos del público.

A partir de ese momento se enlazaron varias marchas: sonaron así Pasan los Campanilleros y la nueva obra de Francisco José Cañadas, músico de Tubamirum, que está basada en el himno que el delegado diocesano de Pastoral Penitenciaria escribió a la Virgen de la Merced siguiendo los sentimientos y peticiones que los reclusos de la Prisión de Córdoba le hicieron llegar sobre la Virgen. El evocador y acertado título de la marcha-himno que en los jardines se estrenó es Virgen de la Libertad, y fue cantada por muchos hermanos de la cofradía en lo que se convirtió, sin duda, en un emotivo momento.

Sin solución de continuidad, mientras el paso rodeaba la fuente central del parque, la banda tocó Esperanza de Triana Coronada y para salir de entre la vegetación de nuevo a la plaza de Colón Coronación de la Macarena y Virgen de los Negritos. La Merced recorría así los primeros metros del itinerario que la llevaría al Zumbacón y que sus hermanos engalanaron en algunas partes como el pasaje de la Estrella, Moriscos, Cárcamo y calles de su barrio con banderitas de España y de Andalucía y guirnaldas de flores de papel. Además, en la Piedra Escrita la esperaba un altar con la Virgen de la Salud que se venera en el patio de la cercana calle Pastora y que estaba vestida también de mercedaria.

Dado que la procesión comenzó tarde, la llegada a su barrio fue ya de madrugada con la Virgen rodeada de olorosos nardos y cubierto el paso de más flores que le cayeron desde el aire ya que recibió varias petaladas a lo largo de todo el camino. En una de ellas iban los pétalos de las flores que el fin de semana pasado llevó en su paso la Divina Pastora de Capuchinos, cuyo Redil quiso sumarse así a la celebración de la cofradía de San Antonio.

Y es que Córdoba fue mercedaria, como lo es cada Lunes Santo, aunque esta vez el protagonismo de la Virgen de la Merced, al no haber más hermandades en la calle, era absoluto. Ella, redentora de cautivos, reinó en los corazones de todo el que acudió a verla y le imploró, como nunca antes lo había hecho y como lo hace siempre.

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