Las cartas manuscritas e inéditas de Robert Capa que están en Córdoba

Carta de Robert Capa a su madre junto a una de sus últimas fotos en BangKok | MADERO CUBERO

La última carta que recibió la madre de Robert Capa de su hijo fue la que le felicitaba el cumpleaños. Estaba escrita desde un hotel de Bangkok, hoy capital de Tailandia, en mayo de 1954, apenas un par de días antes de que el fotógrafo más famoso de la historia del periodismo pisara una mina y muriera cubriendo su sexta guerra, la de Indochina. Capa (Endre Ernö Friedmann) se mostraba risueño en la carta, escrita con una rápida caligrafía, y le contaba a su madre detalles de sus aventuras, de su llegada a Asia, de su viaje a Tokio y de lo que ocurría en Indochina, sin caer en que sería el último recuerdo al que se agarraría su madre, a la que destrozó con su muerte con apenas 40 años.

Esa carta, y muchas otras clave para entender la vida y obra del fotoperiodista más famoso del mundo, jamás ha salido a la luz. Es propiedad del ICP (Centro Internacional de Fotografía de Nueva York), creado por el hermano de Robert Capa (Cornell) y hoy dirigido por Cynthia Young. Hace años, Cornell Capa cedió a un amigo la única copia que sacó de esa y otras cuatro cartas más clave para entender la vida de Robert, sus inicios, sus pasiones, sus crisis y su final. También le entregó decenas fotografías sacadas directamente de los negativos originales. El objetivo era que ese amigo, conservador de fotografía del Museo Fuji de Tokio (Japón), montase un museo. Pero nunca pudo hacerlo. Y ese amigo, el japonés Eijiro Yoshioka se lo entregó un día al arqueólogo y escritor cordobés Fernando Penco, que junto a Juan Obrero Larrea registraron el descubrimiento de que la famosa foto de Capa, la Muerte de un miliciano, no se tomó en Cerro Muriano, sino en un paraje de Espejo.

Fernando Penco tiene hoy todo ese material inédito, jamás publicado (y que guarda en una caja de seguridad de un lugar seguro), que por deseo de Yoshioka ha regresado a la provincia en la que Capa comenzó a hacerse famoso, al lugar en el que tomó la foto (montaje, probablemente, o no) que desde entonces simboliza todas las guerras del mundo, al sitio en el que comenzó su periplo con su compañera Gerda Taro (de la que Yoshioka y Penco sostienen que pudo ser la autora material, la que le dio al clic de su cámara, de la famosa foto del miliciano).

Todas las cartas, salvo una, están escritas en folios de hoteles. Hay dos fechadas en París, una cuando el fotógrafo aún era Erne y aún no se había inventado el pseudónimo con el que comenzaron a publicar en revistas de medio mundo él y Taro, fechada en noviembre de 1935. Y otra en enero de 1939, cuando ya se había hecho un nombre en el periodismo mundial, Taro había muerto arrollada por un tanque soviético en España y él había disparado las mejores fotos de refugiados huyendo del horror, o de las Brigadas Internacionales despidiéndose de España. En la primera carta Capa reconoce a su madre su pasión por la fotografía, pero lamenta que aún no dispone de una cámara para trabajar.

También hay una misiva más de fecha indeterminada pero del año 1944 (el mismo en el que se convirtió en el único fotógrafo en el Desembarco de Normandía, aquel de sus famosas fotos “ligeramente desenfocadas”) y otra que le escribe a su hermano desde Hollywood en 1946, cuando le explica que necesita volver a “sentirse reportero”.

Fernando Penco dispone de todo ese material desde hace poco. Conoció a Yoshioka, cuando el japonés se interesó por su trabajo de campo sobre el lugar en el que se disparó la foto del Miliciano en septiembre de 1936. Yoshioka publicó, a su vez, un libro sobre Capa y Taro, en el que analizó al detalle el tipo de cámara que usaron los dos durante la Guerra Civil, para llevarle a concluir que pudo ser precisamente la mujer la que hizo la foto publicada por Life y que dio la vuelta al mundo, aunque en su estudio sostiene que el que apretó el botón fue Capa. De hecho, el japonés no cuestiona la autoría de Capa pero reconoce algo que para Penco es fundamental y clave: la foto del miliciano se tomó con con una Reflex Korelle –la cámara que, según el investigador Irme Shaber, biógrafa de Gerda, solía usar la fotógrafa entre agosto y septiembre de 1936– y no con la Leica de Capa, como se creía.

Además de los manuscritos están las fotos originales, entregadas en mano por el propio Cornell Capa a Yoshioka. Entre ellas destacan las instantáneas tomadas supuestamente antes o después de la Muerte de un miliciano, que arrojaron luz sobre el lugar exacto, erróneamente identificado durante casi 80 años como Cerro Muriano. O la última que hizo Capa en Indochina, aquella guerra a la que fue para sacar dinero con el que pagar deudas pero que le costó la vida. Y todo ese material ha vuelto a Córdoba. 80 años después de donde comenzó a empezar todo.

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